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sábado, 26 de mayo de 2012

El Gran Gatsby y The Roaring Twenties

Bueno el Gran Gatsby se acerca,otra adaptación al cine de la novela de F.Scott Fitzgerald,ahora veremos  la versión muy personal de la mano de Baz Luhrmann el director de Moulin Rouge y de la versión moderna de Romeo y Julieta, sino recuerdan esta ultima, pues bien por ustedes porque los que si tuvimos que sentarnos en el cine fue una muy mala experiencia. Pero bueno regresemos con el Great Gatsby, hasta ahora como todo trailer se mira demasiada colorida pero interesante, la novela de Fitzgerald no la he leído y a diferencia de otras adaptaciones que me hacen correr a buscar la versión en papel antes de ver la versión en celuloide con esta la dejaremos pasar, lo que si me llama la atención son el momento histórico en que esta ambientada la novela y la película, los años 20 o como dicen en ingles The Roaring Twenties, momentos de prosperidad económica en Estados Unidos por conseguir una hegemonía mundial después de la Primera Guerra Mundial, su acero, sus armas, su carbon fueron el combustible que movió los ejes de la guerra a favor de los Aliados, pero el cambio cultural que se vivió en esta época no solo fue algo exclusivo de las grandes ciudades de Estados Unidos, también Paris y Londres tuvieron su parte en el pastes de los Años Locos y por esto o me consigo un libro sobre este periodo o me quedo con lo que mire en la pelicula,

Aquí un avance, que como ya habíamos mencionado es algo colorido.

sábado, 10 de diciembre de 2011

El tesoro de la sierra Madre, los hermanos Grimm y una critica al sistema capitalista.


Hola a todos, por aquí de nuevo, en noviembre por fin termine el Tesoro de la sierra Madre, una de las novelas más importantes de B. Traven, un autor que está lleno de misterio, nunca le gusto dar entrevistas, ni escribir cartas, ni hacer presentaciones y mucho menos aparecer en público, hasta el dia de hoy no hay con certeza una fecha exacta de su nacimiento y mucho menos  de su muerte, para algunos atrevidos que han tratado de desvelar quien es el misterioso Traven solo se encontraron con mas acertijos y misterios, hay algunas teorías de lo más disparatadas que mencionan al Kaiser Guillermo como el verdadero autor de las novelas de B. Traven, también hay otras que mencionan al escritor norteamericano Ambronse Pierce quien desapareció durante la Revolución Mexicana.

Hay algunos rasgos que se logran desvelar en la obra de B.Traven por ejemplo le encantan las fabulas, su novela sobre tres miserables buscadores de oro que encuentran una mina perdida en los mapas, tiene mucha influencia de los hermanos Grimm y bien podrían ser una fabula digna de los hermanos Grimm, el oro termina siendo su perdición en vez de su salvación, las historias que cuentan los indios o el más viejo del grupo y con más experiencia en la búsqueda de oro “Howard” nunca tiene un final feliz, tienen muchas moralejas sobre la ambición, la locura y las deshumanización del hombre por volverse rico.  Que entre más tienes realmente no te das cuenta que menos tienes, uno de los personajes principales al inicio de la novela “Dobbs”, se encuentra en lo más bajo, sin un trabajo, sin un solo centavo en la bolsa, en un lugar extraño, vistiendo harapos y con mucha hambre, al final de la novela este personaje se encontrara en una posición peor, en medio del desierto, con sed, lleno de oro, paranoico, rodeado de bandidos, sin amigos y al borde de la locura. Traven nos llena de situaciones desesperantes, tengo que decir que tenía tiempo de no sentir esas mariposas en el estomago por saber cuál será el desenlace, en que terminaran la historia que cuentan los campesinos o Howard.  La novela termina siendo un tratado en contra del poder, una crítica social al sistema capitalista y al papel que ha jugado la iglesia en Mexico, el autor aprovecha cualquier ocasión para lanzar una crítica al sistema y burlase de la justicia del hombre blanco. Novela muy entretenida con mucho toques de novela negra, aventura, filosofía y un poco de Western, como siempre la novela supera la película.

sábado, 1 de octubre de 2011

El Príncipe Rojo, la vida secreta de un Archiduque de la familia Habsburgo


Hoy comenzamos Octubre con el libro del historiador Timothy Snyder El Príncipe Rojo, la vida secreta de un Archiduque de la familia Habsburgo”, es sobre la vida del rebelde archiduque Wilhelm Von Habsburgo,(Creo que el equivalente seria Guillermo de Habsburgo en español), comandaría tropas Ucranianas durante la Primera Guerra Mundial y al caer el Imperio Ruso en manos de los Bolcheviques, lucharía por que los campesino mantuvieran sus tierras y pelearía por la independencia de Ucrania, serviría de espía en contra de la Unión Soviética con la promesa de conseguir la independencia de Ucrania, pero por demostrar su interés por los campesinos y los humildes le darían el nombre del Príncipe Rojo. Cuando leí por primera vez el nombre de Rojo me lo imagine algo comunista pero el Príncipe le gustaba coquetear con todo aquel que le ayudara a conseguir un Reino. Este príncipe rojo era algo fuera de lo común, lo podías ver con uniforme austriaco, con toda la regalía de un archiduque de la familia Habsburgo, o con un simple abrigo durante su exilio en Paris, o llevando el collar de la insigne Orden del Toison de Oro pero también era común verlo con un vestido porque el Príncipe Rojo podía manejar muy bien un sable, una pistola y un palo de golf pero atendía a las mujeres solo por necesidad pero a los hombres por placer. El Príncipe Rojo tenía un hermano que había sido criado para gobernar Polonia y acabar con el yugo del Imperio Ruso, pero igual que su hermano nunca lograría su objetivo.

Timothy Snyder nos aclara desde el principio que los sueños de independencia del Príncipe Rojo nunca llegarían a realizarse, estos sueño independentistas de un monárquico hasta el tuétano se daría de golpe contra dos muros del absolutismo, los Nazis y el estalinismo, su familia fue despojada de todos su bienes por la Gestapo, cuando invadieron Polonia, como no quería aceptar que por su sangre corría sangre Alemana fueron torturados y encarcelados pero cuando se fueron los Nazis llegaron los Soviéticos, que al reclamarles sus bienes le dijeron que como tenían descendencia alemana no podían tener bienes, los que los nazis les quitaron los Soviéticos se lo quedarían.

Aunque el tema central del libro suena como si fuera solo la familia, es también un libro sobre los grandes cambios que vivió Europa a principios del siglo XX, pero por lo poco que he leído en las primeras páginas los cambios los vemos desde los ojos de la centenaria familia Habsburgo, una familia que vio caer el sacro Imperio Romano, una familia católica que aguanto la envestida de la Reforma Luterana, los aires liberales de la Revolución Francesa y las guerras Napoleónicas pero no aguantarían los grandes cambios que se fraguaron durante el principio del siglo pasado. Los que disfruten de las desgracias y ineficacias en la historia estoy seguro que disfrutaran este libro, claro hasta ahora no voy ni por la mitad pero no me pude aguantar hacer algunos comentarios sobre lo entretenido del libro y la trágica manera en que se desenvuelve la historia del archiduque y su familia.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Eva y Adolf, nuevo libro sobre la amante del Dictador




¿Quién era realmente la mujer de 33 años que se suicido junto al dictador Aleman Adolf Hitler en su bunker? ¿Porque esta mujer procedente de Baviera sellaría su destino al de Hitler? Era esta una relación meramente platónica, Realmente era una chica Ingenua, apolítica, loca o simplemente una cazadora de fortuna como sería retratada por la historia. ¿Porque sabemos tan poco de ella?. Todas estas pregunta no las he planteado yo, son parte de algunos dardos que lanza el historiador Richard J. Evans en una reseña al nuevo libro sobre la amante de Hitler, Evan Braun, la nueva biografía por fin fue traducida del alemán al ingles y se publica este octubre con el título de “Eva Braun: Life with Hitler de Heike B. Görtemaker”. La reseña complete la pueden leer en Adolf & Eva by Richard J. Evans para The National Interest
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IN THE small hours of the morning of April 29, 1945, as the Red Army’s guns and tanks could be heard bombarding the center of Berlin, a curious event took place in Hitler’s bunker deep under the garden of the old Reich Chancellery. Witnessed by Reich propaganda minister Joseph Goebbels and the head of the Nazi Party Chancellery Martin Bormann, a local Berlin official formally conducted a ceremony of civil marriage between the German dictator Adolf Hitler and a thirty-three-year-old Bavarian woman, Eva Braun, some twenty-three years his junior. After the ceremony was over, the party was joined in Hitler’s living room by a small group of secretaries and leading Nazis for a glass of sparkling wine and, as one of those present later wrote, reminiscing “happily about the old days.”

It was a marriage solemnized in the shadow of death. Shortly before, Hitler had dictated his “political testament” to one of the secretaries in the bunker. In it he declared that since his life was now almost over, he had decided “to take as my wife the woman who, after many long years of loyal friendship, came to the already besieged city. . . . It is my wish that she go with me into death as my wife.” On the afternoon of April 30, the pair retired into Hitler’s private quarters, where Eva Hitler, as she now was, sat down on a sofa. She bit a cyanide capsule and died instantly. Hitler, wanting to make doubly certain of his own death, did the same, while simultaneously firing a bullet through his right temple. Upon hearing the noise, some of the others present in the bunker entered the room and organized the removal of the bodies to the garden, where, acting on instructions, they poured petrol over them and burned them until they were unrecognizable. The still-functioning Nazi propaganda machine issued a statement claiming Hitler had died fighting to the end. No mention was made of his new wife. She died as she had lived, invisible to all but a handful of the Führer’s intimates.
Who was Eva Braun? Why did she link her fate so inextricably to that of the German dictator? Why was her existence kept so secret for so long? Was she just a simple, apolitical, naive young woman captivated by Hitler’s charisma? Was her relationship with the dictator merely platonic? In this new book, the first serious, scholarly biography of the girl who after her death became one of the world’s best-known women, the historian Heike Görtemaker sifts thoroughly and cautiously through the available documentation to try and find an answer to these perplexing human questions.

HISTORIANS HAVE long been aware that Hitler relied on a small band of intimate friends and acquaintances to do things for him. Far from being professionally run, the Third Reich was governed by amateurs and outsiders. The role of his personal photographer, Heinrich Hoffmann, in this little coterie has, however, as Görtemaker shows, been insufficiently appreciated. Hoffmann was a Nazi almost from the very beginning, meeting Hitler before the Beer Hall Putsch in 1923 and allaying the Nazi leader’s anxieties about being photographed in unflattering situations by capturing his image in the most appealing possible way. Hoffmann’s work ensured Hitler’s picture was all over the media by the late 1920s. His photographs were always the best. He accompanied the Nazi leader virtually everywhere. Hoffmann’s home provided Hitler with something like an ersatz family retreat. These services earned him Hitler’s trust and later on brought him a large income and a good deal of power in the cultural world, including the selection of his paintings for the Great German Art Exhibition of 1937, the showcase for Nazi art. Relatively early in his career, Hoffmann was able to expand his business and hire new staff. One of these new employees was the young Eva Braun.
Born on February 6, 1912, Eva was the second of three daughters of a lower-middle-class couple, Friedrich and Franziska Braun. Their marriage was neither happy nor stable. Indeed, in 1921 they had divorced, only to remarry just over eighteen months later, as rampant inflation was beginning to destroy the incomes of so many people like themselves: three children were cheaper to support in one household than in two. After the economy stabilized in the mid-1920s, the family, helped by an inheritance, recovered sufficiently to move into a large house, employ a servant and buy a car. But the situation at home remained tense, so much so that Eva spent most of her time living with the family of a friend, whose parents she ended up calling mother and father. After a period in boarding school, she answered an advertisement placed in a local newspaper by Heinrich Hoffmann and in September 1929 joined his rapidly growing staff.


miércoles, 7 de abril de 2010

Reconquistar el territorio perdido


Tremenda Noticia, la editorial RBA sigue las publicaciones de los libros de la historiadora norteamericana Barbara Tuchman, ahora le toca al Telegrama Zimmermman(Fecha de publicación 22/04/2010), una historia muy completa de espías, guerra, tramas políticas, testarudez (de parte de Carranza) y muchas historias interesantes. Se me paran los pelos solo pensar en que hubiera pasado si los mexicanos se hubieran unido a los ejércitos del Kaiser en contra de Estados Unidos, la historia hubiera sido diferente.Tuchmann gano dos veces el Premio Pulitzer en la categoría de ensayos y obras de divulgación por sus libros Los cañones de agosto: treinta y un días de 1914 que cambiaron la faz del mundo y Stilwell and the American Experience in China(sin traduccion)



En enero de 1917 la Primera Guerra Mundial estaba en un trágico punto muerto. Los ingleses sabían que Europa sólo se salvaría si los Estados Unidos intervenían. Pero el presidente Wilson se aferraba a su neutralidad y a sus esfuerzos por mediar en la negociación de la paz. Y entonces, de pronto, el instrumento para empujar a los norteamericanos a entrar en la guerra llegó a una tranquila oficina inglesa. Uno de los miles de mensajes interceptados por el equipo de descodificadores británico era un telegrama en clave de Arthur Zimmermann, secretario de Asuntos Exteriores alemán. Un documento de alto secreto en el que se invitaba al presidente de México a unirse a Alemania y Japón en la invasión de los Estados Unidos. La recompensa
para México: recuperar los territorios de Texas, Nuevo México y Arizona. El plan estratégico del mando alemán: mantener a Estados Unidos ocupados en una guerra en su propia casa, al otro lado del Atlántico, lejos del escenario europeo. Y los británicos tenían que pasar esa valiosa información a Estados Unidos, sin revelar que habían sido capaces de descifrar los códigos secretos alemanes, para lo cual debieron utilizar todas las argucias del espionaje y la diplomacia. La ganadora del Premio Pulitzer Barbara Tuchman desvela en esta apasionante historia de espías, la verdadera historia de cómo los Estados Unidos entraron en la Primera Guerra Mundial y cómo un telegrama cambió el curso de la historia





Aqui la traduccion del famoso telegrama tomada de Wikipedia;

Nos proponemos comenzar el primero de febrero la guerra submarina, sin restricción. No obstante, nos esforzaremos para mantener la neutralidad de los Estados Unidos de América.
En caso de no tener éxito, proponemos a México una alianza sobre las siguientes bases: hacer juntos la guerra, declarar juntos la paz; aportaremos abundante ayuda financiera; y el entendimiento por nuestra parte de que México ha de reconquistar el territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona. Los detalles del acuerdo quedan a su discreción [de Von Eckardt].
Queda usted encargado de informar al presidente [de México] de todo lo antedicho, de la forma más secreta posible, tan pronto como el estallido de la guerra con los Estados Unidos de América sea un hecho seguro. Debe además sugerirle que tome la iniciativa de invitar a Japón a adherirse de forma inmediata a este plan, ofreciéndose al mismo tiempo como mediador entre Japón y nosotros.
Haga notar al Presidente que el uso despiadado de nuestros submarinos ya hace previsible que Inglaterra se vea obligada a pedir la paz en los próximos meses.

martes, 13 de octubre de 2009

Himmler de Longerich

Si quieren leer sobre la historia del siglo XX, ninguna biblioteca puede estar completa sin una buena biografía de Hitler, todavía causa polémica el tema de los orígenes de la segunda guerra mundial y la subida al poder del tercer Riech. Para muestra de lo poco que han sanado las heridas causadas por el líder del Riech podemos apreciar la conmemoración del 70 aniversario de la SGM, no estuvo exenta de controversia, Los rusos-negacionistas, Los franceses-celebraron aparte, Los polacos todavía pidiendo una revisión del conflicto y en espera de un perdón claro y directo de sus vecinos, sumémosles las declaraciones de David Irving para una entrevista en el mundo.es, donde afirma que el verdadero culpable del holocausto es el líder de la SS, Himmler, según Irving, Himmler oculto los planes de exterminio en los campos de concentración. Estoy leyendo en estos momentos la biografía de Hitler por John Toland, y permítanme apuntar que en varios discursos menciona claramente su odio a los judíos y la necesidad de acabar con la amenaza judía, todavía no he podido leer los libros de Ian Kershaw pero hasta ahora está muy claro que Hitler también estaba al tanto de los exterminios, nunca está mal un poco de revisionismo histórico pero siempre que lleve a un punto claro, lo interesante al final es que el tema nunca está cerrado por completo. Regresando al tema de los libros biográficos, la editorial RBA publicara en Noviembre la biografia de Himmler, si hay personajes en la historia que tiene sus luces como sus sombras, Himmler se mantiene entre los más oscuros, y no me refiero a que no hay mucha bibliografía sino que era un tipo nefasto, leer el libro de Peter Longerich parece una biografía muy completa, hasta ahora solo en alemán, es notable es esfuerzo de RBA por traer una biografía de uno de los personajes que participaron en el cambio de la historia del siglo XX. Les dejo un artículo de Tercera sobre el libro de Longerich sobre Himmler.
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Lanzan más completa biografía de Heinrich Himmler.
El jefe de las temidas SS, Heinrich Himmler fue uno de los más emblemáticos jerarcas nazis y que encarna además todo el horror del Holocausto y de los impulsos asesinos de la Alemania de Adolf Hitler. Eso hace sorprendente que sólo ahora aparezca una biografía exhaustiva del siniestro personaje.
Heinrich Himmler. Biographie, es el título lacónico de la obra monumental que el historiador Peter Longerich acaba de publicar en la editorial Siedler y en la que logra dar una mirada profunda a la psicología interna de uno de los protagonistas claves de la barbarie nazi.
A Longerich le vino bien el hecho de que, para documentar la vida y el pensamiento de Himmler, existe mucho material de primera mano, como un diario que empezó a llevar desde que era niño, listas de lecturas comentadas y una abundante correspodencia.
La conclusión central de Longerich es que probablemente Himmler fue el más radical de los nazis y el que más poder, después de Hitler, llegó a tener en su mano durante los años del III Reich.
Himmler, nacido en 1900, era un hombre de 1,74 metros de estatura demasiado poco para alguien que soñaba con el ideal del superhombre ario y que además era débil y enfermo. Frente a sus limitaciones, cultivó, al menos desde los años 20, la utopía de un mundo perfecto, dominado por los germanos.
Para alcanzar ese mundo había que liquidar, según Himmler, a judíos, eslavos, homosexuales, discapacitados y asociales, mientras el cristianismo que consideraba como "la peste más grande que se había generado en la historia" debía ser reemplazado por una religión germana, basada en los viejos mitos.
Como muchos de su generación, rechazaba tanto el imperio guillermino al que no le perdonaba haber perdido la Primera Guerra Mundial como la República de Weimar y anhelaba un conflicto bélico.
Mientras tanto, Himmler intenta estudiar economía agraria la sociedad ideal debía ser agrícola pero la devaluación y la hiperinflación de los años 20 en Alemania hace que la fortuna de su familia se desintegre y eso le obliga a dejar sus estudios.
Himmler tiene que trabajar. Después de su matrimonio en 1928 y del nacimiento de su primera hija, trata de aumentar sus ingresos como granjero avícola, pero sin éxito digno de mención. Sus problemas económicos sólo terminan en 1930, cuando logra un escaño en el Reichtag como uno de los representantes del Partido Nazi.
Antes, a sus lecturas antisemitas había agregado algunas de parapsicología y espiritismo como parte de su proyecto para crear una nueva religión germánica.
Su carrera en el partido empieza a mediados de los años 20 y en 1924 hace en sus anotaciones su primera referencia a Hitler, al que consideraba un hombre extraordinario. En 1926 es nombrado jefe de propaganda para toda Alemania.
Dos años más tarde asume la jefatura de las SS, una fuerza de choque del partido, que en principio estaba subordinada a la S.A de Ernst Röhm y que contaba apenas con 280 hombres. En 1933, cuando los nazis llegaron al poder, Himmler había logrado aumentar a 50.000 el número de miembros de la SS que en el curso de los trece años de régimen nazi llegarían a ser medio millón.
Himmler, sin tener la eficacia populista de Joseph Göbbels o de Hermann Göring, se convirtió, sin embargo, por su apasionamiento y eficacia, en el hombre clave de Hitler.
Poco a poco, fue desplazando a sus rivales Ernst Röhm fue incluso asesinado posiblemente por intriga suya y sus hombres se convirtieron en el símbolo del terror y la muerte.
Logró que los campos de concentración se pusieran bajo su mando y fue el ejecutor principal y en algunos casos también el autor intelectual de los planes para el exterminio total de los judíos.
Tras la invasión de Polonia en 1939 y el ataque a la Unión Soviética en 1941, inicialmente las órdenes eran asesinar sólo a los varones judíos. Himmler consideró, sin embargo, que no se justificaba dejar vivas a las mujeres ni mucho menos a los niños que en el futuro podían convertirse en vengadores.
Al parecer, hubo momentos en que Hitler tuvo que frenar el ímpetu asesino de Himmler pues necesitaba todavía a parte de las víctimas potenciales como mano de obra.
Cuando llegó el fin de la guerra, y Himmler y sus esbirros habían eliminado a 6 de los 30 millones de personas que tenían proyectado asesinar, el jefe de las SS no entendió que su carrera había terminado y creyó que podía llegar a un acuerdo con los aliados para convertir a la Unión Soviética.
El 23 de mayo de 1945 Himmler se suicidó, siendo prisionero del ejército británico.



miércoles, 2 de septiembre de 2009

Adolf Hitler, el 'hombre desesperado' y una entrevista con David Solar

Cuando el armisticio de 1918 entre los Aliados y la República Alemana, Adolf Hitler yacía herido y medio ciego en un hospital de Pomerania. Había sido un cabo valeroso en las trincheras de la Primera Guerra Mundial y recibía un tratamiento médico para soldados gaseados. Después de conocer la derrota, escribió: "La noche cayó ante mis ojos y, a tientas, a tropezones, regresé al dormitorio y hundí mi cabeza ardiente bajo la manta y la almohada".

El historiador David Solar, que ya ha escrito una biografía del personaje, presenta ahora '1939. La venganza de Hitler' (La esfera de los libros). Solar dice de él que era un "hombre desesperado". El libro trata de vivificar los primeros pasos hacia la culminación de esa desesperación, inyectada a todo el mundo con las maneras histriónicas del nazismo, de la guerra.
Aparte del aniversario, y de la oportunidad de las fechas, al autor trae a colación un pánico muy concreto del año 39. En primer lugar, es el año de un pulso moral. Hitler era la boa que, en palabras de Churchill, hacía la digestión de territorios. La inquietud era una red eléctrica internacional que sacudía todas las embajadas. "En Europa no hay respeto, sólo hay miedo", dijo Hitler como intuyendo algo.


Se había comido Austria, los Sudetes, después los protectorados de Eslovaquia, Bohemia-Moravia. El Führer miraba hacia Danzig como otro pedazo que cobrarse del agravio de Versalles, origen y larva de la venganza del hombre desesperado. Leitmotiv también del cuadro nervioso que nos pinta ahora Solar, que tiene la virtud de contar lo pasado como si fuera de ahora, como si fuese inminente.

Pero, nos recuerda el autor, Hitler estaba "aterrado ante la posibilidad de dos frentes. Y se lo hubiese pensado mucho si no hubiese contado con el pacto con la URSS". El Pacto Ribbentrop-Molotov, del 23 de agosto de ese año dio vía libre. Durante los primeros 3 días de septiembr, la Wermacht avanzó su guerra relámpago hasta el corredor de Danzig. El 17 la URSS embistió a los polacos desde Oriente.

El ejército alemán no confiaba en su gloria hasta que se arrasó a la atrasada caballería polaca. Con las declaraciones de guerra desde Londres y París, la bravata se hacía más seria. Solar cuenta como los generales no estaban tan seguros de las escala que adquiría el duelo. Von Brauchitsch y Franz Halder, jefes de la Wermacht y del Estado Mayor respectivamente, pretendieron retrasar la operación de Francia (el 'Plan Amarillo') y fueron ninguneados. Justamente esa fue la maniobra alemana más brillante de la guerra, según Solar, y Hitler, el cabo de la guerra del 14, alcanzaría su Olimpo.

Pero su venganza se extendía a todos los que propiciaron la derrota aquella, los traidores internos. No era sólo Francia, eran, como es sabido, los comunistas y los judíos (aunque se puede ser ambas cosas simultáneamente). "A Hitler no le dejó ninguna novia judía, no le arruinó ningún negociante judío", explica el historiador. Aquella fijación tenía un punto de gratuito, pero según opina, el antisemitismo fue una fiebre suya que fue afilando crecientemente según apreciaba el éxito popular que tenía.

El preludio español

Además David Solar hace un puente en su libro, y cuenta el papel del Tercer Reich en la sangría de España, que iba a dar el relevo a todo el resto. Frente a eso que se habla de ensayo militar de la Segunda Guerra Mundial en la península, Solar le concede de una minúscula relevancia internacional.

"Los alemanes no aprendieron nada aquí", explica. El bombardeo de Guernica, tan famoso, que dejó un centenar y pico de muertos, no fue un antes y un después en semejante técnica de matar. El autor considera que, por ejemplo, los bombardeos y gaseos que el ejército británico precipitaba sobre los kurdos desde 1922, ya habían explorado estos cauces mortíferos del cielo en llamas. Madrid y Barcelona, a su lado, fueron mucho más maltratadas. Y no hay punto de comparación con pulverizaciones de decenas de miles de muertos como la de Varsovia, y luego Dresde y Hamburgo. Por su parte, aparte de técnicas de represión, los soviéticos no aportaron demasiado. Ni los italianos.

Empezaban las tempestades de acero y la guerra blindada poco tenía que aprender de nuestro zafarrancho. Hitler en 1939 pasaba de los miedos a la certeza de algo que, felizmente, al final no iba a resultar. Era el año del inicio de la guerra submarina y del camino a la dominación mundial, el año que abría un proyecto desesperado y desproporcionado, largamente larvado, desde aquel hospital de soldados de Pomerania. Algo que pensaría bajo la almohada. Es complicado que la ficción pueda proponer una historia más apasionante.

'1939. La venganza de Hitler', David Solar. La Esfera de los Libros. 29 euros.


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Ademas incluimos una entrevista corta para El Cultura.es

Los países democráticos pudieron parar a Hitler muchas veces.

El historiador y ex director de La aventura de la Historia presenta hoy su libro "1939. La venganza de Hitler"Daniel Arjona Setenta años después de la invasión nazi de Polonia, David Solar presenta hoy 1939. La venganza de Hitler (La Esfera de los Libros), el trepidante relato de cómo la derrota de Alemania en la Gran Guerra y las humillantes reparaciones que se le impusieron en Versalles hicieron mella en un joven pintor fracasado que rumió incesablemente su venganza hasta que, 20 años después, despeñó al planeta por el más devastador conflicto conocido, la II Guerra Mundial. David Solar, periodista e historiador, director hasta su reciente jubilación de la revista La Aventura de la Historia, la más vendida de nuestro país en su género, continúa aquí con sus estudios centrados en la guerra entre los Aliados y el Eje a la que ya dedicó obras como Un mundo en ruinas, La caída de los dioses y El último día de Adolf Hitler.

PREGUNTA.- ¿Fue la obsesión de Hitler la principal desencadenante de la Guerra? RESPUESTA.- Yo así lo creo y la documentación no deja lugar a dudas. Hitler no trató sólo de recuperar las pérdidas alemanas tras la Gran Guerra. él quería mucho más, lo quería todo, el lebensraum del que habla en Mein Kapf y, sobre todo, la venganza.

P.- ¿Cuánta culpa tienen los gobiernos democráticos europeos por no haberle parado los pies a Hitler cuando todavía estaban a tiempo? R.- Los países democráticos pudieron haberle parado los pies muchas veces. Remilitarizando Renania, por ejemplo. O plantando cara al Anschluss (la anexión de Austria por Alemania en la primavera de 1938). O en Múnich si hubieran apoyado a Checoslovaquia, tal vez los nazis no se hubieran atrevido con las buenísimas fortificaciones checas y sus fábricas de armamento. Pero no lo hicieron. Por el miedo cerval que sentían ante Hitler y por pensar que ya se habían quedado atrás en la carrera de armamento, que habían perdido el tiempo. Y era cierto.

P.- En 1939 concluye también la Guerra Civil Española con la victoria franquista. ¿Es ésta, como se ha dicho, un ensayo de la II Guerra Mundial? R.- No tiene nada que ver. La Guerra Civil Española fue una guerra de pobres. Aquí no se ensayaron guerras de tanques, por ejemplo, siempre actuaron aisladamente y los franquistas no llegaron a tener más de un centenar de ellos. Fue una guerra miserable y de muy pocos medios. En 1940, como mucho 200.000 de los hombres que luchaban en Europa habían tenido algo que ver con la Guerra Civil. Y en aquellos momentos las fuerzas en combate sumaban más de 4.000.000 de hombres.

P.- Una de las causas principales que llevaron al auge del nazismo y a la Guerra fue la gran depresión de los años 30. ¿Podría propiciar la crisis actual el surgimiento de soluciones autoritarias? R.- No, el mundo es tan distinto que cualquier comparación es inimaginable. Las potencias de entonces iban cada una por su lado. EE.UU. aislada, Francia e Inglaterra entonando el "sálvese quién pueda", Alemania, con seis millones de parados entregándole sus destinos a Hitler... Hoy, lo cierto es que los países del mundo desarrollado buscan soluciones colectivas, mantienen numerosas reuniones y persiguen constantemente el acuerdo.

lunes, 31 de agosto de 2009

Entrevista a Ian Kershaw sobre Hitler

'Cuando estaba vivo, lo divinizaron, apenas murió le culparon de todo'

Pregunta. ¿Hubiera habido Holocausto sin Hitler?
Respuesta. No. Sin él no habrían existido ni el Holocausto, ni las SS, ni una guerra de conquista en Europa a finales de los años 30. Hitler fue absolutamente decisivo, esencial e irremplazable. Lo que no quiere decir que Hitler tomara todas las decisiones. La gente trabajaba "en la dirección del Führer". Es decir, anticipaba sus opiniones y actuaba en consecuencia. Pero cada encrucijada importante siempre requirió su autorización.
P. Y sin Hitler, ¿Alemania habría ido a la guerra?
R. Quizá. Pero la guerra habría tenido unas dimensiones mucho más limitadas. En 1939 muchos dirigentes nazis abominaban de la intención de Hitler de iniciar una guerra contra las democracias occidentales. Conviene recordar que Francia tenía entonces el mayor Ejército del mundo y el Reino Unido no era sólo esta isla: tenía detrás el Imperio Británico y el probable respaldo de EEUU. Los generales de Hitler creían que Alemania perdería una guerra así, aunque creyeron que el peligro había pasado después de la invasión de Checoslovaquia. "Si no lucharon por Praga", pensaron, "¿por qué iban a luchar por Danzig?".
P. Pero Hitler fue sobre todo un jugador que fue sobreviviendo gracias a numerosos golpes de suerte.
R. Desde luego. Desconfiando del resultado de la guerra, Hermann Goering le dijo en 1939: "Mi Führer, ¿debemos apostarlo todo?". Y él le respondió: "Usted sabe, Goering, que me he pasado la vida apostándolo todo". He aquí la respuesta de un hombre adicto al juego. Pero la guerra era una apuesta colosal y él era consciente de ello. Estaba en juego la existencia misma de Alemania. Tenía que vencer a todas las potencias del mundo y vencerlas cuanto antes. No podía decir: invadimos esto y luego esperamos. Tenía que ser una carrera rápida.
P. Pero en el caso de Rusia la apuesta le salió mal. Pensó que todo sería más fácil.
R. No sólo él. Todo el mundo lo pensaba. Stalin había purgado a toda su cúpula militar en 1938, el Ejército Rojo había obtenido una victoria pírrica en 1940 ante el débil Ejército finlandés y los aliados creyeron que Alemania ganaría una guerra contra la URSS en cuestión de semanas. Y, sin embargo, no sobrevivió a la derrota de Stalingrado.
P. Usted dice en su libro que Hitler fue el político más popular de la Historia.
R. Es una afirmación difícil de probar porque no hubo elecciones ni sondeos en Alemania después de 1933. Aun así, un tercio de los alemanes votaron por Hitler entonces. Una proporción estimable en el contexto de la atomizada República de Weimar. Fue luego, sin embargo, cuando se extendió la popularidad de Hitler gracias a un aparato de propaganda formidable que divinizaba la figura del líder supremo.
P. ¿Había algo en Alemania que la hiciera más vulnerable que otros países a un tipo como Hitler?
R. Quizá la idea alemana del liderazgo carismático que enlazaba en lo religioso con Lutero y en lo político con Bismarck. El culto a Bismarck fue una premisa muy importante para que floreciera el culto a Hitler. En el periodo imperial y en la República de Weimar hubo mucha gente que empezó a venerarle como el padre del Imperio. Una personalidad por encima de los intereses particulares. Un ser superior.
P. Pero para elevar a Hitler a la altura de Bismarck era necesario conferirle un aura de respetabilidad que no tenía. ¿Qué papel desempeñó el entonces presidente de la República, Paul von Hindenburg?
R. Un papel muy importante. Al fin y al cabo, Hindenburg era el héroe de la batalla de Tannenberg y Hitler era tan sólo el líder de un partido que ni siquiera tenía el respaldo de la mayoría de los votos. La cercanía de Hindenburg la explotaron los nazis en 1934 en un acto coreografiado al milímetro por Goebbels y celebrado en la ciudad de Potsdam, símbolo por excelencia del poder prusiano. Allí se produjo el encuentro entre el viejo prócer y la nueva Alemania, simbolizada en aquel canciller respetuoso y enérgico, enfundado en un traje oscuro y elegante. Aquel día hubo muchas personas que no eran nazis ni admiradores de Hitler que se decidieron a apoyarle escuchando la retransmisión de Goebbels.
P. ¿Y ese halo de respetabilidad no sufrió ningún rasguño en 1934 al aniquilar Hitler a Ernst Röhm y a las SA en la masacre de la Noche de los cuchillos largos?
R. Pues es curioso, porque cuando Hitler se deshace de las SA, la gente no lo percibe como una masacre sino como un acto de razón de Estado. Como el sacrificio de un hombre responsable que antepone los intereses de Alemania a los del partido y es capaz de desprenderse de los elementos más despiadados de sus filas.
P. Por aquella época, el político conservador alemán Franz von Papen dijo aquello de que habían "alquilado" a Hitler. ¿Hasta qué punto subestimó al personaje la derecha democrática alemana?
R. Creyeron que podían controlarlo y se les fue de las manos. Los conservadores eran suficientemente poderosos para destruir la República de Weimar, pero no para reemplazarla por el régimen que querían. Y de alguna manera no podían prescindir de un movimiento de masas como el nazismo. Por eso tuvieron que incorporarlo al Gobierno y al final elevarlo a la Cancillería. Fue entonces cuando Franz von Papen dijo: "No os preocupéis. Lo hemos alquilado". Subestimando, por supuesto, lo que se avecinaba.
P. ¿Por qué lo hizo?
R. Ellos miraban a Italia y se daban cuenta de que Mussolini había reinstaurado el orden y unas condiciones buenas para la industria italiana. Y pensaron que Hitler perdería su lado salvaje y se convertiría en un tipo más manejable. Por supuesto, no se dieron cuenta de que la autoridad de Hitler en 1933 era mucho más fuerte de lo que ellos creían.
P. ¿Cómo reaccionaron las iglesias?
R. Habría que distinguir entre protestantes y católicos. Los protestantes no eran una Iglesia unitaria pero muchos saludaron la llegada de Hitler como el renacimiento de una nueva fe en Alemania. En la Iglesia Católica en cambio hubo muchos titubeos. Veían en el Partido Nazi un movimiento ateo y una amenaza a la cristiandad y los obispos aconsejaron a sus feligreses que no lo votaran. Pero cuando Hitler prometió que mantendría las escuelas católicas, la Iglesia Católica transigió y animó a sus fieles a respaldarlo. Y el cardenal de Múnich, que visitó al Führer en su residencia alpina, anotó luego en su diario privado: "Este hombre cree en Dios". ¡Incluso él fue persuadido de que Hitler era un hombre bueno!
P. Quizá porque Hitler era un camaleón, capaz de adaptarse a su interlocutor y seducirle en las distancias cortas...
R. Lo era. Y era también un tipo muy persuasivo. En el trato personal parecía un hombre mucho más moderado que en público. Era un gran actor capaz de cambiar mil veces de imagen.
P. En ocasiones da la impresión de que para los alemanes Hitler es una cabeza de turco en la que colgar sus propios pecados.
R. Ha habido algo de eso, sí. Cuando estaba vivo, los alemanes lo divinizaron. Apenas murió, le echaron la culpa de todo. De todas formas, hoy todo es un poco distinto, porque sabemos que todos los segmentos de la sociedad alemana fueron cómplices de los crímenes del régimen.
P. Pero hubo oficiales de las SS que nunca fueron juzgados. ¿Debió celebrarse una versión extendida del Proceso de Nuremberg?
R. No es una discusión resuelta. Humanamente, se debió perseguir a los criminales. Políticamente, todo era más complicado y Konrad Adenauer decidió mirar al futuro y cooperar con tipos que tenían un pasado muy oscuro. A Alemania le costó mucho procesar a sus criminales y, cuando lo hizo, éstos recibieron sentencias muy leves que casi siempre se conmutaron o no se cumplieron. Esto es tremendamente injusto, pero es difícil saber si la creación de una democracia estable en Alemania hubiera sido más fácil o más difícil actuando de cualquier otra manera.
P. ¿Cómo era Hitler en su vida íntima?
R. Era un gran lector y un autodidacta y tenía muy buena memoria y una mente muy acerada. Apenas llegó a la jefatura del partido, su vida íntima se subsumió muy pronto en su vida pública. Hitler ni siquiera tenía la vida íntima que lleva hoy un primer ministro. ¿Cómo iba a tener una vida íntima un semidiós? Por supuesto, iba al Festival de Bayreuth por un interés genuino en Wagner y veía muchas películas. A veces muchas veces la misma película. Era una vida íntima tremendamente banal. Incluso en una cena todo el mundo esperaba que cada vez que hablaba hiciera una declaración ex cátedra. Hitler era un hombre sin amigos.
P. ¿Ni siquiera Albert Speer o Joseph Goebbels?
R. Ni siquiera. Ellos le llamaban «mein Führer» y él siempre les trataba de usted. No había ninguna intimidad con nadie.
P. ¿Y con Eva Braun?
R. Si hubo sexo o no, nunca podremos saberlo. Una vez entrevisté a uno de los administradores de la residencia alpina de Hitler y me dijo que su esposa había inspeccionado las sábanas una mañana y no había en ellas ningún resto de semen. Un tipo bastante extraño (risas). Quién sabe. Los dos tenían una relación muy próxima. Ella quiso volver a Berlín para morir con él y Hitler quiso casarse con ella antes de quitarse la vida. Aunque también hay quien dice que la despreciaba en público.
P. ¿Hitler era misógino?
R. Lo era aunque le encantaba rodearse de jovencitas.
P. ¿Y homosexual?
R. Estas cosas son por definición imposibles de probar pero sí hay una especie de entorno homoerótico alrededor de Hitler. Pero no creo que tengamos pruebas suficientes para decir que Hitler era gay. En mi opinión, Hitler era una persona sexualmente neutral. Indiferente a los hombres y a las mujeres. Pero esto es puro elucubrar.
P. ¿Cómo descubrió su vocación política?
R. Fue el Ejército el que lo empujó a la política. El Ejército y el ambiente de agitación que se vivía en Múnich, que por entonces estuvo inmerso en una revolución soviética.
P. ¿Y hubiera ocurrido sin el tono hipnótico de su voz?
R. No. Hitler tenía una habilidad extraordinaria para amplificar el enfado, el resentimiento y los problemas de la audiencia y convertirlos en un discurso movilizador. Y luego está el hecho de que se creía lo que decía. Era a la vez un propagandista y un ideólogo. Debió de ser algo electrizante verle en sus primeros años hablando en aquel ambiente y con esa pasión. Porque en aquellas cervecerías de Múnich Hitler hablaba para gente que no estaba convencida. Había socialistas y comunistas entre la audiencia y gente que pensaba que era un lunático. Pero poco a poco su voz se convirtió en algo indispensable para el primitivo Partido Nazi. No podían vivir sin él. Era su gran estrella.
P. Pero al principio él se veía a sí mismo como el tamborilero que anunciaba la llegada del líder...
R. Sí. Pero eso empieza a cambiar a principios de los años 20. Justo antes del golpe de 1923 en Múnich. Y lo cambia del todo la experiencia en la cárcel: las miles de cartas que recibe diciendo lo maravilloso que es. Empieza a creerse que él es el héroe al que espera Alemania. Y después de la cárcel reconstruye el Partido Nazi, pero de una manera distinta. Antes era uno más. Ahora todos deben jurarle lealtad a él.
P. Al final, en los días del búnker, ¿hubo alguien en el que confiara?
R. Quizá en Borrman y en Goebbels. Y ninguno de los dos le traicionó. Es cierto que Borrman no quiso morir en el búnker y que Goebbels intentó una capitulación de Berlín. Pero los dos estuvieron con él hasta el final. Otros no hicieron lo mismo.
P. ¿Por qué Hitler ejerce una fascinación mayor que dictadores igual de mortíferos que él como Mao o Stalin?
R. Quizá porque el 90% de las víctimas de Hitler no eran alemanes. En los casos de Stalin y Mao eran soviéticos o chinos. Hitler desencadenó una guerra mundial y un genocidio sin precedentes. Antes había habido genocidios, pero ninguno de esa magnitud. En ese sentido, Hitler fue un fenómeno mundial que logró cambiar la Historia. No quiero con esto menospreciar los horrores de Mao o de Stalin, pero éstos estuvieron más confinados a su territorio. Y luego también está el hecho de que Hitler llegara al poder en una democracia liberal. En una sociedad como en la que nosotros vivimos. El siglo XX fue en cierto modo el siglo de Hitler. Pero vino y se fue. Y gracias a Dios nunca volverá a haber otro igual que él.

Entrevista a Ian Kershaw sobre Hitler,Eduardo Suárez Manchester