sábado, 26 de mayo de 2012
El Gran Gatsby y The Roaring Twenties
Aquí un avance, que como ya habíamos mencionado es algo colorido.
sábado, 1 de octubre de 2011
El Príncipe Rojo, la vida secreta de un Archiduque de la familia Habsburgo
miércoles, 20 de abril de 2011
Una guerra muy literaria.

Hablando con unos amigos sobre si la Primera Guerra Mundial fue una de la guerras mas Literarias, me encontré con una buena cantidad de poemas muy bellos que explican muy bien el sentimiento de la post guerra y sus efectos, el primer poema es de Philip Larkins, lleva el nombre de 1914 también es conocido como “Never such innocence again” (MCMXIV), los animos con que los soldados marchaban hacia el frente de batalla, la alegría que se sentía y el optimismo que se vivía eran en verdad muy inocentes, el choque fue horrible, las batallas se detenían por días o meses en un punto muerto, miles morían en horas por unos kilómetros de tierra que eran perdidos horas después por una oleada de jóvenes soldados de infantería, mejor nombre no se le pudo dar a estos territorios que nunca podían ser conquistados, “tierra de nadie”, ya sea porque nadie lograba pasar o porque nadie quedaba vivo. EL otro poema es “Tengo una cita con la muerte” (I have a rendezvous with Death) del norteamericano Alan Seeger, hay una traducción de este poema en español pero no es muy buena, el poema habla sobre una cita con la muerte en alguna trinchera perdida, el autor vivía en Paris cuando estallo” la Gran Guerra que acabaría con todas las guerras”, se unió a la Legion extranjera para poder luchar en el frente, murió en 1916. Aunque oficialmente los vencedores fueron los Aliados, después de Nueve millones de muertos, toda una generación perdida y marcada con el trauma de la postguerra, el único que venció fue la GUERRA, a la guerra no se le puede vencer, ella fue la que gano y seguiría ganando. En palabras del Edmund Blunden después de ver el campo de batalla en el Somme, "by the end of the day both sides had seen, in a sad scrawl of broken earth and murdered men, the answer to the question. No road. No thoroughfare. Neither race had won, nor could win, the War. The War had won, and would go on winning". Esta última frase resulto profética, la Primera Guerra Mundial solo fue un campo de pruebas para lo una Guerra total que vendría a mayor escala, mas muertos, más heridos y mas destrucción, después de esto nada sería igual.
MCMXIV by Philip Larkin (1922-1985)
Those long uneven lines
Standing as patiently
As if they were stretched outside
The Oval or Villa Park,
The crowns of hats, the sun
On moustached archaic faces
Grinning as if it were all
An August Bank Holiday lark;
And the shut shops, the bleached
Established names on the sunblinds,
The farthings and sovereigns,
And dark-clothed children at play
Called after kings and queens,
The tin advertisements
For cocoa and twist, and the pubs
Wide open all day--
And the countryside not caring:
The place names all hazed over
With flowering grasses, and fields
Shadowing Domesday lines
Under wheat's restless silence;
The differently-dressed servants
With tiny rooms in huge houses,
The dust behind limousines;
Never such innocence,
Never before or since,
As changed itself to past
Without a word--the men
Leaving the gardens tidy,
The thousands of marriages,
Lasting a little while longer:
Never such innocence again.

"I Have a Rendezvous with Death" by Alan Seeger
I HAVE a rendezvous with Death
At some disputed barricade,
When Spring comes back with rustling shade
And apple-blossoms fill the air—
I have a rendezvous with Death
When Spring brings back blue days and fair.
It may be he shall take my hand
And lead me into his dark land
And close my eyes and quench my breath—
It may be I shall pass him still.
I have a rendezvous with Death
On some scarred slope of battered hill,
When Spring comes round again this year
And the first meadow-flowers appear.
God knows 'twere better to be deep
Pillowed in silk and scented down,
Where love throbs out in blissful sleep,
Pulse nigh to pulse, and breath to breath,
Where hushed awakenings are dear...
But I've a rendezvous with Death
At midnight in some flaming town,
When Spring trips north again this year,
And I to my pledged word am true,
I shall not fail that rendezvous.
miércoles, 7 de abril de 2010
Reconquistar el territorio perdido

Tremenda Noticia, la editorial RBA sigue las publicaciones de los libros de la historiadora norteamericana Barbara Tuchman, ahora le toca al Telegrama Zimmermman(Fecha de publicación 22/04/2010), una historia muy completa de espías, guerra, tramas políticas, testarudez (de parte de Carranza) y muchas historias interesantes. Se me paran los pelos solo pensar en que hubiera pasado si los mexicanos se hubieran unido a los ejércitos del Kaiser en contra de Estados Unidos, la historia hubiera sido diferente.Tuchmann gano dos veces el Premio Pulitzer en la categoría de ensayos y obras de divulgación por sus libros Los cañones de agosto: treinta y un días de 1914 que cambiaron la faz del mundo y Stilwell and the American Experience in China(sin traduccion)
En enero de 1917 la Primera Guerra Mundial estaba en un trágico punto muerto. Los ingleses sabían que Europa sólo se salvaría si los Estados Unidos intervenían. Pero el presidente Wilson se aferraba a su neutralidad y a sus esfuerzos por mediar en la negociación de la paz. Y entonces, de pronto, el instrumento para empujar a los norteamericanos a entrar en la guerra llegó a una tranquila oficina inglesa. Uno de los miles de mensajes interceptados por el equipo de descodificadores británico era un telegrama en clave de Arthur Zimmermann, secretario de Asuntos Exteriores alemán. Un documento de alto secreto en el que se invitaba al presidente de México a unirse a Alemania y Japón en la invasión de los Estados Unidos. La recompensa
para México: recuperar los territorios de Texas, Nuevo México y Arizona. El plan estratégico del mando alemán: mantener a Estados Unidos ocupados en una guerra en su propia casa, al otro lado del Atlántico, lejos del escenario europeo. Y los británicos tenían que pasar esa valiosa información a Estados Unidos, sin revelar que habían sido capaces de descifrar los códigos secretos alemanes, para lo cual debieron utilizar todas las argucias del espionaje y la diplomacia. La ganadora del Premio Pulitzer Barbara Tuchman desvela en esta apasionante historia de espías, la verdadera historia de cómo los Estados Unidos entraron en la Primera Guerra Mundial y cómo un telegrama cambió el curso de la historia

Aqui la traduccion del famoso telegrama tomada de Wikipedia;
Nos proponemos comenzar el primero de febrero la guerra submarina, sin restricción. No obstante, nos esforzaremos para mantener la neutralidad de los Estados Unidos de América.
En caso de no tener éxito, proponemos a México una alianza sobre las siguientes bases: hacer juntos la guerra, declarar juntos la paz; aportaremos abundante ayuda financiera; y el entendimiento por nuestra parte de que México ha de reconquistar el territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona. Los detalles del acuerdo quedan a su discreción [de Von Eckardt].
Queda usted encargado de informar al presidente [de México] de todo lo antedicho, de la forma más secreta posible, tan pronto como el estallido de la guerra con los Estados Unidos de América sea un hecho seguro. Debe además sugerirle que tome la iniciativa de invitar a Japón a adherirse de forma inmediata a este plan, ofreciéndose al mismo tiempo como mediador entre Japón y nosotros.
Haga notar al Presidente que el uso despiadado de nuestros submarinos ya hace previsible que Inglaterra se vea obligada a pedir la paz en los próximos meses.
lunes, 28 de diciembre de 2009
La Maquina de Guerra Gris

The Cruel Path To Impasse
Early in the war, Germany almost achieved victory. Why did it fail?.ArticleCommentsmore in . By ROBERT MESSENGER.
France and Germany marshaled 3.7 million soldiers for the Western offensives that began World War I in August 1914—with Britain adding an additional 130,000. In the decisive days between Sept. 5 and Sept. 11, the two sides threw two million men into desperate combat along the Marne River, the right tributary of Paris's famed Seine. More than 610,000 men were killed and wounded during the month-long campaign—two-thirds the number of casualties suffered by the U.S. in the whole of World War II.
But such numbers do little to bring home the ordeal. To reach the Marne, Alexander von Kluck's First Army had marched more than 300 miles on stiff-nailed boots through August's stifling heat and had to forage for whatever food it could find at day's end. A single infantry regiment (5,000 men) took up more than a mile of road, and a fully mobilized army corps covered 30. Kluck was driving seven corps (320,000 men) toward Paris. Will Irwin, a correspondent for Collier's magazine, reporting on the progress of the German "gray machine of death," noted: "Over it all lay a smell of which I have never heard mentioned in any book on war—the smell of a half-million unbathed men, the stench of a menagerie raised to the nth power. That smell lay for days over every town through which the Germans passed."
From the moment the offensive began, on Aug. 3, the German army was almost entirely victorious. No matter the intensity of the fighting, every battle ended with the French (or Belgians or British) in retreat. The German plan for war, the famed Schlieffen Plan, called for a vast right wing of attack to wheel through Belgium and northern France, strike the French forces in the flank, and then hammer them upon the anvil of the German armies grouped in Lorraine, along the German-French border.
The plan came clo
se to working—and certainly the French co-operated by making repeated disastrous attacks in Lorraine and the Ardennes. But for all the local success of the German commanders, they kept failing in their main goal of creating a Kesselschlacht ("cauldron battle"): encircling and then annihilating a French army between two German pincers. Many opportunities arose, but conflicting orders and poor coordination allowed the French to escape. By Sept. 9, the great invasion had collapsed 13 miles short of Paris. It has been hotly debated ever since just why this happened and who is to blame.For more than seven decades Sewell Tyng's "The Battle of the Marne, 1914" (1935) has defined how we view the opening battles of World War I, and it remains a great work of military history. Yet much material was not available to Tyng, an American lawyer and government official who had served in the French army's ambulance service during the war—particularly the German military archives that became accessible only after the Berlin Wall fell. Mining them to good effect after a long career studying the war, the Canadian scholar Holger Herwig has now delivered an account of the Marne campaign that supplants Tyng's and makes plain how the German command failed to seize its victories and why it retired from the Marne's close-run battles. Along the way, Mr. Herwig demonstrates the resilience of the French commanders, who took advantage of what defeat brought them—short internal lines and an overextended enemy.
In a couple of paragraphs, Mr. Herwig handily dismisses the "historian's war" that raged in recent decades over German war guilt, and he rejects the idea that World War I started by accident, because of a mechanical series of military measures over which politicians had no control. He shows, rather, that politicians in every combatant country made willing decisions to go to war in 1914.
The Schlieffen Plan, too, receives a revisionist interpretation in "The Marne, 1914." For more than a century, Helmuth von Moltke—Schlieffen's successor—has been criticized for shifting troops away from the right wing of the attack, but Mr. Herwig argues that Schlieffen's original memo was too vague to be an actionable plan. Moltke's mistakes, Mr. Herwig notes, came much more in failing to control his armies in the field. He let his disputatious army commanders— some brilliant, some over the hill—make their own decisions, all too often conflicting. The result was chaos, and yet the Germans nearly won, thanks to the excellence of their troops.
The great crisis of the German offensive came when Joseph Joffre, the French commander, went all in with an assault on the Marne on Sept. 5. Kluck kept his head and rushed forces to crush the French left wing. It looked as if his action, risky as it was, might achieve success for the whole German campaign—until Lt.-Col. Richard Hentsch arrived at First Army headquarters. Sent by Moltke, Hentsch was making the rounds of German commanders, encouraging each of them to pull back his main assault forces to a more defensible line. Kluck, fearing that First Army would be cut off, broke off the battle.
Hentsch has been endlessly blamed for the German defeat. The U.S. Army chief of staff, Peyton March, suggested that the Allied nations erect statues to Hentsch, who had unwittingly saved the day in 1914. Mr. Herwig offers little to exculpate him. Yet he is correct to say that the blame must rest with the German senior commanders. Kluck should have demanded a direct order from Moltke before breaking off his assault—he owed it to his troops, who had sacrificed so much. And Moltke ought to have himself been at the front.
Like Tyng before him, Mr. Herwig creates order out of overlapping events and makes vivid the full tragedy of what the Marne set in motion. The fighting soon moved into siege-style warfare; the goal was no longer decisive victory but simply to kill large numbers of the enemy. Victory would come when one of the combatants saw that it had been bled to death. Before the war was over in 1918, France, Germany and Britain would suffer 16.5 million casualties. As Georges Clemenceau noted in 1917: "War is a series of catastrophes that ends in victory."
Tomado del Wall Street Journal; The Cruel Path To Impasse, Early in the war, Germany almost achieved victory. Why did it fail? by ROBERT MESSENGER, Diciembre 4 del 2009
sábado, 26 de septiembre de 2009
Carteles de reclutamiento de la Marina de Guerra de Estados Unidos(I)

Cartel de la guerra Civil(1863), nota: Todos los marineros que prefieran una servicio activo y carne fresca, vigilancia nocturna y mucha sal estan invitados a enlistarse.
1909, la paga desde 17.77 hasta 77 dolares al mes y uniforme gratis.
Publicidad en la revista Popular Mechanics, Nunca que te preocupes de que te rechazen en la marina. 1908.
1910, Jovenes Mecanicos, unanse a la marina. Solo ciudadanos americanos con buen caracter son aceptados. Tambien en Popular Mechanics.

Todos Juntos, Enlistense en la Mariana, este cartel es uno de mis favoritos, cada marino representa a una de las naciones Aliadas durante la Primera Guerra Mundial. El cartel es obra de Henry Reuterdahl, pintor americano.

La marina te necesita, no leas la historia de America, se parte de ella. Cartel de James Montgomery Flagg.

Sigue a los chicos de azul, por nuestro hogar y nuestro pais. Tambien de la PGM de G. Wright.
Un Clarin o Bugler, parte importante de la marina, llamando a las Armas, de Milton Bancroft.

Sigan la bandera de la libertar por James H. Daugherty.
Otro cartel dramático, la marina estaba corta de binoculares así que pido al publico que prestaran los suyos con el compromiso de regresarlos al terminar la guerra, solo tenias que ponerle tu nombre y dirección, al entregarlos se te daría un dólar. El tema del cartel es Suplirías a la marina de Ojos.
En este cartel se hace énfasis en el servicio de transporte, la marina es la que lleva a todas las fuerzas de infantería al combate, El servicio para viajar y entrenar.
Por ahora hasta aquí llegaremos, en la segunda parte seguiremos con los carteles de la PGM y SGM, además de algunos modernos.
Todos los cartels fueron tomado de Bluejacket.com,
lunes, 27 de julio de 2009
Harry Patch, la última memoria de las trincheras
Fallece a los 111 años el último soldado de infantería que quedaba vivo del frente occidental de la Primera Guerra MundialBERNARDO MARÍN - Madrid - 26/07/2009
Nadie recuerda ya el infierno de sangre y fango que se vivió en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. El británico Harry Patch, el único soldado que quedaba vivo de aquella guerra de posiciones en el frente occidental murió el sábado por la mañana a los 111 años en la residencia de Wells (Somerset, al suroeste de Inglaterra) donde residía. Con él se extingue la memoria de uno de los episodios más terribles de la historia de la humanidad, el horror sin precedentes de millones de hombres recluidos en agujeros y empantanados en una guerra de posiciones en el fuego cruzado del frío, las balas y las enfermedades.
Patch había nacido en Combe Down, cerca de Bath, el 17 de junio de 1898. Dejó la escuela para hacerse fontanero pero cuando cumplió 18 años tuvo que ingresar en el Ejército para servir en la Guerra. Su destino fue manejar una ametralladora del cuerpo de Infantería Ligera del Duque de Cornualles y fue enviado a Ypres, en Bélgica, donde los alemanes habían usado en 1915 por primera vez los gases venenosos. Allí se libraba la tercera batalla de Ypres, conocida también como de Passchendaele, una de las más terribles de la guerra. Solo en aquel sector se calcula que murieron en los cuatro años de guerra unos 300.000 soldados británicos. Patch tuvo mejor suerte: en septiembre de 1917 fue herido en la ingle por un proyectil alemán que mató a tres de sus cuatro compañeros de ametralladora y pasó el resto de la guerra en un hospital de la isla de Whigh. 90 años después, en el cementerio de guerra de Flandes comentaría su perplejidad por ser el único superviviente de aquella carnicería. "Cualquiera de ellos podría haber sido yo", dijo entonces, "millones de hombres vinieron aquí a luchar y es increíble que yo sea el único que quede vivo".
Después de la guerra volvió a su trabajo como fontanero y en 1919 se casó con una joven que había conocido cuando se recuperaba de sus heridas, Ada Billington. No participó en la Segunda Guerra Mundial -tenía ya 42 años cuando Inglaterra le declaró la guerra a Hitler- pero se apuntó como bombero voluntario para apagar los fuegos que causaban los bombardeos alemanes. Con Ada, que murió en 1976, tuvo dos hijos, que tampoco le han sobrevivido. En 1980 volvió a casarse, pero su nueva mujer, Jane, falleció cuatro años después. En sus últimos años tuvo una tercera pareja, Doris, compañera de la residencia y muerta hace dos años.A Patch no le gustaba hablar de la guerra que le tocó vivir, y que según él no mereció la p
ena. Odiaba recordar aquellos agujeros "de seis pies de alto por tres de ancho" donde se paseaban "ratas del tamaño de gatos". La consideraba una "disputa familiar": el rey Jorge V de Inglaterra era primo hermano del Zar Nicolás II y del Kaiser Guillermo II. De hecho durante décadas no habló del conflicto ni con su mujer, ni volvió a ver una película bélica. Sólo cuando ya rondaba los 100 años cambió de opinión al darse cuenta de que sus compañeros veteranos empezaban a convertirse en "una especie en extinción". El punto de inflexión se produjo en 1998, cuando participó en un programa de testimonios de soldados organizado por la BBC. A partir de ahí, y a medida que se reducía el número de ex combatientes, se fue convirtiendo en una celebridad en Reino Unido. El pasado 9 de marzo, en una de sus últimas apariciones públicas, Patch recibió la Legión de Honor, en grado de oficial, de manos del embajador de Francia en Reino Unido.En agosto de 2007 vio la luz su autobiografía, The Last Fighting Tommy. Parte de sus vivencias en el frente habían sido recogidas también en Last Post, publicado en 2005 por Max Arthur con testimonios de 21 supervivientes británicos de la Primera Guerra Mundial. Entre sus recuerdos más vívidos del campo de batalla estaba la muerte de un compañero que agonizaba en tierra de nadie y que le pedía que le disparara para acortar su sufrimiento. Antes de que pudiera sacar su arma, el soldado murió pronunciando la palabra "madre". Pero no era un grito de dolor, sino de gozo y sorpresa, cómo el de alguien que encuentra a un conocido de forma inesperada. Después supo que la madre del militar había fallecido hacía tiempo y comprendió entonces que "la muerte no es el final". "Creo desde ese día", decía en su relato para Last Post, "que la palabra madre es la más sagrada en lengua inglesa".
En el mismo libro relataba cómo él y su compañero Bob mantenían siempre el arma -la ametralladora- apuntando hacia abajo, para herir en las piernas pero no matar a sus enemigos. "Creo que nunca maté a un alemán", contaba. Otra anécdota, confirmaba el carácter pacífico y sensible del soldado: cuando disparó en el hombro, y luego sobre la rodilla, para no acabar con la vida de un soldado enemigo que venía hacia él bayoneta en mano. El duelo también ha llegado internet. Se cuentan ya por centenares los mensajes de condolencia en el grupo Harry Patch Appreciation Sociaty de Facebook, que tenía hasta ayer más de 2.300 miembros. Tras conocerse el fallecimiento se creó otra decena de grupos en la misma red social en recuerdo del soldado, que en pocas horas congregaron a más de 3.000 seguidores. Allí se multiplican los pésames, las alabanzas al soldado y se debatía la idea lanzada en el blog de Damian Thompson, en el Daily Telegraph, apenas una hora después de anunciarse la muerte: ¿Debería ser honrado Patch con un funeral de Estado? Varios internautas recordaban que el fallecido, por pura modestia, había rechazado esta posibilidad en sus memorias. Otros proponían aprovechar su muerte para rendir un homenaje conjunto a todos los soldados de la Gran Guerra y no contravenir así el último deseo del fallecido. A la espera de una decisión de la familia, un portavoz del ministerio de Defensa anunció ayer que el funeral se celebraría en la catedral de Wells en una ceremonia centrada en la paz y la reconciliación.
Last Fighting Tommy
Muere el último soldado británico que lucho en la primera guerra mundial, Harry Patch también conocido como el “ultimo tommy combativo” (Last Fighting Tommy) los soldados británicos que participaron en este primer gran conflicto que definió el siglo XX, era llamados Tommies o Tommy, el origen del nombre es un tema de debate entre los historiadores, aunque el nombre era usado antes de la primera guerra mundial para llamar a las tropas de infantería, el nombre se popularizo durante este conflicto. El escritor británico Rudyard Kipling escribió un poema titulado “Tommy Atkins”, en 1892 pero hay referencia al nombre desde antes de las guerras Napoleónicas. El soldado Patch sirvió en el 7th Regimiento del Duke of Cornwalls Light Infantry, acababa de cumplir 111 años el 17 de Junio, además de ser el tercer hombre más viejo del mundo. Vivió durante dos siglos, el reinado de seis monarcas y el gobierno de veinte Primeros ministros de Inglaterra. Participo en la batalla de Passchendale, fue herido y dejo el frente en 1917, durante la segunda guerra mundial sirvió como bombero voluntario durante los bombardeos de la Luftwaffe. Una de sus frases que más me ha gustado por definir el espíritu de un verdadero veterano de “la guerra que acabaría con todas las guerras”, es la que resume como eran las carnicerías durante las cargas contra la trincheras alemanas, “Si un hombre te dice que subió a la cima y no tenía miedo es un maldito mentiroso”. (If any man tells you he went over the top and he wasn't scared, he's a damn liar). Cuando se refiere a subir a la cima, imagino que es salir de la trincheras que cubrían aun hombre de estatura promedia. El funeral de Patch será en la abadía de Westmister el 28 de julio. Deja una autobiografía co-escrita con Richard Van Emden, “The Last Fighting Tommy: The Life of Harry Patch, the Only Surviving Veteran of the Trenches”.

El último tommy celebra su cumpleaños 111, junto con una banda de música

