jueves, 17 de septiembre de 2009

Lo nuevo de Dan Brown y la polemica.

Desde hace algunos días, se viene desatando toda una tormenta publicitaria alrededor del Nuevo libro de Dan Brown, las cifras de venta son asombrosas, no encuentra competencia hasta ahora en lo que va del año. Me impresiono el hermetismo que logro la editorial alrededor del libro, lograron sellar muy bien la obra para que no saliera ningún avance o copia que pudiera adelantarnos un poco sobre la trama. Bueno después de leer el Codigo daVinci quede curado para no comprar otro libro de Brown, ya me he preparado sicológicamente para encontrarme con personas que me pregunten que me parece el libro o si ya lo lei. Bueno en algún momento alguna alma bondadosa me lo regalara, lástima que lo pasare alguna alma necesitada, porque no pienso leerlo. No tengo nada contra el tipo de libros que escribe Dan Brown, es más me pareció muy interesante el Codigo DaVinci, pero simplemente no me gusto lo fácil que se leí y lo sencillo de la trama, después vi Ángeles y demonios y note algo similar. Siguiendo con el tema, encontré esta nota en la revista Que leer, tiene algunos datos interesantes, pero el que más me gusto es que para los redactores puede que Dan Brown realmente no exista. Toda una conspiración.

De símbolos perdidos y alguna polémica encontrada.

Han transcurrido ya casi 48 horas desde que saliera a la venta en el mercado anglosajón The Lost Symbol, la esperadísima nueva novela de Dan Brown, y el aluvión de noticias relacionadas con el tema es tal que nos cuesta decidir por dónde comenzar. Ahí va, pues, una colección de datos e impresiones sobre esta continuación de las aventuras del profesor de Simbología Robert Langdon…

1. La tirada inicial del libro para Estados Unidos, Canadá e Inglaterra fue de 4,5 millones.
2. Las ventas durante las primeras veinticuatro horas sumaron un millón de ejemplares.
3. Los responsables de la editorial Doubleday (*) se han mostrado satisfechos de una labor de protección que impidió cualquier tipo de filtraciones. Los amigos del expolio cibernético, eso sí, podían desde ayer mismo encontrar copias pirata por toda la red.
4. En otro dato propio del signo de los tiempos, Amazon ha celebrado el alto número de ejemplares vendidos en el formato de su lector electrónico Kindle.
5. En Inglaterra, el precio de salida del libro (a menudo un cincuenta por ciento más barato de lo que marcaba su portada, fruto de la competencia entre diferentes cadenas de librerías) ha provocado una curiosa polémica, con varios analistas acusando a la industria de cavar su propia tumba limitando tan drásticamente los beneficios del (¿único?) título que de verdad se va a vender durante este 2009.
6. Contrariamente a lo que suele suceder en el mundo del cine, donde el estreno de un blockbuster suele asustar a posibles competidores, otros dos títulos importantes de la temporada norteamericana han aparecido de la mano de Dan Brown (¿quizá para tentar a quienes cumplirán con ésta su única visita anual a una librería?). Se trata de las memorias del recientemente fallecido Edward Kennedy y del nuevo libro de Jon Krakauer, dedicado a una estrella del fútbol americano que falleció en la guerra de Afganistán.
7. En The New York Times, Janet Maslin, que ya se había mostrado favorable a El código Da Vinci, vino a decir que The Lost Symbol es “un placer culpable” que devuelve el sex-appeal a un género maltratado por la legión de imitadores de, precisamente, Dan Brown.
8. Publisher’s Weekly, por su parte, habló en términos de “thriller rompecuellos”.
9. Y el resto de la crítica no ha diferido demasiado. En contra, se destaca que es más de lo mismo, que el estilo no resulta particularmente elevado y que los personajes vuelven a tener la profundidad del filo de una hoja de papel. A favor, que el libro se devora y que ofrece altas dosis de tensión con algunos momentos particularmente sangrientos.
10. Por mucho que busquemos, no logramos dar con una sola imagen de Dan Brown el día del lanzamiento (lo que vendría a dar la razón a los miembros de esta redacción que aseguran que Dan Brown no existe). Sí hemos visto, en cambio, las colas de lectores ingleses que se hacían con ejemplares previamente firmados por el autor. Teniendo en cuenta los seis años que le ha costado acabar la novela y las sesiones de autografía a que se habrá dado durante las últimas semanas, convendremos en que el amigo se merece un descanso. Y es que maldita la falta que le hace a The Lost Symbol cualquier forma de promoción…



(El símbolo perdido aparecerá en castellano y catalán -Planeta y Empúries, respectivamente- el próximo 29 de octubre.)
De símbolos perdidos y alguna polémica encontrada

viernes, 11 de septiembre de 2009

Dos libros sobre el 11 de Septiembre

El segundo avión / La torre elevada
Martin Amis / Lawrence Wright

A finales de 2005 un periódico danés desconocido hasta entonces en el resto del mundo, publicó unas viñetas sobre el profeta del Islam. En una de ellas, la más divertida, Mahoma se dirigía a las puertas del paraíso para advertir a unos personajillos achicharrados que hacían cola para entrar: “¡Parad! ¡Nos hemos quedado sin vírgenes!”. Como es sabido, aquellas viñetas desencadenaron una oleada de protestas, a veces violentas, en todo el mundo musulmán. La que he citado refleja dos preguntas que muchos occidentales nos hacemos: ¿qué relación hay entre la tradición musulmana y el terrorismo yihadista? ¿Tiene la sexualidad algo que ver con todo ello? El novelista británico Martin Amis (Oxford, 1949), que ha recopilado en El segundo avión sus artículos sobre el tema, se muestra inclinado a responder que bastante, en ambos casos. Por supuesto, Amis expresa su respeto al Islam, pero se muestra preocupado por el avance del islamismo radical como interpretación dominante de la tradición musulmana. Destaca también la obsesión por los temas sexuales de los predicadores islamistas, incluso los moderados, pero en este punto da a veces la sensación de que él mismo la comparte. En un relato que Amis no llegó a escribir, pero al que alude extensamente en uno de sus ensayos, crea el personaje de un yihadista dispuesto a utilizar como cinturón explosivo un artilugio de esos que permiten al varón cumplir debidamente en el acto sexual, aunque su propio órgano se muestre algo fláccido, y que el imaginario aspirante a terrorista usaba con sus cuatro esposas, sin excesivo entusiasmo por parte de estas. Cuando se habla de islamismo y sexualidad es casi inevitable referirse al viaje que el padre del actual radicalismo islamista, el egipcio Sayyid Qutb, más tarde condenado a muerte y ejecutado en su país, realizó a Estados Unidos a finales de los años cuarenta. La historia resulta tan hilarante que tanto Amis en El segundo avión como Wright en La torre elevada la cuentan. Qutb era entonces un funcionario del ministerio de Educación egipcio que había recibido una beca para ampliar estudios en América, pero allí quedó horrorizado por el libertinaje sexual que percibió. Baste decir que se encontró con que en una fiesta a la que asistió en un club parroquial ¡se bailaba agarrado! Algún cura español de aquellos años habría simpatizado con el punto de vista de Qutb. Aunque es discutible hasta qué punto influyen la liberación sexual y, sobre todo, la emancipación femenina, en el odio de los islamistas hacia Occidente, no hay duda de que la sumisión de la mujer figura en un lugar prominente de la agenda de los talibanes y otros fanáticos similares, incluidos esos peculiares aliados de Occidente que son los dirigentes saudíes.
El segundo avión contiene reflexiones inteligentes y comentarios divertidos, aunque la argumentación no resulta siempre muy sólida, mientras que La torre elevada es uno de los mejores libros que se han publicado sobre los orígenes del 11-S, junto al fascinante informe oficial (11-S: el informe, Paidós) y al mosaico de testimonios ensamblado por Peter Bergen (Osama de cerca, Debate). Lawrence Wright (Nueva Orleans, 1947) ha dedicado cinco años a realizar entrevistas a centenares de personas en Egipto, Arabia Saudí, Pakistán, Afganistán, Sudán, Gran Bretaña, Francia, Alemania, España y los Estados Unidos, y ha sabido enlazar toda esa información con la habilidad de un gran narrador. Ello le ha valido a La torre elevada un gran número de premios y distinciones, incluido el Pulitzer en 2007. Sus tres primeros capítulos examinan la biografía de tres personajes clave en el avance del islamismo radical y en su deriva violenta: el ya citado Qutb, el también egipcio Ayman al Zawahiri, número dos de Al Qaeda, y por supuesto Osama Bin Laden. Y al respecto no está de más recordar que, en las reuniones de adoctrinamiento previas a los atentados del 11-M en Madrid, se mencionaba a Zawahiri y Bin Laden, junto al fallecido mentor palestino de éste, Abdullah Azzam, asesinado en 1988, como los sabios religiosos que había que tomar como guía en sustitución de los ulemas comprometidos por su apoyo a los gobiernos árabes. En los orígenes del terrorismo yihadí hay una determinada interpretación de las exigencias del Islam. Acerca del nacimiento y desarrollo de Al Qaeda, un tema sobre el que se ha acumulado ya mucha información, Wright aporta nuevos datos. El grupo se fundó en 1988, en los momentos finales de la guerra de Afganistán, en la que Bin Laden y los voluntarios árabes jugaron un papel muy limitado, pero no fue hasta diez años después cuando se dio a conocer con los atentados contra las embajadas de Estados Unidos en Kenya y Tanzania. Por entonces, explica Wright, la CIA no tenía ningún informador en el seno de Al Qaeda ni de los agentes de seguridad afganos que rodeaban a Bin Laden. Algo inexplicable si de verdad Al Qaeda se hubiera fundado con ayuda de la CIA, como sostienen muchos exponentes del antiamericanismo. Al respecto Amis cuenta una anécdota, la de un debate en el que una joven espectadora le objetó que la respuesta adecuada el 11-S hubiera sido que los americanos se bombardearan a sí mismos, porque ellos habían creado a Al Qaeda. Ante el asombro de Amis, todo el público la aplaudió. La anécdota es reveladora de la desmedida afición a las teorías de la conspiración infundadas que manifiestan algunos seres humanos y también de una tendencia, muy difundida, que culpa a Occidente de todos los males del mundo. Enfrentados al horror del terrorismo suicida, no faltan inte- lectuales occidentales dispuestos a proclamar que lo importante es “entender las razones que pueden llevar a un ser humano a transformarse en una bomba”, como dijo en cierta ocasión José Saramago. Una observación que sería razonable si no implicara la tesis de que los terroristas no hacen más que defender a sus pueblos de la opresión. El héroe de La torre elevada es un hombre que dio su vida en el cumplimiento del deber. Se trata de John O’Neill, un policía de película, de origen irlandés, sinceramente religioso y suficientemente apuesto como para tener éxito con las mujeres, como lo demuestran sus tres fotografías con otras tantas beldades que se reproducen en la excelente sección de imágenes del libro. O’Neill fue nombrado en 1995 jefe de la sección antiterrorista del FBI y fue uno de los primeros expertos en comprender la magnitud de la amenaza que representaba Al Qaeda. El destino le jugó una mala pasada: en agosto de 2001 dejó el FBI para convertirse en jefe de seguridad del World Trade Center, en el que encontró la muerte el 11 de septiembre. ¿Es el fanatismo religioso el principal culpable de los horrores evocados en ambos libros? Amis parece creerlo y ante los excesos de los islamistas y otros fundamentalistas defiende la posición de quienes rechazan las creencias religiosas basadas en seres sobrenaturales, esas vanas fantasías que Joseph Conrad contrapuso en un párrafo famoso a las maravillas y los misterios de la vida real.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Un nuevo Velázquez en Nueva York



El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met) anunció hoy que, después de realizar un nuevo examen a uno de los lienzos con que cuenta en su colección, ha descubierto un nuevo cuadro del maestro español Diego de Velázquez. La obra, que hasta ahora se pensaba que pertenecía a uno de los discípulos de Velázquez (1599-1660), llevaba en el museo desde 1949 y su verdadera autoría no fue descubierta hasta que ha sido sometida a una nueva limpieza y a un examen técnico que han desvelado la firma del artista español. "Esta adjudicación de la obra a Velázquez subraya la profundidad de la colección del museo así como la perspicacia de sus comisarios y de los encargados de conservación", dijo el director del Met, Thomas Campbell, en un comunicado de prensa en el que se anunciaron los planes del museo por exponer esta "nueva" obra. El lienzo, identificado con el nombre genérico de "retrato masculino" y que se incluía entre la serie de obras con que cuenta el museo neoyorquino salidas del taller del artista del siglo XVII, muestra a un hombre de entre 30 y 40 años, vestido de negro y con gola,un típico cuello blanco de los siglos XVI y XVII. Para los responsables del museo, que cuenta con la colección más importante de obras de Velázquez en Estados Unidos, la adjudicación del lienzo al pintor español es una buena noticia, ya que se trata de "uno de los antiguos maestros europeos más admirados y su trabajo rara vez entra en el mercado".
El examen técnico se llevó a cabo dentro de un programa que el Met desarrolló en los últimos meses para catalogar de manera exhausta de las obras españolas que tiene en su colección. "Parece un estudio más que una obra acabada. Muchas de las áreas del cuadro se encuentran en un estado simple, de esbozo", explicaron los responsables del Met, quienes añadieron que, "pese a que la obra ha sufrido abrasión, su calidad no se ha visto afectada". Según los responsables del Met, algunos entendidos en arte han destacado durante años el parecido entre el personaje que aparece en este lienzo y una figura que Velázquez incluyó en el extremo derecho de "La rendición de Breda" (o "Las lanzas") y que se había pensado que se trataba de un autorretrato del artista. Esa coincidencia alimentó la idea de que la obra que ahora ha "redescubierto" el Met fuera también un autorretrato y, de hecho, cuando el cuadro llegó hace sesenta años al museo neoyorquino fue catalogado como tal. Más adelante, sin embargo, varios estudiosos se mostraron reticentes a esa teoría y ya en 1963 el español José López Rey recomendó que la obra fuera cataloga como un lienzo del taller del artista sevillano, más que como una obra propia.
El Met acató la medida en 1979, una catalogación que ha permanecido intacta hasta ahora, debido, según los responsables de la entidad museística, "a una capa espesa de barniz que oscurecía las cualidades de la pintura y que hacía imposible una apropiada evaluación". El museo adquirió el cuadro como parte del legado de Jules Bache, un coleccionista de arte estadounidense que lo compró en 1926 al conocido marchante de arte británico lord Duveen, después de que el lienzo perteneciera a un hijo ilegítimo del rey británico Jorge II y, más tarde, a Jorge V, rey del territorio alemán de Hannover. El director del museo destacó que el "descubrimiento" de la pintura se debió a la colaboración entre el responsable de pintura europea del Met, Keith Christiansen, y el conservador de las pinturas de la colección de la entidad Michael Gallagher.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Beevor viaja al Día D

El primero de septiembre se conmemora el 70 aniversario de la guerra más destructiva en la historia de la humanidad, más de cuarenta y seis millones de vidas (soldados y civiles) aunque algunos dicen 60 millones, durante los 2,174 días desde la invasión de Polonia por las fuerzas nazis hasta la rendición total de la fuerzas del imperio Japonés, el mundo despertaría para descubrir las matanzas de los campos de concentración, los bombardeos indiscriminados contra civiles y la nueva forma de hacer la guerra total y devastadora con la bomba atómica, nada sería igual y hasta ahora así sea mantenido. Aprovechando el aniversario colgamos esta entrevista del historiador Antony Beevor autor de best seller sobre el desembarco de Normandía, todo un hit de ventas en Europa y que pronto llegara a nuestras librerías, por lo menos yo lo he pedido a mi librero habitual para que me lo consiga. Todo el mes de septiembre trataremos de colgar artículos relacionados con la Segunda Guerra Mundial.

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GUILLERMO ALTARES.
Tal vez no sea la batalla más importante de la historia. Seguramente Salamina, Waterloo o Stalingrado fueron más decisivas. Sin embargo, el 6 de junio de 1944, cuando la mayor flota nunca vista llegó a las costas francesas para el desembarco de Normandía, se ha convertido en una fecha emblemática. Muchos recuerdan de memoria el nombre de las cinco playas: Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword. El Día D ha sido mitificado por películas como El día más largo o Salvar al soldado Ryan, por políticos e investigadores y por los miles de turistas que se acercan cada año a las costas del norte de Francia. No obstante, Antony Beevor (1946), el historiador que con Stalingrado y Berlín. La caída, 1945 convirtió la II Guerra Mundial en best sellers, se ha atrevido a volver a aquella batalla. Es más, ha encontrado cosas nuevas que contar, datos inéditos.
Como ocurre con los títulos anteriores, su libro se lee sin pausa y está lleno de testimonios que surgen desde el dolor de la guerra para hacernos mucho más humano el pasado. El éxito en el Reino Unido fue fulminante. La conversación tiene lugar en su casa londinense de Fulham, acogedora, con mermeladas a medio preparar en la mesa de la cocina. Sólo hay una pregunta sin respuesta: ¿cuál será su siguiente libro? Asegura que, por contrato, no puede hablar de su próximo trabajo sobre la II Guerra Mundial. Pero confiesa que tiene tres libros planeados y sí puede confesar de qué va el tercero: Napoleón.
PREGUNTA. Una de las novedades de su nuevo libro es la insistencia en el sufrimiento de los civiles durante aquella batalla. ¿Por qué no se había investigado hasta ahora?
RESPUESTA. Tenemos que enfrentarnos a la terrible paradoja de que una democracia en una guerra puede llegar a matar a muchos civiles, porque la presión de la prensa y el Parlamento en casa para reducir las bajas puede forzar a los comandantes a utilizar mayor potencia en los bombardeos. Y eso es lo que sucedió en Francia. Churchill estaba muy preocupado por este tema porque decía que los franceses les iban a odiar y trataba de convencer a los responsables de los ataques aéreos para que intentasen mantener bajo el número de víctimas, que llegaron a ser 15.000 antes de la invasión. Y durante la batalla subieron más todavía. No sé cómo van a reaccionar los lectores estadounidenses ante el dato de que en el Día D murieron muchos más civiles franceses que soldados británicos y estadounidenses. Debo decir que a mí me chocó porque todos tenemos mitificado el Día D, pero cuando uno descubre las víctimas de la batalla de Normandía es terrible. Eso no minusvalora la valentía de los soldados o la importancia de la batalla. Se montó un escándalo porque utilicé la palabra crimen de guerra para describir el bombardeo de Caen y hay que ser muy cuidadoso con esta expresión, lo que dije es que estaba cerca del crimen de guerra. Pero lo que es cierto es que el bombardeo no consiguió nada y fue estúpido desde el punto de vista militar porque si quieres capturar una ciudad rápidamente no deberías destrozarla. Y sólo hubo bajas entre los civiles.
P. Cuando dice que una democracia puede provocar bajas civiles ¿puede aplicarse a lo que ocurre en Afganistán?
R. En cierta medida, sí. Naturalmente que los bombardeos, aéreos y de artillería, son mucho más precisos ahora pero es una cuestión de lo buena que es la información de los servicios secretos para identificar los objetivos. Cuando combates en una guerra asimétrica, la habilidad para identificar al enemigo es muy difícil, casi imposible, como vimos en Vietnam. Volviendo a Normandía, uno de los problemas es que los comandantes, Montgomery, Eisenhower y Bradley, estaban mal informados sobre la precisión de los bombardeos. Cuando se produce el segundo bombardeo de Caen, en la noche del 17 de julio, tuvieron el mismo problema que en Omaha, donde las defensas alemanas quedaron intactas. Los aviones vinieron desde la retaguardia, tenían miedo a dejar caer las bombas sobre las tropas y por unos segundos no alcanzaron a los alemanes sino que cayeron sobre la ciudad de nuevo.
P. ¿No tenía miedo de publicar otro libro sobre el desembarco de Normandía, no sólo por obras anteriores como la de Max Hastings, sino porque es una batalla de la que todo el mundo tiene una imagen idealizada?
R. No tenía miedo porque los grandes libros sobre el tema salieron al principio de los años ochenta, sobre todo los de John Keagan y Max Hastings. Aunque son muy buenos, ha surgido mucho material inédito, sobre todo los relatos de los soldados, y los estadounidenses eran extraordinarios en esto, ya que hay cientos de entrevistas realizadas después del combate. Además, escribo historia de una forma completamente diferente de Max, estoy más interesado en entender cómo era el combate desde la mirada de los soldados que en describir la batalla desde un punto de vista estratégico. Otro de mis objetivos era explicar por qué Normandía es diferente de lo que la gente suele pensar. Después de escribir Berlín, estaba en Washington y el historiador militar oficial de la batalla, Martin Blumenson, me dio la primera idea para el libro porque me sugirió que hiciese una comparación entre la lucha en el frente del Este y en Normandía. Me di cuenta de que era una forma importante de mirar la batalla porque fue mucho más salvaje de lo que pensamos.
P. Siempre se ha pensado que la verdadera lucha tuvo lugar en el Este. ¿Qué datos le llevaron a cambiar de opinión?
R. Hubo momentos en el frente del Este en que la lucha fue muy intensa y la cifra de mil muertos por división al mes era mucho más alta, pero uno siempre asume que los muertos en el frente del Este eran tantos que el combate en el Oeste era muchísimo menos intenso. Pero no era así: Normandía fue muy salvaje. Y también está el asunto de la muerte de prisioneros y las bajas psicológicas. El problema en Estados Unidos, y no tiene nada que ver con los veteranos sino con los escritores que crearon posteriormente el mito de la mejor generación, es que se ha convertido en algo casi sagrado, la imagen de que cada hombre en Omaha Beach era un héroe. Pero es una sentimentalización. Cuando tienes a un soldado muy joven, que se enfrenta por primera vez al combate y se encuentra con explosiones por todos lados, es normal que esté desorientado. No tiene nada que ver con la cobardía, que es cuando tienes a un oficial que huye y deja morir a sus soldados. Jamás diría que un soldado que se derrumba en mitad de la batalla es un cobarde, es una reacción muy humana.
P. ¿Llegaron a ser muy frecuentes los asesinatos de prisioneros?
R. El problema con este tema es que no tenemos datos precisos y nunca los tendremos. Pero me chocó mucho la forma en que, cuando lees entrevistas con soldados estadounidenses, hablaban francamente de ello, incluso en las entrevistas que hizo Stephen Ambrose, aunque luego no aparecen en sus libros.
P. Pero sí en una secuencia de Hermanos de sangre,
la serie basada en su libro sobre la 101º División Aerotransportada.
R. Muestran uno o dos casos, pero pudo haber muchos. Los SS mataron a más de cien canadienses en los primeros momentos de la batalla y entonces se produjo un círculo vicioso de venganzas. Pero es imposible tener datos, porque aparecerán siempre como muertos en acción. Sólo se puede hacer basándote en entrevistas y por referencias en algunos informes oficiales, pero no es posible hacerse una idea de la frecuencia con que ocurrían.
P. ¿Qué películas sobre el Día D le gustan?
R. Cuando Newsweek me encargó una crítica de Salvar al soldado Ryan, les chocó muchísimo que fuese negativa. Creo que los primeros 20 minutos son una recreación espectacular de cómo es una batalla, pero el resto es una serie de lugares comunes de Hollywood, tipo Doce del patíbulo. No me pareció serio. Lo interesante es lo que dijo Spielberg cuando se estrenó la película: que la II Guerra Mundial era el momento definitivo en la historia y que el Día D era el momento definitivo de esa guerra, lo que es una interpretación muy americana del conflicto, por decirlo amablemente. No aparecen rusos ni británicos. Spielberg forma parte de la generación de Vietnam y por eso es tan importante la batalla de Normandía, la liberación de Europa, porque era un momento en que los estadounidenses eran los buenos y los alemanes los malos.
P. ¿Usted cree que nuestra fascinación por la II Guerra Mundial viene de ahí?
R. Hay sin duda un elemento de esto, aunque hay muchas más razones para explicar por qué es tan importante en la conciencia colectiva de las naciones, de nuestra propia historia. La II Guerra Mundial es también peligrosa porque se ha convertido en una referencia para todos los conflictos contemporáneos. Eso es peligroso porque los políticos pueden hacer comparaciones como la de Bush, que equiparó el 11-S con Pearl Harbour. Y estaba buscando una guerra contra un país, cuando era un problema de seguridad contra Al Qaeda. Blair hizo cosas similares. Una tentación para los políticos es considerar que la II Guerra Mundial fue una buena guerra, una guerra justa y especialmente para los estadounidenses, que la utilizan mucho en los discursos imitando el tono de Churchill. Pero también es muy peligroso porque produce paralelismos falsos. Antes de la última guerra del Golfo, fui contactado por todos los diarios del Reino Unido, empezando por el Financial Times y acabando en The Sun, que me pidieron una comparación entre la batalla de Bagdad y Stalingrado. Y dije una y otra vez que no iban a tener nada que ver. La guerra ahora no tiene nada que ver con aquel conflicto. Estos paralelismos son engañosos y peligrosos. Cuando empecé a trabajar en Stalingrado era el 50º aniversario del final de la II Guerra Mundial, en 1995, y habían publicado muchos libros y ninguno se vendió. Todo el mundo se quedó extrañado del éxito del mío y lo discutí con otros historiadores y con amigos. Una de las conclusiones a las que llegué es que vivimos en una sociedad posmilitar y que la gente, al no tener experiencia en el servicio militar, no sabe cómo funciona esto. Luego hay una fascinación ante la pregunta: ¿qué hubiese hecho de haber estado allí? ¿Hubiese sobrevivido psicológica, física o moralmente? ¿Me hubiese negado a matar prisioneros o civiles si me lo hubiesen pedido? Hay un elemento personal. Pero también había otro que surgió en un debate que se ha producido de nuevo este año: ¿por qué hay tantas novelas británicas ambientadas en el pasado? ¿Por qué funciona tan bien la historia? Robert McCrumb escribió un texto en The Observer en el que decía que los libros ambientados en el pasado tienen tanto éxito porque el gran elemento del drama humano es la elección moral y ahora vivimos en una época donde se plantean muchas menos elecciones morales. Entonces, los escritores deciden ambientar historias en el pasado donde las elecciones morales son posibles. Y la II Guerra Mundial era puro drama humano, en el peor sentido del término. No sólo por los millones de muertos, sino porque millones de vidas cambiaron totalmente durante el conflicto. Cuando estaba trabajando en los Archivos Nacionales franceses, tardé mucho tiempo en lograr el permiso para leer los informes de la DST, la policía política. Había un párrafo en el que se contaba la historia de la mujer de un granjero alemán que fue encontrada en París, sin hablar nada de francés, que había conseguido colarse en un tren que devolvía a Francia a víctimas de campos de concentración. Y la razón es que estaba completamente enamorada de un prisionero francés que trabajó en su granja y con el que tuvo una historia y no podía vivir sin él. Lo siguió hasta París. La cantidad de preguntas que quedan abiertas por este único párrafo es enorme: ¿qué ocurrió con su marido? ¿Cómo mantuvo esa historia de amor ilegal bajo las leyes nazis? ¿Le encontró? ¿Estaba casado? Este párrafo es toda una novela. Y te das cuenta de la importancia de contar la historia desde abajo, porque es la única forma de narrar las consecuencias de los acontecimientos sobre la gente corriente, ya sean soldados o civiles. Son las consecuencias de las decisiones de Hitler, Stalin o de comandantes como Patton o Montgomery.
P. Volviendo al Día D, uno se pregunta leyendo su libro si la invasión fue un éxito de los aliados o un fracaso de los alemanes.
R. Eso se puede decir de todas las batallas, quién ganó y quién perdió. Se ha forjado una idea inexacta de que el Día D tenía que ser necesariamente una victoria y no es así, los peligros eran enormes pese a que los aliados tuviesen una fuerza muy superior. Uno debe recordar que si no llegan a tener esa pequeña ventana en el tiempo que permitió desembarcar el 6 de junio, el desembarco hubiese tenido que retrasarse durante semanas. Y es increíble que los alemanes no utilizasen los submarinos, que la Armada consiguiese cruzar sin bajas. Una lección muy importante es comprender que nada es inevitable, es una lección crucial para todo historiador y tienes que transmitir eso a los lectores. Los planes del Día D fueron meticulosos y todo estaba muy pensado, y aun así se cometieron fallos en el lado aliado. Pero los grandes errores desde el punto de vista de los alemanes tuvieron que ver con elecciones, con saber si los aliados iban a desembarcar en Normandía o el Pas de Calais o si las divisiones acorazadas debían lanzarse hacia las playas o esperar en la retaguardia, que era el gran debate en la cúpula del mando alemán. Y también fueron desastrosas las interferencias de Hitler en la batalla. Pero, una vez que los aliados lograron establecerse en sus cabezas de playa, la suerte estaba echada. Como reconoció Rommel, la batalla se iba a decidir en las primeras 24 horas. De hecho, fue él quien inventó la expresión "el día más largo" y no Cornelius Ryan.
P. ¿Por qué se ha estudiado menos la destrucción que la batalla de Normandía provocó?
R. Bueno, la mayoría de los historiadores franceses reconocen que la batalla de Normandía salvó en realidad al resto de Francia. La estrategia de rechazar cualquier retirada hizo que el Ejército alemán fuese destruido en Normandía y que no luchase durante su retirada. Eso sí, para los normandos fue un desastre.
P. ¿Cuánto tiempo pasó en los escenarios de la batalla?
R. La primera vez que fui al Memorial de Caen pensé que iba a conseguir todo el material en unas dos semanas. Qué optimista. En realidad, me pasé meses en Caen, iba todas las semanas desde Kent. Lo más importante está en el Memorial, porque no sólo es un gran museo, sino que tiene un archivo extraordinario. Se ha concentrado casi todo allí, los soldados alemanes, británicos, canadienses, estadounidenses han enviado allí sus diarios, pero también los civiles franceses. Todos estos testimonios contienen relatos de los bombardeos, del sufrimiento y me pasé semanas y semanas leyéndolos. Mirar el terreno a veces no es bueno porque los escenarios han cambiado tanto que pueden entrometerse en tu imaginación, pero en otras ocasiones no, como ocurre con Omaha Beach, donde se ve muy claramente aquello a lo que se enfrentaban.
P. ¿El papel de la Resistencia en la batalla de Normandía fue más o menos importante de lo que creemos?
R. Tuvieron una contribución importante en el corte de las comunicaciones alemanas. El problema es que la importancia estratégica de las guerrillas es siempre difícil de cuantificar. Eisenhower, de una manera muy diplomática, respondió cuando le preguntaron por el papel de la Resistencia: "Mejor de lo esperado, menos de lo anunciado". Creo que fue injusto, porque el propio Patton reconoció el enorme papel de la Resistencia en Bretaña, por ejemplo, donde fue una resistencia armada, lo que permitió desplazar a algunas de sus divisiones y emplearlas para el ataque en el Sena. Inevitablemente, Normandía no ofrecía las condiciones para una resistencia armada. En parte porque los granjeros normandos eran anti Laval pero bastante pro Pétain. Eran muy conservadores en todos los sentidos de la palabra, no sólo políticamente. Lo que querían era salvar sus granjas y no provocar reacciones de los alemanes. Sin embargo, fueron extremadamente generosos con los refugiados. En los pescadores sí que hubo mucha más resistencia, porque eran totalmente anti Vichy.
P. En cuanto a los comandantes aliados, la imagen de Montgomery en su libro no es muy positiva.
R. Montgomery era una persona muy extraña, psicológicamente muy compleja. Su vanidad era extraordinaria, imposible de concebir. He sido atacado por algunos admiradores de Montgomery y he recibido cartas insultantes, pero muchos otros me han dicho que tengo toda la razón. En una de ellas, un lector me contaba que en el colegio fue Montgomery a dar una charla y que al cabo de un rato se dio cuenta de que un niño se había dormido. Y empezó a gritar: "Profesor, profesor, se ha dormido un niño, tiene que ser castigado". El niño se despertó por los gritos y Montgomery dijo: "Entonces empezaré desde el principio". Eisenhower tuvo el trabajo más difícil de todos, que era mantener unidos a todos estos personajes: Patton, Bradley, Montgomery, que se detestaban entre ellos. Por no hablar de los comandantes de la aviación.



Pagina del Autor Antony Beevor


Todas las fotos fueron tomadas de la pagina de Wikicommons "Operation Overlord".

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Imperios del Mar de Roger Crowley

Recientemente he terminado de leer Imperios del Mar (Empires of the Sea: The Siege of Malta, the Battle of Lepanto, and the Contest for the Center of the World ) es la continuación del libro 1453 dedicado a la caída de Constantinopla, ahora retomamos los conflictos entre dos potencias de principios del renacimiento, el libro se divide en tres partes, comienza con la caída de Rodas, pequeña isla que servía de base de operaciones para la ultima orden monástica militar de los caballeros de San Juan, el emperador otomano Solimán el magnífico no podía permitir que esta orden siguiera comprometiendo sus rutas y su control sobre el mar mediterráneo. Cada nuevo Sultán tenía que agregar un nuevo territorio a su reinado y Solimán siendo el decimo sultán, nacido el decimo año del decimo siglo de la era musulmana, no podía dejar pasar la oportunidad de una nueva conquista, había logrado rendir la fortaleza de Belgrado (agosto de 1521) y ahora ponía sus ojos sobre la isla de Rodas. Con la caída de Rodas(1522) comienza toda una lucha sin cuartel entre la cruz y la media luna, el autor hace un análisis de las fuerzas que quieren controlar el mediterráneo, su situación política y los medios que usaban para controlar las rutas de comercio entre oriente y occidente, el autor irá tejiendo poco a poco los momentos históricos que darán el disparo de salida para el enfrentamiento entre el Imperio Español y el imperio Otomano, se describen los personajes mas importantes y las tramas políticas de Carlos V y su nuevo imperio.


La segunda parte se dedican solo 100 páginas al sitio de Malta(1565), había leído el libro del historiador Ernle Bradford sobre esta gran sitio en la isla de Malta pero me gusto mas los análisis de Crowley, es mucho mas balanceado al momento de hablar sobre los caballeros de San Juan, nada del romanticismo de Bradford, el gran maestro de la orden “La Valette” tenía sus luces y sus sombras como muchos de los corsarios de la orden (Romegas y compañía limitada),los más de 600 caballeros de San Juan logran resistir las embestidas del ejercito otomano(por lo menos 30,000), quienes se habían mal preparado y subestimaron el fervor de la Orden de San Juan(mas tarde orden de malta),sumándole el mal apertrechados que estaban los ejércitos de la sublime puerta y las fuertes diferencias y discusiones entre los lideres otomanos, todos buscando como quedar bien con Solimán el magnífico.L a orden también practicaba abiertamente el pillaje y la piratería, mantenían esclavos en las galeras y eran astutos comerciantes, su labor por mantener la cruzada viva contra los turcos y todos los infieles, creaba sentimientos encontrados entre sus víctimas que no solo eran musulmanas. Para el Papado, los caballeros representaban lo lucha santa contra los enemigos de la cristiandad y eran la última línea de defensa. El Papa Pio II se lamentaba “que si todos los príncipes Cristianos….hubieran demostrado sin cansancios su hostilidad para con los turcos como lo ha hecho la isla de Rodas, los pueblos impíos no habrían crecido en fuerza

Bueno termina el sitio y el ultimo capitulo se convierte en uno de los más interesantes, se arma toda una carrera armamentista en el lado de Estambul, se buscan nuevos territorios y se ponen los ojos sobre Chipre, una isla en las costillas del imperio Otomano que es controlada por la república de Venecia, el Papa Pio V logra unir a la liga santa, se escogen los generales de Cristo y se prepara todo para el gran acto final en Lepanto, algo interesante que tengo que decir que no había leído con anterioridad o si lo leí en algún momento no lo recuerdo, era las dudas que tenia Felipe II en la liga y el no querer exponer a su flota en un combate a gran escala, bueno no es por casualidad que se le llamaba “el prudente”, para ser sincero me gusto el ultimo capitulo por la forma en que el autor va orquestando los vientos que llevaron a la batalla. Todo bien hasta el final, sus conclusiones y análisis finales los siento un poco apurados, después de descargar todo una serie de comentarios apoyados en buenas fuentes directas sobre las tramas políticas entre el Papado, el Rey Prudente, la orden de San Juan y la Serenissima, esperaba un análisis un poco más riguroso sobre el desenlace de los participantes y su impacto en el mediterráneo. Para terminar me gusto mucho el libro, fue una lectura interesante pero creo que se pudo haber sacar más de estos 50 años de conflictos por el control del mar blanco en el siglo XVI.

Como nota aparte También este mes cayo “no es un país para viejos”, me intereso después de ver la película, aunque lo leí el fin de semana y fue una lectura muy fácil, lamento decir que no era lo que esperaba, tal vez por ver la película primero, ya sabía lo que venía y como terminaría, la película sigue muy fielmente el paso de la novela, me gusto mas el ritmo de la Carretera.

Ahora empezamos con la biografía Hitler por John Toland

La obra Ofensora de Hergé

Los problemas judiciales de Tintín... en el Congo .
El ciudadano belga que denunció el cómic de Hergé por racista repite su querella en Francia.
EFE - Bruselas - 01/09/2009

El ciudadano belga de origen congoleño que hace dos años consideró racista el cómic Tintín en el Congo y denunció a la sociedad Moulinsart, gestora de los derechos mundiales de la obra de Hergé (1907 -1983), piensa repetir su querella en Francia, informó este martes Le Figaro .

Mbutu Mondondo Bienvenu, de 41 años, consideró "racista y xenófoba" la actitud del joven reportero rubio de pantalones cortos en Tintín en el Congo (1931) y pidió su prohibición en agosto de 2007, un mes después de que la Comisión británica para la Igualdad Racial pidiese, asimismo, que se impidiese la venta de ese álbum que, en su opinión resalta, "groseros estereotipos raciales". El actual relanzamiento de la acción se produce poco después de que la biblioteca municipal de Brooklyn (EEUU) haya trasladado a Tintín en el Congo junto a otras obras "ofensoras", como Mein Kampf, de Hitler, y Trópico de Capricornio, de Henri Miller, recordó Le Figaro, citando un comunicado de la sociedad Moulinsart.

El nuevo relanzamiento judicial coincide igualmente con el proyecto de los directores estadounidenses Steven Spielberg y Peter Jackson de adaptar al cine las aventuras de Tintin para 2011, según resaltó la empresa gestora. El abogado belga del denunciante, Claude Ndjakanyi, subrayó en declaraciones a Le Figaro que en Bruselas la instrucción dura ya dos años y ni siquiera han tenido acceso al sumario, por lo que mientras última una apelación ante la Justicia del país, prepara una primera querella en Francia. La razón de ese silencio es "política", pues con Tintín y su dibujante, Georges Remi -conocido como Hergé- se ataca "el símbolo de Bélgica", estimó el letrado, cuyo cliente, dijo, está dispuesto a ir hasta el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos si es preciso. Para Mondondo Bienvenu, "ni los niños belgas ni los congoleños deben estar expuestos" al contenido "ofensivo" de esa obra, llena de "estereotipos" humillantes, propaganda colonizadora y paternalismo para con los personajes negros.

Los cómics controvertidos de Hergé

Tintín en el Congo no es el único cómic problemático de Hergé, acusado de antisemitismo y anticomunismo por algunas otras de sus obras, a la vez que celebrado por el carácter ejemplar, modélico y visionario de muchas otras. Según rememora Le Figaro, son cuatro los volúmenes "malditos" del celebérrimo dibujante, quien presentó disculpas y/o modificó algunos episodios de su planetario éxito editorial. Al respecto, Moulinsart destacó la necesidad de juzgar una obra en su contexto, pues Tintín en el Congo fue escrito en 1931, en pleno período colonial.

El recién inaugurado Museo de Hergé, en la población belga de Lovaina la Nueva, muestra algunas de las obras publicadas por el padre de Tintín en el diario Le Soir, controlado entonces por el régimen nazi. Algo que siempre fue motivo de controversia sobre su filiación ideológica, aunque Hergé negó también siempre toda afinidad con el nazismo.

Tintín en el país del oro negro es el cómic más controvertido de todos y a la vez absolutamente visionario, al intuir que la cuestión petrolera estaba relacionada con el equilibro mundial, y evocar las tensiones tripartitas entre ingleses, árabes y judíos en Oriente Medio.
por contener material que es ofensivo para las personas de raza negra.(ingles)
En su momento Hergé se defendió de las acusaciones afirmando que el álbum muestra únicamente los puntos de vista vigentes en la época en que escribió el álbum.En el momento de su primera publicación, el Congo era la principal colonia belga lo que influye notablemente en el argumento del libro. Cuando la obra se reeditó en color, en 1946, fueron suprimidas varias referencias al dominio belga del Congo, lo que contribuyó a suavizar el tono del álbum, pero no consiguió evitar las críticas, que se agudizaron con el recrudecimiento de los problemas coloniales en los años 1950 y la posterior descolonización.
Aqui pueden ver una de las viñetas del comic donde se representan a los africanos como perezosos y poco inteligentes

Adolf Hitler, el 'hombre desesperado' y una entrevista con David Solar

Cuando el armisticio de 1918 entre los Aliados y la República Alemana, Adolf Hitler yacía herido y medio ciego en un hospital de Pomerania. Había sido un cabo valeroso en las trincheras de la Primera Guerra Mundial y recibía un tratamiento médico para soldados gaseados. Después de conocer la derrota, escribió: "La noche cayó ante mis ojos y, a tientas, a tropezones, regresé al dormitorio y hundí mi cabeza ardiente bajo la manta y la almohada".

El historiador David Solar, que ya ha escrito una biografía del personaje, presenta ahora '1939. La venganza de Hitler' (La esfera de los libros). Solar dice de él que era un "hombre desesperado". El libro trata de vivificar los primeros pasos hacia la culminación de esa desesperación, inyectada a todo el mundo con las maneras histriónicas del nazismo, de la guerra.
Aparte del aniversario, y de la oportunidad de las fechas, al autor trae a colación un pánico muy concreto del año 39. En primer lugar, es el año de un pulso moral. Hitler era la boa que, en palabras de Churchill, hacía la digestión de territorios. La inquietud era una red eléctrica internacional que sacudía todas las embajadas. "En Europa no hay respeto, sólo hay miedo", dijo Hitler como intuyendo algo.


Se había comido Austria, los Sudetes, después los protectorados de Eslovaquia, Bohemia-Moravia. El Führer miraba hacia Danzig como otro pedazo que cobrarse del agravio de Versalles, origen y larva de la venganza del hombre desesperado. Leitmotiv también del cuadro nervioso que nos pinta ahora Solar, que tiene la virtud de contar lo pasado como si fuera de ahora, como si fuese inminente.

Pero, nos recuerda el autor, Hitler estaba "aterrado ante la posibilidad de dos frentes. Y se lo hubiese pensado mucho si no hubiese contado con el pacto con la URSS". El Pacto Ribbentrop-Molotov, del 23 de agosto de ese año dio vía libre. Durante los primeros 3 días de septiembr, la Wermacht avanzó su guerra relámpago hasta el corredor de Danzig. El 17 la URSS embistió a los polacos desde Oriente.

El ejército alemán no confiaba en su gloria hasta que se arrasó a la atrasada caballería polaca. Con las declaraciones de guerra desde Londres y París, la bravata se hacía más seria. Solar cuenta como los generales no estaban tan seguros de las escala que adquiría el duelo. Von Brauchitsch y Franz Halder, jefes de la Wermacht y del Estado Mayor respectivamente, pretendieron retrasar la operación de Francia (el 'Plan Amarillo') y fueron ninguneados. Justamente esa fue la maniobra alemana más brillante de la guerra, según Solar, y Hitler, el cabo de la guerra del 14, alcanzaría su Olimpo.

Pero su venganza se extendía a todos los que propiciaron la derrota aquella, los traidores internos. No era sólo Francia, eran, como es sabido, los comunistas y los judíos (aunque se puede ser ambas cosas simultáneamente). "A Hitler no le dejó ninguna novia judía, no le arruinó ningún negociante judío", explica el historiador. Aquella fijación tenía un punto de gratuito, pero según opina, el antisemitismo fue una fiebre suya que fue afilando crecientemente según apreciaba el éxito popular que tenía.

El preludio español

Además David Solar hace un puente en su libro, y cuenta el papel del Tercer Reich en la sangría de España, que iba a dar el relevo a todo el resto. Frente a eso que se habla de ensayo militar de la Segunda Guerra Mundial en la península, Solar le concede de una minúscula relevancia internacional.

"Los alemanes no aprendieron nada aquí", explica. El bombardeo de Guernica, tan famoso, que dejó un centenar y pico de muertos, no fue un antes y un después en semejante técnica de matar. El autor considera que, por ejemplo, los bombardeos y gaseos que el ejército británico precipitaba sobre los kurdos desde 1922, ya habían explorado estos cauces mortíferos del cielo en llamas. Madrid y Barcelona, a su lado, fueron mucho más maltratadas. Y no hay punto de comparación con pulverizaciones de decenas de miles de muertos como la de Varsovia, y luego Dresde y Hamburgo. Por su parte, aparte de técnicas de represión, los soviéticos no aportaron demasiado. Ni los italianos.

Empezaban las tempestades de acero y la guerra blindada poco tenía que aprender de nuestro zafarrancho. Hitler en 1939 pasaba de los miedos a la certeza de algo que, felizmente, al final no iba a resultar. Era el año del inicio de la guerra submarina y del camino a la dominación mundial, el año que abría un proyecto desesperado y desproporcionado, largamente larvado, desde aquel hospital de soldados de Pomerania. Algo que pensaría bajo la almohada. Es complicado que la ficción pueda proponer una historia más apasionante.

'1939. La venganza de Hitler', David Solar. La Esfera de los Libros. 29 euros.


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Ademas incluimos una entrevista corta para El Cultura.es

Los países democráticos pudieron parar a Hitler muchas veces.

El historiador y ex director de La aventura de la Historia presenta hoy su libro "1939. La venganza de Hitler"Daniel Arjona Setenta años después de la invasión nazi de Polonia, David Solar presenta hoy 1939. La venganza de Hitler (La Esfera de los Libros), el trepidante relato de cómo la derrota de Alemania en la Gran Guerra y las humillantes reparaciones que se le impusieron en Versalles hicieron mella en un joven pintor fracasado que rumió incesablemente su venganza hasta que, 20 años después, despeñó al planeta por el más devastador conflicto conocido, la II Guerra Mundial. David Solar, periodista e historiador, director hasta su reciente jubilación de la revista La Aventura de la Historia, la más vendida de nuestro país en su género, continúa aquí con sus estudios centrados en la guerra entre los Aliados y el Eje a la que ya dedicó obras como Un mundo en ruinas, La caída de los dioses y El último día de Adolf Hitler.

PREGUNTA.- ¿Fue la obsesión de Hitler la principal desencadenante de la Guerra? RESPUESTA.- Yo así lo creo y la documentación no deja lugar a dudas. Hitler no trató sólo de recuperar las pérdidas alemanas tras la Gran Guerra. él quería mucho más, lo quería todo, el lebensraum del que habla en Mein Kapf y, sobre todo, la venganza.

P.- ¿Cuánta culpa tienen los gobiernos democráticos europeos por no haberle parado los pies a Hitler cuando todavía estaban a tiempo? R.- Los países democráticos pudieron haberle parado los pies muchas veces. Remilitarizando Renania, por ejemplo. O plantando cara al Anschluss (la anexión de Austria por Alemania en la primavera de 1938). O en Múnich si hubieran apoyado a Checoslovaquia, tal vez los nazis no se hubieran atrevido con las buenísimas fortificaciones checas y sus fábricas de armamento. Pero no lo hicieron. Por el miedo cerval que sentían ante Hitler y por pensar que ya se habían quedado atrás en la carrera de armamento, que habían perdido el tiempo. Y era cierto.

P.- En 1939 concluye también la Guerra Civil Española con la victoria franquista. ¿Es ésta, como se ha dicho, un ensayo de la II Guerra Mundial? R.- No tiene nada que ver. La Guerra Civil Española fue una guerra de pobres. Aquí no se ensayaron guerras de tanques, por ejemplo, siempre actuaron aisladamente y los franquistas no llegaron a tener más de un centenar de ellos. Fue una guerra miserable y de muy pocos medios. En 1940, como mucho 200.000 de los hombres que luchaban en Europa habían tenido algo que ver con la Guerra Civil. Y en aquellos momentos las fuerzas en combate sumaban más de 4.000.000 de hombres.

P.- Una de las causas principales que llevaron al auge del nazismo y a la Guerra fue la gran depresión de los años 30. ¿Podría propiciar la crisis actual el surgimiento de soluciones autoritarias? R.- No, el mundo es tan distinto que cualquier comparación es inimaginable. Las potencias de entonces iban cada una por su lado. EE.UU. aislada, Francia e Inglaterra entonando el "sálvese quién pueda", Alemania, con seis millones de parados entregándole sus destinos a Hitler... Hoy, lo cierto es que los países del mundo desarrollado buscan soluciones colectivas, mantienen numerosas reuniones y persiguen constantemente el acuerdo.