viernes, 31 de julio de 2009

Espartaco y Pepsi

El esclavo tracio que lidero una gran rebelión de gladiadores contra Roma, conocida como Tercera Guerra Servil pero me gusta mas el nombre que le da Plutarco “Guerra de los Gladiadores” ha sido fuente de inspiración para muchos revolucionarios y pensadores que fueron convirtiendo la imagen del líder de la revuelta en un símbolo contra la esclavitud, Marx, Che Guevara, lo nombraron héroe, la realidad es que poco se conoce de los orígenes del líder de los Esclavos.

Mejor dejemos al buen Apiano para que nos diga un poco mas sobre este problemático esclavo:

"Al mismo tiempo, Espartaco, un Tracio de nacimiento, que habían servido como un soldado con los romanos, pero desde hace algún tiempo había caído como prisionero y fue vendido como gladiador, cuando estaba en la escuela de gladiadores de Capua , persuadió a unos setenta de sus compañeros para que se rebelaran por su libertad y para que no siguieran siendo la diversión de los espectadores. Superaron a los guardias y huyeron, se armaron con palos y puñales que les quitaban a las personas que se encontraban en los caminos, y se refugiaron en el Monte Vesubio. Ahí se le unieron muchos esclavos e inclusive hombres libres, con los cuales saquearon todas las comarcas vecinas, " Apiano, Guerras Civiles, 1.116.

Encontré este video publicitario de Pepsi, usando imágenes de la película de Stanley Kubrik “Spartacus”, la idea esta tremenda,

paseando por Matagalpa


Foto de Andreu1917, tomado de su pagina en Flickr, para ver sus fotos, AQUI

jueves, 30 de julio de 2009

El corresponsal más leído, Ernie Pyle



Ernie Pyle. «El cuerpo yació solo durante un largo tiempo en una zanja situada al borde del camino. Los hombres esperaban a una distancia segura, buscando una oportunidad para retirar el cuerpo pero el servidor de la ametralladora, todavía oculto, batía el área cada vez que alguien se movía». Así describiría James Tobin años después la manera en que Ernie Pyle, uno de los corresponsales de guerra más famosos de la última contienda mundial, había quedado sin vida merced a la acción de un francotirador japonés en la isla de IeShima, cerca de Okinawa. Sin embargo, la descripción podía haber resultado adecuada para cualquier corresponsal muerto en cualquier guerra. En buena medida, en Ernie Pyle se hubieran reconocido muchos. Había nacido el 3 de agosto de 1900 en la granja de Sam Elder, un enclave agrícola de Indiana. Hijo único de una familia de agricultores, supo, sin embargo, desde el principio, que no continuaría la tradición paterna de «mirar la parte sur del caballo que se dirige hacia el norte». Acabó así los estudios primarios y, cuando en 1917 Estados Unidos entró en la I Guerra Mundial, se presentó voluntario.Concluyó su entrenamiento como marino pero la firma del armisticio le impidió combatir. En 1919 se matriculó en la universidad de Indiana con la intención de estudiar periodismo. No acabó los estudios ya que en 1923 aceptó un trabajo como reportero en el LaPorte Herald. Duró allí pocos meses. El Washington Daily News le ofreció dos dólares y medio más por semana y Pyle no dudó en aceptar. La relación profesional se vio rota temporalmente cuando en 1925 contrajo matrimonio con Geraldine Siebolds Jerry y decidió recorrer con ella el país. Llegaron a viajar 15.000 kilómetros en diez semanas pero en 1927, Pyle se había reincorporado a su trabajo en el Washington Daily News, comenzando a escribir una columna diaria relacionada con la aviación. Durante los años treinta Pyle cruzaría el continente 35 veces y escribiría una serie de artículos extraordinarios sobre la vida en Estados Unidos.Para ese entonces, Pyle gozaba ya de un enorme reconocimiento nacional y de un matrimonio trágico. Desde 1937 Jerry comenzó a padecer de profundas depresiones que la precipitaron a un consumo abusivo de tranquilizantes. A esas alturas, Pyle ya estaba alcoholizado pero decidió intentar ayudar a su esposa y en 1940 ambos se afincaron en Albuquerque. La idea, en apariencia buena, estuvo teñida de tragedia. Durante los meses siguientes, Jerry intentó suicidarse dos veces, una con el horno de gas de la cocina y otra encerrándose en el cuarto de baño y cortándose el cuello con unas tijeras.No se divorciaron porque se amaban profundamente pero en adelante sólo vivirían juntos en los breves intervalos en que Ernie regresaba a casa. Su unión, incluso en la distancia, era tan fuerte que Jerry apenas sobrevivió unos meses a Ernie.

Aquel mismo año de 1940, un Ernie Pyle destrozado íntimamente se desplazó a Gran Bretaña para informar de la batalla de Inglaterra. Describió el bombardeo de Londres como «la escena más odiosa y más hermosa que he contemplado nunca». Cuando un año después EEUU entró en guerra, Pyle acompañó a los aliados en el desembarco en el Norte de África. El 10 de mayo de 1943, el Washington Daily News publicaba un artículo suyo en el que se mostraba incluso amable para con los alemanes: «Humanos como cualquier otro, amistosos y un poco vanidosos».

Durante los años siguientes vendrían la campaña de Sicilia, el salto a la península italiana y, finalmente, el desembarco en Normandía. Pyle supo contar como nadie a los norteamericanos lo que sucedía al otro lado del Atlántico, pero lo hizo especialmente describiendo las vivencias de los combatientes de a pie. Podía entrevistar a un general como Omar Bradley o intimar con un piloto pero todos sabían que sus preferencias estaban con la infantería.Pyle la definió como «los muchachos de barro lluvia helada y viento» y añadió: «Aprenden a vivir sin lo más indispensable. Y a fin de cuentas son los tíos sin los que no se pueden ganar las guerras».Ese don especial de Pyle fue captado inmediatamente por una franja inmensa de población. Refiriéndose a él, John Steinbeck, el premio Nobel de Literatura, dijo que existían dos guerras. Una era la de los mapas, la estrategia, las divisiones. Ésa era la guerra del general Marshall. La otra era «la guerra de los hombres que añoran el hogar, que son graciosos, violentos, corrientes, que lavan los calcetines en los cascos, se quejan de la comida y lo hacen con humor y dignidad y valor, y ésa es la guerra de Ernie Pyle». Su columna, que aparecía en 400 diarios y 300 semanarios, terminó teniendo un peso social innegable. Cuando en 1944 escribió desde Italia que los soldados de tierra debían recibir una «paga de combate» en nada inferior a los pilotos, creó una auténtica conmoción social. En mayo el Congreso aprobó que se otorgara a los soldados un 50% de paga extra si estaban en situación de combatientes. Sería conocida como la «ley Ernie Pyle».

Al acercarse el momento del desembarco aliado en las playas de Normandía, tan sólo se permitió que 28 corresponsales de guerra norteamericanos de los 450 afincados en Londres acompañaran a las tropas. Ernie Pyle fue uno de los seleccionados y sus crónicas estuvieron entre las mejores. La batalla de Normandía resultó extraordinariamente dura. El 5 de septiembre de 1944, la columna de Pyle tenía el título Los nervios de guerra obligan a Ernie a tomarse unas vacaciones por razones de salud. En el texto, escrito desde París, Ernie Pyle afirmaba que aquella era «la última de estas columnas desde Europa» y realizaba un análisis de su situación personal y de la guerra. Llevaba ya 29 meses en ultramar, había escrito unas 700.000 palabras y pasado cerca de un año en la primera línea de combate. Odiaba tener que marcharse pero se veía obligado a tener que recomponer sus maltrechos nervios.No podía afirmar lo que la guerra iba a durar todavía pero lo que sí podía decir era que el empecinamiento de Alemania en seguir resistiendo era un «suicidio nacional». Esa absurda testarudez había tenido como consecuencia que los soldados del frente que no estaban acostumbrados a odiar a los alemanes hubieran terminado por hacerlo.

No exageraba. Tan sólo un día antes Pyle se había referido en su columna a las bajas que había sufrido la unidad a la que había acompañado desde el desembarco en Normandía. Había estado compuesta por 31 hombres y dos oficiales. A lo largo de siete semanas, habían tenido nueve muertos y 10 heridos. Había visto demasiadas muertes acaecidas tan sólo a unos pasos como para no saber que se jugaba la vida. Antes de dejar Europa en 1945 escribió a un amigo diciéndole que aunque intentaba minimizar los riesgos el suyo era un trabajo que nunca se podía llevar a cabo con una total seguridad. A su esposa le había contado que aunque estaba «muy harto de la guerra y me gustaría dejarla, sin embargo, sé que no puedo». De haberse marchado a casa, como muchos esperaban, se habría sentido como «un soldado que deserta».El hecho de recibir el Premio Pulitzer o de que el Time lo aclamara como «el corresponsal de guerra más ampliamente leído de América» no parece que supusieran ningún consuelo para él. Sólo deseaba que concluyera aquella inmensa matanza de gente a la que apreciaba.

Su siguiente destino fue el Pacífico. Desembarcó en IeShima al lado de un grupo de marines y allí encontró la muerte a manos de un francotirador. Su cuerpo permaneció solo durante un buen rato antes de que un compañero pudiera llegar a su lado y fotografiarlo.De no ser por un hilo de sangre se hubiera dicho que estaba más dormido que muerto. En sus bolsillos, los marines encontraron el borrador de una columna que pensaba publicar cuando concluyera la guerra. En ella expresaba el horror que sentía tras haber visto «hombres muertos en producción masiva en un país tras otro mes tras mes y año tras año». Camaradas de aquellos hombres colocarían en el lugar donde había encontrado la muerte una sencilla placa recordándole: «En este lugar, la 77ª división de infantería perdió a un amigo, Ernie Pyle, 18 de abril de 1945».

lunes, 27 de julio de 2009

Un poco de Percusión Egipcia

La darbuka o derbake es un instrumento de percusión de origen árabe usado en todo el Medio Oriente. Pertenece al grupo de los tambores de copa. También suele ser llamado toballe ( se pronuncia tob-bale o tubale, especialmente en Palestina (región)), zarb y dumbek (o tombak), que deriva de los dos sonidos principales que forman la base de su técnica: un sonido grave (dum) y otro agudo (tac), además de los redobles, que en árabe se llaman harakat y se los nombra como "tákatak". En Egipto se lo llama Tabla, con una palabra árabe genérica para designar instrumentos de percusión


Harry Patch, la última memoria de las trincheras

Fallece a los 111 años el último soldado de infantería que quedaba vivo del frente occidental de la Primera Guerra Mundial
BERNARDO MARÍN - Madrid - 26/07/2009
Nadie recuerda ya el infierno de sangre y fango que se vivió en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. El británico Harry Patch, el único soldado que quedaba vivo de aquella guerra de posiciones en el frente occidental murió el sábado por la mañana a los 111 años en la residencia de Wells (Somerset, al suroeste de Inglaterra) donde residía. Con él se extingue la memoria de uno de los episodios más terribles de la historia de la humanidad, el horror sin precedentes de millones de hombres recluidos en agujeros y empantanados en una guerra de posiciones en el fuego cruzado del frío, las balas y las enfermedades.

"Ha tenido un final tranquilo y ha muerto en paz", aseguraba por correo electrónico a este periódico Nick Fear, quien fuera su amigo y contacto con el mundo exterior. Según Fear, en los últimos meses la salud de Patch había empeorado y había perdido casi totalmente el oído, aunque seguía gozando de buen humor. En agosto de 2008 su médico le aconsejó rechazar ya cualquier entrevista con la prensa, aunque siguió participando en actos de homenaje a sus compañeros. El 11 de noviembre de ese año pudo vérselo sonriente junto a sus camaradas Bill Stone y Henry Allingham en Londres en la ceremonia que recordaba el 90 aniversario del fin de la Gran Guerra. La foto, con los tres veteranos en silla de ruedas, es ya irrepetible. Stone, que sirvió en la marina, murió el 10 de enero de este año a los 109 años. Y Allingham, último superviviente de la batalla de Jutlandia, falleció hace apenas una semana, el 18 de julio a los 113.
Patch había nacido en Combe Down, cerca de Bath, el 17 de junio de 1898. Dejó la escuela para hacerse fontanero pero cuando cumplió 18 años tuvo que ingresar en el Ejército para servir en la Guerra. Su destino fue manejar una ametralladora del cuerpo de Infantería Ligera del Duque de Cornualles y fue enviado a Ypres, en Bélgica, donde los alemanes habían usado en 1915 por primera vez los gases venenosos. Allí se libraba la tercera batalla de Ypres, conocida también como de Passchendaele, una de las más terribles de la guerra. Solo en aquel sector se calcula que murieron en los cuatro años de guerra unos 300.000 soldados británicos. Patch tuvo mejor suerte: en septiembre de 1917 fue herido en la ingle por un proyectil alemán que mató a tres de sus cuatro compañeros de ametralladora y pasó el resto de la guerra en un hospital de la isla de Whigh. 90 años después, en el cementerio de guerra de Flandes comentaría su perplejidad por ser el único superviviente de aquella carnicería. "Cualquiera de ellos podría haber sido yo", dijo entonces, "millones de hombres vinieron aquí a luchar y es increíble que yo sea el único que quede vivo".
Después de la guerra volvió a su trabajo como fontanero y en 1919 se casó con una joven que había conocido cuando se recuperaba de sus heridas, Ada Billington. No participó en la Segunda Guerra Mundial -tenía ya 42 años cuando Inglaterra le declaró la guerra a Hitler- pero se apuntó como bombero voluntario para apagar los fuegos que causaban los bombardeos alemanes. Con Ada, que murió en 1976, tuvo dos hijos, que tampoco le han sobrevivido. En 1980 volvió a casarse, pero su nueva mujer, Jane, falleció cuatro años después. En sus últimos años tuvo una tercera pareja, Doris, compañera de la residencia y muerta hace dos años.
A Patch no le gustaba hablar de la guerra que le tocó vivir, y que según él no mereció la pena. Odiaba recordar aquellos agujeros "de seis pies de alto por tres de ancho" donde se paseaban "ratas del tamaño de gatos". La consideraba una "disputa familiar": el rey Jorge V de Inglaterra era primo hermano del Zar Nicolás II y del Kaiser Guillermo II. De hecho durante décadas no habló del conflicto ni con su mujer, ni volvió a ver una película bélica. Sólo cuando ya rondaba los 100 años cambió de opinión al darse cuenta de que sus compañeros veteranos empezaban a convertirse en "una especie en extinción". El punto de inflexión se produjo en 1998, cuando participó en un programa de testimonios de soldados organizado por la BBC. A partir de ahí, y a medida que se reducía el número de ex combatientes, se fue convirtiendo en una celebridad en Reino Unido. El pasado 9 de marzo, en una de sus últimas apariciones públicas, Patch recibió la Legión de Honor, en grado de oficial, de manos del embajador de Francia en Reino Unido.

En agosto de 2007 vio la luz su autobiografía, The Last Fighting Tommy. Parte de sus vivencias en el frente habían sido recogidas también en Last Post, publicado en 2005 por Max Arthur con testimonios de 21 supervivientes británicos de la Primera Guerra Mundial. Entre sus recuerdos más vívidos del campo de batalla estaba la muerte de un compañero que agonizaba en tierra de nadie y que le pedía que le disparara para acortar su sufrimiento. Antes de que pudiera sacar su arma, el soldado murió pronunciando la palabra "madre". Pero no era un grito de dolor, sino de gozo y sorpresa, cómo el de alguien que encuentra a un conocido de forma inesperada. Después supo que la madre del militar había fallecido hacía tiempo y comprendió entonces que "la muerte no es el final". "Creo desde ese día", decía en su relato para Last Post, "que la palabra madre es la más sagrada en lengua inglesa".
En el mismo libro relataba cómo él y su compañero Bob mantenían siempre el arma -la ametralladora- apuntando hacia abajo, para herir en las piernas pero no matar a sus enemigos. "Creo que nunca maté a un alemán", contaba. Otra anécdota, confirmaba el carácter pacífico y sensible del soldado: cuando disparó en el hombro, y luego sobre la rodilla, para no acabar con la vida de un soldado enemigo que venía hacia él bayoneta en mano.
Tras la muerte de Patch sólo queda vivo un veterano británico de la I Primera Guerra, Claude Choules, de 108 años, que sirvió en la marina y en la actualidad vive en Australia. Además, quedan otros dos supervivientes de aquella guerra reconocidos por sus respectivos Gobiernos, un canadiense y un estadounidense, aunque ninguno de ellos estuvo en las trincheras. Las principales autoridades de Reino Unido han lamentado el fallecimiento. "Nunca olvidaremos la valentia y el sacrificio de su generación, que sigue siendo un ejemplo para todos nosotros", ha dicho la Reina Isabel II. El Principe de Gales, el primer ministro, Gordon Brown, o el líder conservador, David Cameron, también han tenido palabras de reconocimiento para Patch.

El duelo también ha llegado internet. Se cuentan ya por centenares los mensajes de condolencia en el grupo Harry Patch Appreciation Sociaty de Facebook, que tenía hasta ayer más de 2.300 miembros. Tras conocerse el fallecimiento se creó otra decena de grupos en la misma red social en recuerdo del soldado, que en pocas horas congregaron a más de 3.000 seguidores. Allí se multiplican los pésames, las alabanzas al soldado y se debatía la idea lanzada en el blog de Damian Thompson, en el Daily Telegraph, apenas una hora después de anunciarse la muerte: ¿Debería ser honrado Patch con un funeral de Estado? Varios internautas recordaban que el fallecido, por pura modestia, había rechazado esta posibilidad en sus memorias. Otros proponían aprovechar su muerte para rendir un homenaje conjunto a todos los soldados de la Gran Guerra y no contravenir así el último deseo del fallecido. A la espera de una decisión de la familia, un portavoz del ministerio de Defensa anunció ayer que el funeral se celebraría en la catedral de Wells en una ceremonia centrada en la paz y la reconciliación.

Last Fighting Tommy

Muere el último soldado británico que lucho en la primera guerra mundial, Harry Patch también conocido como el “ultimo tommy combativo” (Last Fighting Tommy) los soldados británicos que participaron en este primer gran conflicto que definió el siglo XX, era llamados Tommies o Tommy, el origen del nombre es un tema de debate entre los historiadores, aunque el nombre era usado antes de la primera guerra mundial para llamar a las tropas de infantería, el nombre se popularizo durante este conflicto. El escritor británico Rudyard Kipling escribió un poema titulado “Tommy Atkins”, en 1892 pero hay referencia al nombre desde antes de las guerras Napoleónicas. El soldado Patch sirvió en el 7th Regimiento del Duke of Cornwalls Light Infantry, acababa de cumplir 111 años el 17 de Junio, además de ser el tercer hombre más viejo del mundo. Vivió durante dos siglos, el reinado de seis monarcas y el gobierno de veinte Primeros ministros de Inglaterra. Participo en la batalla de Passchendale, fue herido y dejo el frente en 1917, durante la segunda guerra mundial sirvió como bombero voluntario durante los bombardeos de la Luftwaffe. Una de sus frases que más me ha gustado por definir el espíritu de un verdadero veterano de “la guerra que acabaría con todas las guerras”, es la que resume como eran las carnicerías durante las cargas contra la trincheras alemanas, “Si un hombre te dice que subió a la cima y no tenía miedo es un maldito mentiroso”. (If any man tells you he went over the top and he wasn't scared, he's a damn liar). Cuando se refiere a subir a la cima, imagino que es salir de la trincheras que cubrían aun hombre de estatura promedia. El funeral de Patch será en la abadía de Westmister el 28 de julio. Deja una autobiografía co-escrita con Richard Van Emden, “The Last Fighting Tommy: The Life of Harry Patch, the Only Surviving Veteran of the Trenches”.

El último tommy celebra su cumpleaños 111, junto con una banda de música

domingo, 26 de julio de 2009

Historia de la Comida.

Lo menos que puede esperarse de un historiador de la comida es que le guste comer. Felipe Fernández-Armesto lo reconoce: “Soy una persona que come mucho”, y apostilla: “Hoy en día comemos fatal”. Este catedrático de Historia Mundial y Medioambiental en el Queen Mary College mantiene un abierto sentido del humor, que trasciende su aire de profesor. Su Historia de la Comida (Tusquets) le ha proporcionado reconocimiento en los últimos años, precisamente por haberse atrevido con un tema que su gremio no consideraba digno de estudio. “Estaba casi abandonado por los historiadores y a fin de cuentas es el aspecto más fundamental de la vida, porque no hay vida sin comida”, recuerda.
La comida le ha hecho además abandonar su cátedra Príncipe de Asturias en el Departamento de Historia de la Universidad de Tufts, en Boston (EEUU), donde ha trabajado los dos últimos años, para disertar en Madrid sobre La alimentación y la humanidad, con motivo del primer aniversario del instituto Tomás Pascual Sanz para la Nutrición y la Salud.El historiador explica que, si bien todos los animales comen, el Homo sapiens es el único que ha creado una cultura propia a base de la preparación de los alimentos. El uso del fuego, por ejemplo, es exclusivo del ser humano. “Los primeros hallazgos arqueológicos son de hace unos 150.000 años, que coinciden más o menos con la emergencia del Homo sapiens, así que la cocina está muy relacionada con la ciencia de nuestra especie. Y, por lo que sabemos, aunque otros homínidos disponían del fuego, no tenemos pruebas de que practicaran la cocina”, explica.
La variedad de alimentos que ha ido recibiendo el organismo humano no ha dejado de crecer desde entonces. Al buscar nuevos tipos de comida, mediante la agricultura o la ganadería, la especie ha modificado de forma radical el planeta. “Hemos logrado influir en el medio ambiente desafiando a la evolución, creando especies que son producto de un proceso de selección basada en los objetivos del ser humano, convirtiendo desiertos en jardines y jardines en desiertos. El ejemplo más apabullante es el de las praderas norteamericanas; hasta casi mediados del siglo XIX se consideraban como terrenos estériles y ahora son el gran granero del mundo, con una producción enorme de cereales”, relata Fernández-Armesto.
El tamaño no importa.
Algunos expertos defienden que el organismo humano también ha evolucionado en función de los diversos alimentos, alguno tan decisivo como la carne, que ha ido incorporando a su dieta tras varios milenios. Fernández-Armesto tiende a quitar importancia a las teorías antropológicas que atribuyen al aporte proteínico de la carne el crecimiento del volumen cerebral de la especie: “Para mí esto del tamaño del cerebro no tiene gran interés; cerebros pequeños son capaces de abarcar grandes pensamientos”. La influencia de la carne, afirma, va por otro lado: “Alimentarse de carne tiene que ser un acto social. Para aprovechar los cadáveres animales hay que colaborar, hay que practicar la competencia, vigilar para que no intervengan otros animales carroñeros… Debió de influir mucho a la hora de forjar comunidades”.
Desde que estas comunidades comenzaron a evolucionar, sus culturas y su alimentación pasaron a ser una misma cosa. De hecho, ha sido la cultura lo que ha determinado en cada momento y lugar qué se podía comer y qué no; hubiese o no una razón justificada para ello: “Elegimos lo que comemos según nuestras normas culturales y éstas suelen ser irracionales. Los tabúes son el gran ejemplo. La importancia de un tabú consiste en su irracionalidad, porque su significado es cultural y por practicar esos tabúes irracionales te identificas con tu propia comunidad. Si fueran razonables, los adoptaría todo el mundo”.
"No veo nada en contra del canibalismo, siempre que el cadáver que te pongas a comer haya muerto antes de un modo decente"
Interrogado sobre el mayor tabú alimentario, la ingesta de carne humana, ríe abiertamente: “Es interesante moralmente, yo no veo nada en contra del canibalismo, siempre que el cadáver que te pongas a comer haya muerto antes de un modo decente… Es algo normal en las sociedades humanas; casi todas lo han practicado en una etapa determinada de su historia”.
Fernández-Armesto precisa que el canibalismo, salvo en contextos de guerra o hambruna extrema, casi nunca se utilizó como forma de alimentación. “Lo normal es que el canibalismo se practique por motivos morales, para apoderarse de las características de las personas que se come; por vengarse de los enemigos, o bien por respeto a los muertos de la propia comunidad, porque comerse a otro ser humano es una muestra de piedad, una forma de evitar que se los coman los gusanos, por ejemplo”, concluye.


Datos Biograficos de Felipe Fernandez

Felipe Fernández-Armesto nació en Londres en 1950. Doctor en historia por la Universidad de Oxford, donde ha desarrollado su carrera profesional, es profesor en la Universidad de Londres y en la Tufts University de Massachusetts y ha impartido clases en Yale, Columbia y Cambridge. Ha obtenido numerosos premios como investigador, entre ellos el de la Sociedad Geográfica Española. De sus libros, traducidos a veintitrés idiomas, destacan los títulos Colón (1992), Millenium (1995), Civilizaciones (2002), Barcelona: mil años de historia (2006) o Los conquistadores del Horizonte. Una historia mundial de la exploración (2006). Su Historia de la comida, publicada por Tusquets Editores, mereció el Premio Nacional de la Academia Española de Gastronomía a la mejor obra de 2004.
Articulo tomado del periodico el Publico.