sábado, 1 de octubre de 2011
El Príncipe Rojo, la vida secreta de un Archiduque de la familia Habsburgo
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Los saberes culinarios del señor Cunqueiro
viernes, 9 de septiembre de 2011
Eva y Adolf, nuevo libro sobre la amante del Dictador
jueves, 8 de septiembre de 2011
El Secuestro de Edgardo Mortara por David I. Kertzer
miércoles, 20 de abril de 2011
Una guerra muy literaria.
Hablando con unos amigos sobre si la Primera Guerra Mundial fue una de la guerras mas Literarias, me encontré con una buena cantidad de poemas muy bellos que explican muy bien el sentimiento de la post guerra y sus efectos, el primer poema es de Philip Larkins, lleva el nombre de 1914 también es conocido como “Never such innocence again” (MCMXIV), los animos con que los soldados marchaban hacia el frente de batalla, la alegría que se sentía y el optimismo que se vivía eran en verdad muy inocentes, el choque fue horrible, las batallas se detenían por días o meses en un punto muerto, miles morían en horas por unos kilómetros de tierra que eran perdidos horas después por una oleada de jóvenes soldados de infantería, mejor nombre no se le pudo dar a estos territorios que nunca podían ser conquistados, “tierra de nadie”, ya sea porque nadie lograba pasar o porque nadie quedaba vivo. EL otro poema es “Tengo una cita con la muerte” (I have a rendezvous with Death) del norteamericano Alan Seeger, hay una traducción de este poema en español pero no es muy buena, el poema habla sobre una cita con la muerte en alguna trinchera perdida, el autor vivía en Paris cuando estallo” la Gran Guerra que acabaría con todas las guerras”, se unió a la Legion extranjera para poder luchar en el frente, murió en 1916. Aunque oficialmente los vencedores fueron los Aliados, después de Nueve millones de muertos, toda una generación perdida y marcada con el trauma de la postguerra, el único que venció fue la GUERRA, a la guerra no se le puede vencer, ella fue la que gano y seguiría ganando. En palabras del Edmund Blunden después de ver el campo de batalla en el Somme, "by the end of the day both sides had seen, in a sad scrawl of broken earth and murdered men, the answer to the question. No road. No thoroughfare. Neither race had won, nor could win, the War. The War had won, and would go on winning". Esta última frase resulto profética, la Primera Guerra Mundial solo fue un campo de pruebas para lo una Guerra total que vendría a mayor escala, mas muertos, más heridos y mas destrucción, después de esto nada sería igual.
MCMXIV by Philip Larkin (1922-1985)
Those long uneven lines
Standing as patiently
As if they were stretched outside
The Oval or Villa Park,
The crowns of hats, the sun
On moustached archaic faces
Grinning as if it were all
An August Bank Holiday lark;
And the shut shops, the bleached
Established names on the sunblinds,
The farthings and sovereigns,
And dark-clothed children at play
Called after kings and queens,
The tin advertisements
For cocoa and twist, and the pubs
Wide open all day--
And the countryside not caring:
The place names all hazed over
With flowering grasses, and fields
Shadowing Domesday lines
Under wheat's restless silence;
The differently-dressed servants
With tiny rooms in huge houses,
The dust behind limousines;
Never such innocence,
Never before or since,
As changed itself to past
Without a word--the men
Leaving the gardens tidy,
The thousands of marriages,
Lasting a little while longer:
Never such innocence again.
"I Have a Rendezvous with Death" by Alan Seeger
I HAVE a rendezvous with Death
At some disputed barricade,
When Spring comes back with rustling shade
And apple-blossoms fill the air—
I have a rendezvous with Death
When Spring brings back blue days and fair.
It may be he shall take my hand
And lead me into his dark land
And close my eyes and quench my breath—
It may be I shall pass him still.
I have a rendezvous with Death
On some scarred slope of battered hill,
When Spring comes round again this year
And the first meadow-flowers appear.
God knows 'twere better to be deep
Pillowed in silk and scented down,
Where love throbs out in blissful sleep,
Pulse nigh to pulse, and breath to breath,
Where hushed awakenings are dear...
But I've a rendezvous with Death
At midnight in some flaming town,
When Spring trips north again this year,
And I to my pledged word am true,
I shall not fail that rendezvous.
jueves, 14 de abril de 2011
Mary Beard en Washington
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http://www.washingtonpost.com/lifestyle/style/2011-mellon-lectures-feature-mary-beards-take-on-12-caesars/2011/03/21/AFfJExbB_story.html
martes, 8 de febrero de 2011
El vacio mundo de Marilyn y JFK
Nota. La foto de la revista Life es un montaje, pero si era parte de los sueños de Marilyn.
martes, 14 de diciembre de 2010
EL futuro sera mio.
domingo, 12 de diciembre de 2010
tratado sobre las ballenas por Philip Hoare
El año pasado entre los mejores libros que tuve oportunidad de leer, se alza sin nadie que se le iguale Leviathan de Philip Hoare, una obra muy completa, parte tratado de literatura, estudio de biología marina, Biografía, arte, historia de la cacería de ballenas y su industria a través de un análisis de Moby Dick de Melville y de este mamífero tan desconocido llamado ballena, el animal más grande de la tierra que esta hace algunas décadas no se había podido fotografiar en su hábitat ni se había hecho un estudio serio sobre él. Por años los faros de las calles de Londres se iluminaban gracias a la grasa de ballenas y las primeras fortunas de la joven república de Estados Unidos a principios del siglo XIX fueron amasadas gracias a la caza de ballenas.
El pintor británico Turner fue patrocinado por un comerciante ballenero, inclusive tiene cuatro pinturas sobre la caza de ballenas, los artistas nunca fueron muy amigables con este animal, siempre fue retratado como un monstruo, claro las leyendas que rodean a este animal siempre lo han descrito como un gran fiera, un asesino, nada más alejado de la realidad, es un animal tímido incapaz de dañar a menos que sea molestado.
Hoy leyendo la revista de Letras encontré una entrevista con el autor Philip Hoare y el anuncio de la publicación en español de su libro Leviatán o la ballena. Les dejo algunas de las preguntas con sus respuesta de la entrevista, la pueden leer completa en este enlace,
Philip Hoare, en el vientre de la ballena Por Josep A. Muñoz Entrevistas
Leviatán o la ballena puede entenderse como un cuaderno de bitácora siguiendo la novela Moby Dick y empleando también la biografía de Herman Melville…
Es casi como una guía para tramposos a los que no les apetezca leer Moby Dick, pero que quieran presumir de conocer la historia (risas). Debemos entenderlo, no todo el mundo tiene tiempo de leer un libro de setecientas páginas. Leviatán o la ballena sería un “Todo lo que quieres saber sobre…” (risas). Por supuesto, está inspirado en el espíritu de Melville y en su manera artesanal de trabajar. Si Melville escribiera ahora la novela, las busquedas en google interferirían en su método, acabaría atrapado en una disgresión que le llevaría a otra y a otra… Es lo que sucede con internet y los buscadores, no acabas nunca. Algo que me sorprendió mucho de Melville es la cantidad de textos que copió de otras fuentes, por supuesto, sin pedir permiso. ¡Era un plagiario como la copa de un pino! Lo hacía como si, en la actualidad, escribiera copiando directamente de la wikipedia
El tuyo es un libro inclasificable. Hay quien dice que se trata de un ensayo, otros que se acerca al reportaje, al tratado literario, al texto sobre zoología… Pero, en definitiva, no se entiende sin ver claro que se trata de una novela.
Absolutamente. Me gusta que la gente lo lea así. No hice ninguna estructura cuando lo escribí, no tenía un índice ni una escaleta para guiarme, quería que fuera una historia similar a la que podría contarle a un amigo, con referencias a lecturas, lugares para visitar, cosas que ver, pero no hay un planteamiento esquemático, sino una narración libre, lejos del típico “A, B, C”. Entendí que debía ser de esta manera porque las historias reales, cuando nos suceden, surgen en forma de episodios. Rechazo la noción de la escritura objetiva porque todos somos humanos y, si escribimos, debemos hacerlo desde nuestra participación activa, partiendo de las vivencias con lo que nos rodea, pero sin olvidar la perspectiva general. Por ejemplo, cuando escribo sobre experimentos científicos puedo fantasear recreando sus efectos a gran escala.
¿El arte ha tratado bien a las ballenas?
No. Se empezó mostrándolas como monstruos, cuando aún se creía que la Tierra era plana. Luego, como proveedoras de sustancias industriales, con retratos horribles, hinchadas de gas, en estado de descomposición… El propio Melville dio una descripción muy equivocada de ellas. No nos acercamos a la realidad hasta que pudimos verlas bajo el agua. Para entonces el hombre ya veía el planeta Tierra desde el exterior, por lo que estamos hablando de un descubrimiento muy reciente. Aún me sorprende que una especie con más de cincuenta millones de antigüedad y tan inmenso, no haya sido estudiado hasta hace unas décadas
viernes, 26 de noviembre de 2010
Ya viene de la guerra.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Historia de America(Estados Unidos) por el History Channel
Ayer vi el primer capítulo titulado rebeldes, visualmente la serie es impresionante pero siento que pierde mucho con los testimonios de Donald Trump, el ex alcalde de Nueva York Giuliani y el actor Michael Douglas,y no es que tenga que hablar un profesor de Harvard(que hay comentarios de varios academicos) pero un actor,un militar o un hombre de negocios no son los mas correctos para comentar sobre la historia de una nacion, además que todos lo que pasa en la joven Estados Unidos cambiaria el mundo, “el mundo nunca sería igual”, “es el momento más importante”, “Este instante cambiara la historia” y así sigue por más de 90 minutos, al principio suena bien pero después de 15 minutos te comienza un dolorcito de cabeza, también note que te llenan de información innecesaria, 90 millones de árboles, 60 millones de bisontes que corrían en la planicies, los colonos eran dos pulgas más altos que su contraparte Europea, y que es lo importante de estos datos. Hay una gran salto de Jamestown hasta la independencia, acaso en 150 años no paso nada interesante en la joven América digno de comentar (la guerra de los siete años), no llegaron españoles a la florida, no hubieron colonos franceses, para esta serie solo británicos llegaron a la joven colonia, las tribus nativas nunca se rebelaron y todos terminaron comiendo el día de acción de gracias y que malos esos casacas rojas, te pasan golpeando por la calle y no te dicen ni un disculpas como quien no quiere la cosa. La esclavitud toma 5 segundos explicarla y así sigue, pareciera que está hecho para una audiencia muy joven, está bien tirar algunos efectos especiales por computadoras pero eso no lo es todo en una serie como esta.
No me mal entiendan la historia de los Estados Unidos de America es muy fascinante, como otras naciones se basan en la conquista, la guerra y algunos crímenes como la esclavitud, por esto su pasado distante nos dice mucho sobre su presente, las bases de igualdad y libertad que inspiraron a la revolución nunca lograron su verdadero fin. Pero puedo un país espiar sus pecados, pues ahí está la historia, su historia contada por grandes historiadores como Paul Johnson, quien nos cuenta la historia de esta nación sin cortes, directa con sus luces y sombras como la historia de todas las naciones, porque definitivamente la historia de los Estados Unidos tiene mucho que enseñar y hay mucho que falta por aprender. Creo que la edicion en español del libro de Paul Johnson esta editado por Ediciones B.
Sobre la serie producida por el History cannel solo puedo decir que no lleno mis expectativas, se mira que bombearon una buena cantidad de dinero pero se quedaron cortos en muchos puntos. Bueno solo es el primer capítulo tal vez se pone mejor en la guerra civil.
domingo, 12 de septiembre de 2010
La grandeza de Trotski.
CRÍTICA: LIBROS / Biografía
El mito de Trotski
ANTONIO ELORZA 11/09/2010
el problema. Resultado: una construcción maniquea con Trotski (la Revolución) como polo del Bien, en tanto que Stalin y sus sucesores encarnan el Mal.La reconstrucción de la vida y las ideas de Trotski por Service está dirigida a quebrar ese mito. "Este libro es la primera biografía extensa sobre Trotski escrita por un no ruso y no trotskista", advierte. Una exhaustiva búsqueda documental en los archivos con material de primera mano en diversos lugares del mundo, de Moscú a Harvard, la permite profundizar en las actitudes y en las intenciones reales del revolucionario con mucha mayor precisión que lo que ofrece la obra publicada. El resultado es un tríptico en el cual los aspectos biográficos de tipo personal, las actuaciones políticas y los planteamientos ideológicos convergen en un cuadro esclarecedor de la compleja personalidad del político.
Service destaca en Trotski su excepcional calidad como orador, organizador y líder. En lo primero fue superior a Lenin y como organizador de procesos revolucionarios en curso, inigualable, como probó su dirección del soviet de San Petersburgo en 1905 y la preparación del acto insurreccional de octubre de 1917, por no hablar de su decisiva tarea en la organización y dirección del Ejército Rojo. Otra cosa fue su calidad como líder y organizador político, lastrada por un excesivo personalismo, exacerbado en los últimos años, y por su olvido de las reglas que presiden el funcionamiento de un partido político, tema en el cual fue siempre a remolque de sus adversarios. Deficiencia que por otra parte sorprende, ya que fue el primero en darse cuenta muy pronto, en 1904 y en su folleto Nuestras tareas políticas, de los mecanismos dictatoriales que encerraba el modelo organizativo propuesto por Lenin y de la inevitable sustitución que del mismo se derivaba hacia el vértice sofocando el supuesto poder del proletariado. Nunca aplicó tales previsiones a su etapa de gestor del poder soviético.
Trotski creía demasiado en sí mismo y por otro lado tendía a construcciones esquemáticas -inevitabilidad de la revolución permanente y del gobierno obrero-, que funcionan en 1905 o en 1917, a favor de corriente, pero que luego se distanciaron de la realidad tanto como sus valoraciones peyorativas de Stalin o de momentos críticos de la historia europea. Rara vez admitía los desmentidos que los hechos infligían a sus posiciones, expuestas siempre como verdades indiscutibles. Tal rigidez le resultó muy costosa en las relaciones con sus propios fieles. Uno de ellos desengañado, el futuro teórico de la managerial revolution, se lo planteó: no hay una "verdad de clase" y los hombres más peligrosos son aquellos que se creen en la posesión de la verdad. Trotski ignoró la observación.
Trotski fue un antidemócrata convencido, si bien creyó en una "democracia socialista" donde coexistieran las distintas corrientes revolucionarias. Aunque aplastó Kronstadt. No fue la cara amable de la revolución, por contraste con Stalin. Estudioso de la Revolución Francesa, el equivalente de la guillotina era su instrumento preferido en 1917 para aplicar a la burguesía. En Terrorismo y comunismo (1920) escribe: "La vía del socialismo pasa por la tensión más alta de estatización", "la militarización del trabajo", "el gobierno más despiadado que pueda existir, un gobierno que abarca imperiosamente la vida de todos los ciudadanos". Totalitarismo puro.
La grandeza de Trotski residió en su capacidad para desarrollar una línea política original, sobrevolando los enfrentamientos entre bolcheviques y mencheviques y percibiendo la inviabilidad de la fase democrática -a diferencia de Lenin pre-17- en la Rusia zarista. Su aislamiento resultó además compatible con una práctica revolucionaria desarrollada, llegado el caso, con una excepcional capacidad de gestión. Pero ese aislamiento le fue fatal cuando se planteó la lucha por el poder a la muerte de Lenin. Era el hombre a abatir y lo eliminaron. Una vida espléndida y trágica, que salvando los escollos de la traducción el libro de Robert Service nos devuelve en un gran relato.
Tomado del suplemento Babelia en el Pais.com, El mito de Trot
viernes, 6 de agosto de 2010
Una verdadera Guerra Atomica
viernes, 16 de julio de 2010
¿Lanzaría la Bomba atómica de nuevo?, Si lo haría.
Sentirías remordimiento por hacer tu trabajo y aunque esto conlleva la muerte de una buena cantidad de personas, digamos unas 200,000 y la destrucción de toda una ciudad, además de pensar si lo volverías hacer o si después de hacer tu trabajo de manera muy eficiente bajaras a ver como quedo tu trabajito, tu misión especial, que te puede pasar por la mente al ver que has borrado una ciudad entera con todos su habitantes, museos, escuelas, oficinas, tiendas y que has dejado sin techo y cobijo a miles de familias que no tienen donde dormir, dormirías tranquilo o tratarías de no pensar en ello porque eres muy profesional en esto y no te parece que debes cuestionarte por cumplir con tu deber, tu conciencia no debe de molestarte por eso, hombre no te preocupes, lanzar una bomba atómica desde un avión para evitar la muerte de miles es una de los mejores actos para limpiar tu conciencia y mantenerte tranquilo.
Claro que tonto he sido se me escapaba una de las reglas de McNamara, Toda guerra debería de guiarse por el principio de la proporcionalidad, traigo todo esto porque estaba leyendo una entrevista del último sobreviviente de la tripulación del Enola Gay, Capitán Theodore Van Kirk, me impresiono mucho la firmeza con que responde y la sencillez de sus comentarios, imagino que ha tenido mucho tiempo para buscar una buena respuesta.
Primero el video de Robert McNamara sobre el principio de Proporcionalidad y como se aplico en la Segunda Guerra Mundial. A coninuacion la entrevista de Theodore Van Kirk para el periodico britanico the Guardian.
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'Would I drop the atomic bomb again? Yes, I would
'Theodore Van Kirk was the navigator aboard the Enola Gay, the plane that dropped the first atomic bomb on Hiroshima 65 years ago. Now the sole survivor of the crew, how does he live with the deaths of 200,000 people?
Theodore Van Kirk, the navigator aboard Enola Gay, who is now 89. Photograph: Dan Callister / Rex Features Theodore Van Kirk is sitting at his desk in a detached bungalow in the gated community where he lives outside Atlanta, Georgia. The room is cluttered with boxes, trinkets, shelves full of books on wartime history, and photographs of planes on the walls.
He picks up a large calendar from the floor and begins flicking through it. "Let's have a look at what's coming up on 6 August," he says. Finding that date, he holds up the calendar. The page is empty. "Nope, nothing there."
The absence of any plans is unusual, because Van Kirk is usually heavily in demand on 6 August. This year, he tells me, he has been invited to travel, all expenses paid, to Tinian, the tiny Pacific island where, 65 years ago on that same day, he set out with 11 other men on an aeroplane journey that would change the world. But this year, Van Kirk declined the invitation. He just didn't feel like it, he says.
His uncharacteristic inactivity is explained by the fact that none of the 11 crew members who joined him on that fateful flight will be in Tinian this year, and without them he didn't have the stomach to go. Over the last 65 years they have fallen one by one.
The first was William Parsons, a military engineer who died in 1953, followed by Robert Shumard, another engineer, 14 years later. Others died through the 80s and 90s; and Paul Tibbets, the commander of the plane, in 2007. And then, less than two months ago, Morris Jeppson, a bomb expert, became the penultimate member of the crew to pass away, dying in a hospital in Las Vegas.
Which leaves Van Kirk as the only living crew member of the Enola Gay, the B-29 bomber that set out from Tinian on 6 August 1945. The bomb they carried, dubbed Little Boy, was the world's first atomic bomb dropped in combat. Its target: Hiroshima.
Jeppson's death on 30 March has left Van Kirk, "Dutch" to his friends, as the standard-bearer for a flight that has come to symbolise the terrible destructive power of nuclear warfare. He is fully aware of the burden he now shoulders. "I read the papers as they reported Morris's death, and they all said that Van Kirk is the last survivor. Now I get asked all the questions."
'We knew there was something special going on'
Van Kirk was 24 when he joined the crew of the Enola Gay and by then he had already flown more than 50 bombing raids over Europe and North Africa. Most of those flights were in the company of his great friends, Tibbets and Thomas Ferebee, the Enola Gay's bombardier. Together, they formed the core of the Hiroshima mission.
In the six months prior to the mission they and other members of the 509th Composite Group had been holed up in Wendover Field, Utah, training for an unspecified bombing run amid total secrecy. The words "atomic" and "nuclear" were never mentioned.
"We knew there was something special going on," he says. "You couldn't be in the 509th and not know something was up. They told us we were going out to do something that would either end or significantly shorten the war. They told us that the weapon we were going to drop would destroy an entire city."
On top of that, they saw hundreds of physicists milling around the base, one of whom Van Kirk recognised from the cover of Time magazine. "After all that, if you couldn't figure out it was an atomic bomb you were pretty damn stupid. If you talked about it you were even more damn stupid, as you would be transferred instantly to the Aleutian islands, where you could talk all you wanted and nobody would listen."
A few months before the mission, the pace of preparations picked up. The crew was told that the bomb they would drop would be so powerful that their plane would need to be at least 11 miles away when it detonated or else it would break up. They stripped down the B-29 bomber to its shell to reduce weight and began practising hair-raisingly tight mid-air turns that would be needed to reach a safe distance once the bomb was away.
On 5 August, having been relocated to Tinian, they were called together for a final briefing. They were informed they were about to do the job for which they had trained for so long: to drop a bomb unlike anything that had gone before. The word atomic remained unspoken.
After the briefing, they were ordered to get some sleep. Instead Van Kirk, Tibbets and Ferebee sat up all night playing poker. "I mean, they tell you you were about to go out and drop the first atom bomb that night, and then tell you to get some sleep! That was absolutely beyond me!"
'Bomb away'
The Enola Gay – named by Tibbets after his mother – took off on 6 August at 2.45am. Van Kirk's role was navigator: "We did things the old-fashioned way: celestial navigation, telling your position by the stars. We had a dome up top of the plane to sit up in and shoot the stars with a bubble sextant."
Despite the basic techniques, Van Kirk navigated the Enola Gay to its target 1,800 miles away, 15 seconds later than scheduled. "Fifteen seconds was damn good, that's all I can say."
He pulls out from one of the many boxes in his study a facsimile of the navigator's log he kept that day. The entry at 09.15 (8.15am Japanese time) reads "Bomb Away". Forty-three seconds later, Little Boy exploded, some 580m above the streets of Hiroshima.
When the bomb dropped, the Enola Gay suddenly lurched upwards, and Tibbets sent the plane into a 150-degree turn. "We were just levelling out with throttles full forward when the bomb exploded at our back. All we see is a bright flash like a photographer's bulb going off in the aeroplane." Within seconds of that, the first shock wave hit the plane. "There was a hell of a jolt. The sound was like the aeroplane being torn in half."
On the ground, of course, the jolt was far greater than the 3.5 Gs Van Kirk and his 11 colleagues felt inside the Enola Gay. The pika-don, or "flash-bang", as the Japanese call the impact of the atom bomb, ripped through Hiroshima with a force equivalent to 13 kilotons of TNT, razing almost five square miles of the city. Estimates vary, but it is thought that more than 70,000 people, most of them civilians, died within seconds of the blast, 140,000 by the end of 1945 and more than 230,000 in total. Many died in hideous ways, including burns and radiation sickness.
'You always knew people would be very seriously hurt'
It would be wrong to hold Van Kirk, now 89, in any sense responsible for the extreme human suffering that the bomb caused. As Harry Truman, the president who ordered the dropping of the bomb, told Tibbets when they met in 1948: "I'm the guy who sent you. If anybody gives you a hard time about it, refer them to me."
But on a personal level, how has Van Kirk coped over the years with the knowledge of the destruction the bomb yielded? I begin by asking him whether he had any thoughts, at the moment the bomb exploded, about the thousands of people who were right then being obliterated.
"You do that thinking beforehand. You knew that when you were bombing over occupied France, over Africa; you always knew that when you were dropping bombs out of aeroplanes a lot of people on the ground would be very seriously hurt."
And civilians? Most of the Hiroshima victims were civilians.
"You've heard of 'Bomber' Harris," he replies, referring to the RAF commander who ordered the raid that obliterated the German city of Dresden. "The idea at the time was to destroy a nation's will to fight, and you weren't dropping bombs in a pickle barrel, for chrissakes. You always recognised there were people on the ground – workers in a factory or civilians living nearby – who could be killed or damaged by the bombs."
And how difficult was that for him to deal with?
"If you could not deal with that you were worthless as an aviator. You had to separate that in your mind or else you were no good. You couldn't have done the job. Tibbets and Ferebee and I, we always agreed on this: the will of the United States at the time was that we drop the atomic bomb on Hiroshima."
He pauses, and then he adds: "I've never found a way to fight a war without killing people. If you ever find that out, let me know."
Van Kirk says he never lost a night's sleep over Hiroshima. Such lack of anguish is testament, as he says himself, to the training that he received in the US air force that shielded its pilots from introspection. It is testament too, perhaps, to the ability of man – and all 12 crew members of the Enola Gay were men – to compartmentalise extreme events and emotions and thereby neutralise them.
'All you saw was plain, flat, level ground'
A few days after Japan surrendered, Van Kirk, Tibbets and some of the other crew visited Nagasaki which, on 9 August, had become the second city to have been eviscerated by an atomic bomb. I ask him what he recalls about the trip.
"Nothing. It was just a trip to Japan, that's all."
I can't believe that, I say. Nagasaki had just been entirely flattened by a nuclear explosion.
"Yes, we saw a city that was completely levelled. All you saw was plain, flat, level ground."
That must have been a powerful sight, I say.
"There was not much difference between an atomic bomb and a conventional bomb. The difference was in the area that it covered."
Did he see the shadows of people who had been burned to dust on the walls and pavements?
"Yes, you saw that."
And wasn't that shocking?
"It was shocking as you wondered how the heat of that bomb had done something like that. But you were immune to it because they told you during your training that would happen."
Have you ever allowed yourself to read accounts of what it was like to be at the receiving end of the bomb?
"Yes."
And what was your reaction?
"An information reaction."
Did he ever wish he had never taken part in the Enola Gay's atomic mission?
"No, I was proud to be on the Enola Gay. The war ended on 14 August. I don't know when it would have ended if we had not dropped the atomic bombs."
Would you do it again?
"Under the same circumstances – and I realise you can never have them exactly again – yes, I would do it again."
There is a slightly rehearsed quality to the answers Van Kirk gives, which is perhaps unsurprising as he has been responding to questions like this for almost 65 years. But he suspects he won't have to face such grilling for very much longer. The last man standing who is able to describe the experience of dropping the world's first atomic bomb is facing his own mortality.
"Every time one of my fellow crew members died it was a shock," he says. "But when the last one died it was a real shock. It's not just that I'm now the last survivor. It's the shock of getting old. Hell, I'm 89! The fact of the matter is we are all getting old and dying. That's all there is to it."
martes, 18 de mayo de 2010
Sin Bizancio no habría existido Europa
ANÁLISIS: PENSAMIENTO
Cuánto debe Europa a los bizantinos
CARLOS GARCÍA GUAL 15/05/2010
El diccionario de la RAE de la Lengua Española (edición de 1970) define "bizantinismo" como "corrupción por lujo en la vida social, o por exceso de ornamentación en el arte", y, en segunda acepción: "Afición a discusiones bizantinas".
El diccionario de la RAE de la Lengua Española (edición de 1970) define "bizantinismo" como "corrupción por lujo en la vida social, o por exceso de ornamentación en el arte", y, en segunda acepción: "Afición a discusiones bizantinas". Respecto a "bizantino", nos advierte: "Dícese de las discusiones baldías, intempestivas o demasiado sutiles". El sentido despectivo del término es común a otras lenguas; y se funda en un viejo estereotipo, heredado de la Ilustración, junto a la imagen de un mundo bizantino "corrupto" de figuras rígidas, joyas y ropas de oro, iconos, cúpulas, mosaicos, sedas, eunucos, una corte de intrigas sangrientas
Pero esa imagen deformada no hace justicia al refinado y milenario imperio que defendió a Europa de los ataques árabes durante siglos, y civilizó y cristianizó el mundo eslavo, y mantuvo y transmitió el gran legado cultural del helenismo y a través de los exiliados y los textos clásicos impulsó el Humanismo del Renacimiento. "Sin Bizancio no habría existido Europa", afirma Judith Herrin al tiempo que denuncia esa perversa fama y su difusión europea. Los europeos no sólo cometieron una de las más infames traiciones de la historia al lanzar la Cuarta Cruzada a conquistar y saquear impíamente la espléndida Constantinopla, sino que más tarde rehusaron socorrer a la aislada Bizancio en 1453, cuando Mehmet II acometió su conquista. Con feroz codicia asesinaron a muchos bizantinos en 1204, dos siglos más tarde abandonaron la ciudad a los turcos, y, luego, acaso con mala conciencia, insultaron a los vencidos. "Las sistemáticas calumnias dirigidas hacia Bizancio como imperio que continúan aún hoy", escribe J. Herrin, "se originaron en el intento de los cruzados de justificar su codicia y pillaje contra sus correligionarios cristianos". (Los bizantinos eran hermanos en la fe, pero cismáticos, algo heréticos y encima arruinados. Ni los monarcas europeos ni el Papado les tenían ninguna simpatía. Tampoco los intelectuales del XVIII, ya se ve, por otras razones).
No faltan libros recientes con una perspectiva más justa de los méritos y logros de la civilización bizantina, corrigiendo el tópico tradicional, y subrayando los avances y los claros rasgos de modernidad en aquel prolongado y versátil imperio, que también, como otros, tuvo sus tiempos siniestros y una triste decadencia. Como ha escrito G. Cavallo: "Bizancio anticipa el estado centralizado de la edad moderna, experimenta formas estatutarias de asistencia pública y privada a la pobreza, se abre a modos capitalistas de expansión económica, concede a la mujer -aunque sea bajo el ropaje de un difundido antifeminismo- una dignidad y un papel desconocidos hasta nuestro siglo, y anticipa prácticas de trabajo intelectual (ediciones de textos, formas de lectura) de la edad moderna". Mucho antes, Hans Freyer destacaba, en su Historia universal de Europa, cómo había ejercido de dique y filtro espiritual entre Oriente y Occidente: "Bizancio recibe los poderosos efectos del Oriente y, en sentido positivo, ha impermeabilizado al Occidente contra ellos, o al menos, como un filtro, ha dejado pasar poco hacia él. Muy varia sabiduría de la sangre, viejas experiencias del cuerpo y el alma, mucho arte del goce y de la ascesis se han perdido con ello para Occidente, y sólo gracias a ello es éste tan inquieto, tan inteligente, tan falto de sabiduría y tan laborioso ahora".
El Bizancio de Judith Herrin es "una historia distinta" sin el habitual esquema cronológico. Enfoca en capítulos sueltos sus aspectos más característicos, sugestivos y fascinantes, en un relato espléndido por su amenidad, colorido dramático y fresco estilo. Trata, en sabias viñetas, de Constantinopla, la mayor ciudad de Europa, Santa Sofía, los iconos, los mosaicos de Rávena, la ortodoxia, los eunucos, la corte, la sociedad cosmopolita y el bastión contra el islam; también de Cirilo y Metodio, las cruzadas, la iconoclasia, el "fuego griego", Venecia y el tenedor (joyel de una princesa bizantina), el Monte Athos, el asedio de 1453 y, en fin, de "la grandeza y el legado de Bizancio".
Al comienzo Judith Herrin cita una nota reciente de prensa sobre la Unión Europea y sus "regulaciones tributarias de una complejidad manifiestamente bizantina". Luego comenta: "Si necesitamos una palabra para describir la mendacidad de nuestros actuales líderes políticos, la estrafalaria incompetencia de nuestras burocracias, el taimado egoísmo y las maquinaciones ilegales de nuestras grandes empresas, o bien el enrevesado atractivo de los pasillos globales de la fama, debemos encontrar un término apropiado, y no es el de bizantino. No es que el imperio estuviera libre de corrupción, de crueldad y de barbaridades, pero al proyectar en él las ideas que todavía evoca el término bizantino, estamos sugiriendo que todos esos defectos pertenecen a una sociedad remota y condenada, ajena a nuestro carácter y desvinculada absolutamente de nuestras propias tradiciones".
El adjetivo "bizantino" merece otras connotaciones, y Bizancio otra mirada.
Tomado del suplemento Babelia del Pais.com
martes, 20 de abril de 2010
gran maestro de la divulgación
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Manuel Fernández Álvarez, el gran divulgador de nuestra Historia
El historiador fallecía hoy en Salamanca a sus 88 años a causa de una complicación en una operación.
"Este libro es mi legado. Sin ninguna duda mi obra más importante", reza en la solapa de la última obra de Manuel Fernández Álvarez (Madrid, 1921- Salamanca, 2010) publicada por Espasa. Apenas llevaba una semana España, biografía de una nación en las librerías cuando se ha conocido la noticia de su muerte a causa de una complicación en una operación aparentemente sencilla. En la nueva obra del gran maestro de la divulgación, en la que aborda una visión completa de la Historia de España, el autor, de 88 años, advertía que su propósito era reflexionar "sobre sus principales acontecimientos, haciendo hincapié en los debates más conflictivos que los estudiosos, de dentro y de fuera de España, han ido planteando en los últimos tiempos".
Luis Ribot, crítico de El Cultural, definía al historiador en la última reseña de uno de sus libros como "un autor de referencia". Investigador concienzudo, fue también hasta su jubilación un profesor entusiasmado por la enseñanza y el contacto con los alumnos en su cátedra de Historia Moderna de la Universidad de Salamanca, de donde era profesor emérito. Su ingente obra -centrada en la España del Renacimiento y de Carlos V- le proporcionó un amplio reconocimiento, del que son buena prueba la concesión del premio Nacional de Historia de España (1985) por La sociedad española en el siglo de Oro, su condición de miembro de número de la Real Academia de la Historia desde 1987, así como diversos premios. A partir de 1998 - recuerda Ribot- se convirtió en un autor de éxito, a raíz de la publicación de Felipe II y su tiempo, sucesivamente reeditado, que estuvo durante mucho tiempo en la lista de los más vendidos. Desde entonces publicó otros muchos títulos -esencialmente biografías de personajes de la primera Edad Moderna española-, que han ido siempre acompañados del éxito editorial, así como de nuevos premios y reconocimientos.
Manuel Fernández Álvarez se consideraba a sí mismo un "historiador profesional", y no se dejó llevar por el éxito de ventas que le acompañó en los últimos años: "Un buen historiador también necesita humildad, mucha humildad, ser capaz de releerse críticamente, sabiendo que al acabar una obra tal vez tenga que romperlo todo y empezar de nuevo -declaró en una ocasión a El Cultural-. No basta con ser el mejor investigador posible, ni el más ameno, ni el mejor divulgador sin un bagaje cultural imprescindible, porque no es posible comprender nuestra historia sin haber leído a Quevedo, Cervantes, Garcilaso o Baroja, o el XIX sin conocer a Tolstoi, Flaubert, Zola, Chejov."
Dedicó más de cincuenta años al estudio del siglo XVI, fruto de los cuales son su obra magna Carlos V, el césar y el hombre (VI Premio Don Juan de Borbón al libro del año en 2000), el monumental Corpus documental de Carlos V (Salamanca, 1973-1981) y el ensayo Carlos V: un hombre para Europa. Recorrió la Historia de España con títulos como Isabel la Católica; Felipe II y su tiempo; Juana la Loca. La cautiva de Tordesillas; El fraile y la Inquisición; Casadas, monjas, rameras y brujas; Sombras y luces en la España imperial; Cervantes visto por un historiador (Premio Quijote del Año de la Sociedad Cervantes de Esquivias y Premio de Ensayo y Humanidades Villa de Madrid 2006), El duque de Hierro o La princesa de Éboli, publicada en 2009.
Tomado de la Cultura.es, edicion digital- 19/04/2010


