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sábado, 1 de octubre de 2011

El Príncipe Rojo, la vida secreta de un Archiduque de la familia Habsburgo


Hoy comenzamos Octubre con el libro del historiador Timothy Snyder El Príncipe Rojo, la vida secreta de un Archiduque de la familia Habsburgo”, es sobre la vida del rebelde archiduque Wilhelm Von Habsburgo,(Creo que el equivalente seria Guillermo de Habsburgo en español), comandaría tropas Ucranianas durante la Primera Guerra Mundial y al caer el Imperio Ruso en manos de los Bolcheviques, lucharía por que los campesino mantuvieran sus tierras y pelearía por la independencia de Ucrania, serviría de espía en contra de la Unión Soviética con la promesa de conseguir la independencia de Ucrania, pero por demostrar su interés por los campesinos y los humildes le darían el nombre del Príncipe Rojo. Cuando leí por primera vez el nombre de Rojo me lo imagine algo comunista pero el Príncipe le gustaba coquetear con todo aquel que le ayudara a conseguir un Reino. Este príncipe rojo era algo fuera de lo común, lo podías ver con uniforme austriaco, con toda la regalía de un archiduque de la familia Habsburgo, o con un simple abrigo durante su exilio en Paris, o llevando el collar de la insigne Orden del Toison de Oro pero también era común verlo con un vestido porque el Príncipe Rojo podía manejar muy bien un sable, una pistola y un palo de golf pero atendía a las mujeres solo por necesidad pero a los hombres por placer. El Príncipe Rojo tenía un hermano que había sido criado para gobernar Polonia y acabar con el yugo del Imperio Ruso, pero igual que su hermano nunca lograría su objetivo.

Timothy Snyder nos aclara desde el principio que los sueños de independencia del Príncipe Rojo nunca llegarían a realizarse, estos sueño independentistas de un monárquico hasta el tuétano se daría de golpe contra dos muros del absolutismo, los Nazis y el estalinismo, su familia fue despojada de todos su bienes por la Gestapo, cuando invadieron Polonia, como no quería aceptar que por su sangre corría sangre Alemana fueron torturados y encarcelados pero cuando se fueron los Nazis llegaron los Soviéticos, que al reclamarles sus bienes le dijeron que como tenían descendencia alemana no podían tener bienes, los que los nazis les quitaron los Soviéticos se lo quedarían.

Aunque el tema central del libro suena como si fuera solo la familia, es también un libro sobre los grandes cambios que vivió Europa a principios del siglo XX, pero por lo poco que he leído en las primeras páginas los cambios los vemos desde los ojos de la centenaria familia Habsburgo, una familia que vio caer el sacro Imperio Romano, una familia católica que aguanto la envestida de la Reforma Luterana, los aires liberales de la Revolución Francesa y las guerras Napoleónicas pero no aguantarían los grandes cambios que se fraguaron durante el principio del siglo pasado. Los que disfruten de las desgracias y ineficacias en la historia estoy seguro que disfrutaran este libro, claro hasta ahora no voy ni por la mitad pero no me pude aguantar hacer algunos comentarios sobre lo entretenido del libro y la trágica manera en que se desenvuelve la historia del archiduque y su familia.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Los saberes culinarios del señor Cunqueiro


Hola a todos, por fin terminamos el libro de Edgardo Mortara, me pareció muy entretenido, como lo mencione en la pequeña-rápida-reseña que escribimos hace algunas semanas atrás, el libro me resulto muy conmovedor, la desesperación de los padres por tratar de liberar a su hijo resultaron muy heroicas pero infructuosas, no quiero estropearle a nadie el final porque aunque pareciera por el título del libro que el tema central es el secuestro de este pequeño niño judío hay muchas cosas más que terminan en juego, la protesta mundial que levanto el caso fue fantástica pero lo que me intereso también fue la Italia de mediados del siglo XIX y sus movimientos por la unificación, cosa que resulto nada fácil y que venían gestando desde hace algunas décadas pero no habían logrado su cometido  pero gracias a la mala decisión de adoptar(para no decir raptar) al joven Mortara, fue el empujoncito que necesitaban para lograr el apoyo necesario de los antiguos aliados del Papa(Napoleón III), poco a poco se logro recuperar muchas tierras que estaban bajo el control del papado y quitando la opresión y restricciones en que vivían los judíos italianos bajo el control de la iglesia. la iglesia nunca lograría tener de nuevo el mismo control político.

Ahora hemos comenzado el libro del escritor gallego Alvaro Cunqueiro, “La Cocina Cristiana de Occidente”, es una serie de artículos sobre gastronomía enlazados con historias, (en vez de “enlazados” quise escribir “mezclados”),en palabras del autor “sin orden ni concierto, mis saberes del arte culinario, y de vinos, y también mis invenciones, el gozo de imaginar a un duque de Berry en una galería comiendo una liebre que nunca comió, o a un santo breton vendimiando el muscadet, que nunca vendimio, o al conde-duque de Olivares probando el gazpacho yendo hacia Doñana con el fatuo Felipe IV, o a unos canónigos tarraconeses en una merendola de popets”, los artículos no van en orden cronológico, ni  recetas(que es una lástima), pero sus descripciones de los platos que degustaban los rebeldes Papas de Aviñon, los mercenarios al servicio del Papado, los arqueros del rey o los zapateros, los diputados del parlamento de Normandía o la corte de Emperador Carlos V, son descripciones deliciososas, aqui un pequeño entremés como ejemplo, “El prado mediterráneo es exquisito. Su carne-de un color rosa hortensia, según los tratados-es fina. Se hierve y se sirve con una salsa de manteca de anchoas que aseguran recuerdan el garum de los romanos. Es la muerte más noble del prago; la manteca salada, aromatizada, hará que bebáis bien un blanco fresco, pero que tenga buen cuerpo.” Creo que era el chef Alain Ducasse que decía que la gastronomía para que evolucionara y creara algo nuevo, era preciso conocer todo lo bueno que ha acontecido en la historia de la cocina. Solo a partir de este conocimiento sería posible edificar una nueva propuesta. Hasta ahora voy por la mitad del libro de Cunquero pero por el momento parece que ha logrado hacer brillar toda la herencia de la gran cocina Europea Clásica. Como muy bien lo dice en la pequeña introducción de su libro, “Y conviene decir que ha sido en la cocina donde el hombre puso mas imaginación, mucho mas que en el amor, o que en la guerra." 
 Amen señor Cunqueiro amen.



viernes, 9 de septiembre de 2011

Eva y Adolf, nuevo libro sobre la amante del Dictador




¿Quién era realmente la mujer de 33 años que se suicido junto al dictador Aleman Adolf Hitler en su bunker? ¿Porque esta mujer procedente de Baviera sellaría su destino al de Hitler? Era esta una relación meramente platónica, Realmente era una chica Ingenua, apolítica, loca o simplemente una cazadora de fortuna como sería retratada por la historia. ¿Porque sabemos tan poco de ella?. Todas estas pregunta no las he planteado yo, son parte de algunos dardos que lanza el historiador Richard J. Evans en una reseña al nuevo libro sobre la amante de Hitler, Evan Braun, la nueva biografía por fin fue traducida del alemán al ingles y se publica este octubre con el título de “Eva Braun: Life with Hitler de Heike B. Görtemaker”. La reseña complete la pueden leer en Adolf & Eva by Richard J. Evans para The National Interest
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IN THE small hours of the morning of April 29, 1945, as the Red Army’s guns and tanks could be heard bombarding the center of Berlin, a curious event took place in Hitler’s bunker deep under the garden of the old Reich Chancellery. Witnessed by Reich propaganda minister Joseph Goebbels and the head of the Nazi Party Chancellery Martin Bormann, a local Berlin official formally conducted a ceremony of civil marriage between the German dictator Adolf Hitler and a thirty-three-year-old Bavarian woman, Eva Braun, some twenty-three years his junior. After the ceremony was over, the party was joined in Hitler’s living room by a small group of secretaries and leading Nazis for a glass of sparkling wine and, as one of those present later wrote, reminiscing “happily about the old days.”

It was a marriage solemnized in the shadow of death. Shortly before, Hitler had dictated his “political testament” to one of the secretaries in the bunker. In it he declared that since his life was now almost over, he had decided “to take as my wife the woman who, after many long years of loyal friendship, came to the already besieged city. . . . It is my wish that she go with me into death as my wife.” On the afternoon of April 30, the pair retired into Hitler’s private quarters, where Eva Hitler, as she now was, sat down on a sofa. She bit a cyanide capsule and died instantly. Hitler, wanting to make doubly certain of his own death, did the same, while simultaneously firing a bullet through his right temple. Upon hearing the noise, some of the others present in the bunker entered the room and organized the removal of the bodies to the garden, where, acting on instructions, they poured petrol over them and burned them until they were unrecognizable. The still-functioning Nazi propaganda machine issued a statement claiming Hitler had died fighting to the end. No mention was made of his new wife. She died as she had lived, invisible to all but a handful of the Führer’s intimates.
Who was Eva Braun? Why did she link her fate so inextricably to that of the German dictator? Why was her existence kept so secret for so long? Was she just a simple, apolitical, naive young woman captivated by Hitler’s charisma? Was her relationship with the dictator merely platonic? In this new book, the first serious, scholarly biography of the girl who after her death became one of the world’s best-known women, the historian Heike Görtemaker sifts thoroughly and cautiously through the available documentation to try and find an answer to these perplexing human questions.

HISTORIANS HAVE long been aware that Hitler relied on a small band of intimate friends and acquaintances to do things for him. Far from being professionally run, the Third Reich was governed by amateurs and outsiders. The role of his personal photographer, Heinrich Hoffmann, in this little coterie has, however, as Görtemaker shows, been insufficiently appreciated. Hoffmann was a Nazi almost from the very beginning, meeting Hitler before the Beer Hall Putsch in 1923 and allaying the Nazi leader’s anxieties about being photographed in unflattering situations by capturing his image in the most appealing possible way. Hoffmann’s work ensured Hitler’s picture was all over the media by the late 1920s. His photographs were always the best. He accompanied the Nazi leader virtually everywhere. Hoffmann’s home provided Hitler with something like an ersatz family retreat. These services earned him Hitler’s trust and later on brought him a large income and a good deal of power in the cultural world, including the selection of his paintings for the Great German Art Exhibition of 1937, the showcase for Nazi art. Relatively early in his career, Hoffmann was able to expand his business and hire new staff. One of these new employees was the young Eva Braun.
Born on February 6, 1912, Eva was the second of three daughters of a lower-middle-class couple, Friedrich and Franziska Braun. Their marriage was neither happy nor stable. Indeed, in 1921 they had divorced, only to remarry just over eighteen months later, as rampant inflation was beginning to destroy the incomes of so many people like themselves: three children were cheaper to support in one household than in two. After the economy stabilized in the mid-1920s, the family, helped by an inheritance, recovered sufficiently to move into a large house, employ a servant and buy a car. But the situation at home remained tense, so much so that Eva spent most of her time living with the family of a friend, whose parents she ended up calling mother and father. After a period in boarding school, she answered an advertisement placed in a local newspaper by Heinrich Hoffmann and in September 1929 joined his rapidly growing staff.


jueves, 8 de septiembre de 2011

El Secuestro de Edgardo Mortara por David I. Kertzer


Hola a todos, estoy leyendo el Secuestro de Edgardo Mortara por David I. Kertzer, es la historia de un niño de 6 años que supuestamente es bautizado por la sirvienta católica que trabajaba para sus padres, la muchacha sencilla y analfabeta tomo la iniciativa de bautizar al bebe Mortara por una enfermedad que ponía en peligro la vida del pequeño Edgardo y decide(sin consultárselo a sus padres) bautizar al niño para salvarlo de los tormentos del infierno, el niño se recupera y los padres nunca se percatan de la sumersión en las aguas bautismales(aunque realmente solo fueron unas gotas de agua) pero el acto de iniciación a la vida cristiana llego a los oídos del santo oficio o como le gusta llamarle a los amarillistas liberales "La inquisición". Una ves que un niño judio era bautizado no le era permitido quedarse o permanecer en un hogar judío o no cristiano, así que era removido(secuestrado) de su familia para ser entregado a los Catecúmenos para que se encargaran de llevarlo por el buen camino, la familia judía solo se le permitiría ver a su hijo o reunirse con el una vez que ellos también se convirtieran a la verdadera fe cristiana. Y así mis amigos comienza un conflicto que le causo muchos dolores de cabeza al beato Pio IX y que despertó una protesta internacional por todo el mundo, hasta cuando es permitido sin la autorización de los padres el bautismo, el caso fue usado por los movimientos del resurgimiento italiano para desacreditar al santo padre y a la inquisición, cosa que lo lograron. Bueno no quiero adelantarle más la trama porque hay muchas cosillas mas muy interesantes sobre el trato a los judíos en la Europa de mediados del siglo XIX, la unificación de Italia, la inquisición, los alegatos de los expertos en derecho canónico y todo el revuelo que causo a nivel internacional que le brindo mucho apoyo a la familia del pequeño Edgardo. Me falta poco por terminar el libro y me va gustando mucho así que no puedo terminar de recomendárselos 

El caso de Mortara siguió dandole problemas al santo padre Pio IX,inclusive después de su muerte, en el año 2000 cuando se abrió el proceso de beatificación del Papa, sus detractores recordaron su antisemitismo durante su papado con el caso Mortara. 

 Había un proyecto por el director Roman Polanski de llevar la historia al cine pero nunca se materializo, en el papel del Papa Pio IX estaria interpretado por Sir Anthony Hopkins y en el papel del decidido padre de Edgardo Mortara estaría a cargo de Javier Barden. Hay en edicion en castellano para los que no hablen ingles.

miércoles, 20 de abril de 2011

Una guerra muy literaria.



Hablando con unos amigos sobre si la Primera Guerra Mundial fue una de la guerras mas Literarias, me encontré con una buena cantidad de poemas muy bellos que explican muy bien el sentimiento de la post guerra y sus efectos, el primer poema es de Philip Larkins, lleva el nombre de 1914 también es conocido como “Never such innocence again” (MCMXIV), los animos con que los soldados marchaban hacia el frente de batalla, la alegría que se sentía y el optimismo que se vivía eran en verdad muy inocentes, el choque fue horrible, las batallas se detenían por días o meses en un punto muerto, miles morían en horas por unos kilómetros de tierra que eran perdidos horas después por una oleada de jóvenes soldados de infantería, mejor nombre no se le pudo dar a estos territorios que nunca podían ser conquistados, “tierra de nadie”, ya sea porque nadie lograba pasar o porque nadie quedaba vivo. EL otro poema es “Tengo una cita con la muerte” (I have a rendezvous with Death) del norteamericano Alan Seeger, hay una traducción de este poema en español pero no es muy buena, el poema habla sobre una cita con la muerte en alguna trinchera perdida, el autor vivía en Paris cuando estallo” la Gran Guerra que acabaría con todas las guerras”, se unió a la Legion extranjera para poder luchar en el frente, murió en 1916. Aunque oficialmente los vencedores fueron los Aliados, después de Nueve millones de muertos, toda una generación perdida y marcada con el trauma de la postguerra, el único que venció fue la GUERRA, a la guerra no se le puede vencer, ella fue la que gano y seguiría ganando. En palabras del Edmund Blunden después de ver el campo de batalla en el Somme, "by the end of the day both sides had seen, in a sad scrawl of broken earth and murdered men, the answer to the question. No road. No thoroughfare. Neither race had won, nor could win, the War. The War had won, and would go on winning". Esta última frase resulto profética, la Primera Guerra Mundial solo fue un campo de pruebas para lo una Guerra total que vendría a mayor escala, mas muertos, más heridos y mas destrucción, después de esto nada sería igual.

MCMXIV by Philip Larkin (1922-1985)

Those long uneven lines
Standing as patiently
As if they were stretched outside
The Oval or Villa Park,
The crowns of hats, the sun
On moustached archaic faces
Grinning as if it were all
An August Bank Holiday lark;

And the shut shops, the bleached
Established names on the sunblinds,
The farthings and sovereigns,
And dark-clothed children at play
Called after kings and queens,
The tin advertisements
For cocoa and twist, and the pubs
Wide open all day--

And the countryside not caring:
The place names all hazed over
With flowering grasses, and fields
Shadowing Domesday lines
Under wheat's restless silence;
The differently-dressed servants
With tiny rooms in huge houses,
The dust behind limousines;

Never such innocence,
Never before or since,
As changed itself to past
Without a word--the men
Leaving the gardens tidy,
The thousands of marriages,
Lasting a little while longer:
Never such innocence again.



"I Have a Rendezvous with Death" by Alan Seeger

I HAVE a rendezvous with Death
At some disputed barricade,
When Spring comes back with rustling shade
And apple-blossoms fill the air—
I have a rendezvous with Death
When Spring brings back blue days and fair.

It may be he shall take my hand
And lead me into his dark land
And close my eyes and quench my breath—
It may be I shall pass him still.
I have a rendezvous with Death
On some scarred slope of battered hill,
When Spring comes round again this year
And the first meadow-flowers appear.

God knows 'twere better to be deep
Pillowed in silk and scented down,
Where love throbs out in blissful sleep,
Pulse nigh to pulse, and breath to breath,
Where hushed awakenings are dear...
But I've a rendezvous with Death
At midnight in some flaming town,
When Spring trips north again this year,
And I to my pledged word am true,
I shall not fail that rendezvous.

jueves, 14 de abril de 2011

Mary Beard en Washington


Mary Beard es una profesora de Cambridge, escritora, comunicadora y con un blog muy interesante que nunca me canso de leer(A Don's Life), especializada en la antigua Roma tiene dos libros sobre esta época, El triunfo de Roma y Pompeya, ambos publicados por la editorial Critica en español, participa en varios programas de televisión y por si fuera poco también escribe en el suplemento literario del periódico Times de Londres. Ahora la profesora esta por Washington donde participa en una serie de charlas sobre "los 12 Cesares, Imagenes del Poder desde la Roma Antigua hasta Salvador Dali", aquí un reportaje en el Washington Post sobre su visita y roguémosle a los Geek que cuelguen la charla. No sabía que El general Washington tenía una estatua parecida a la de Zeus en la ciudad capital, si había leído que se le consideraba el Cincinato de la joven República pero no una Deidad tipo Padre todopoderoso, que locura, bueno esto y algunos otros temas sobre la influencia de Roma en Estados Unidos son abordados por Mary Beard


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2011 Mellon Lectures feature Mary Beard’s take on ‘12 Caesars’ By Philip Kennicott.


When Mary Beard takes the stage of the National Gallery of Art on Sunday afternoon, she will join one of the most distinguished lists of intellectual luminaries ever assembled. Beard, who holds a chair in classics at Cambridge University, is a renowned lecturer, a brilliant communicator and a distinguished scholar. But the woman chosen to give the prestigious 2011 Mellon Lectures has also appeared on a reality television series, is an avid blogger, a frequent presence in English newspapers and the host of a BBC documentary series. If there are still rules about how far academics can stray from the Ivory Tower, she has probably breached them. Even more surprising, her work as a prosyletizer for the classics seems to come easily to her. Her blog, A Don’s Life, is written with an unstrained mix of the personal and professional, the chatty and the erudite. Her books — which include an introduction to the Parthenon, a history of the traditional Roman victory celebration, a general survey of ancient classical art (with John Henderson) and a guide to motherhood — never condescend or simplify, even when dealing with the minutiae of 2,000-year-old texts written in dead languages. Her first-person essays, which have explored fearlessly autobiographical subjects such as the death of her parents and being victim of a sexual assault, mix classical reference and daily observation without a trace of the ostentatious or didactic.


Her life as a public intellectual is seamless with her academic work. Established by the National Gallery of Art in honor of Andrew Mellon in 1949, the Mellon Lectures are Washington’s annual opportunity to see top scholars think in public. But the talks almost always end up published in book form, so their content must rise to a level that bears sustained scrutiny. Scholars tend to throw out topics with very grand-sounding names — Sources of Romantic Thought, or Art and Reality — but it’s rare that someone arrives with a subject quite so catnippy to local intellectual obsessions: “The Twelve Caesars: Images of Power From Ancient Rome to Salvador Dali.” Before you block off a half-dozen spring afternoons, however, it’s worth remembering one thing about Beard’s work: Her scholarship tends to dismantle as much as it constructs, and where others might find easy analogies between the imperial presidency and the old psychopaths who governed imperial Rome, Beard tends to see discontinuity, contradiction, misapprehension and faulty transmission of facts, names and just about everything else. At the end of her 2007 study of the Roman triumph — the traditional victory lap taken by vainglorious generals — she professed herself not very interested in the “why” of what the Romans were about when they paraded through the streets with captives, slaves and other booty on display.


The “why” of it was both unknowable and reductive, and after more than 300 pages of explaining why the “why” was elusive, she concluded thus: “It was also a cultural idea, a ‘ritual in ink,’ a trope of power, a metaphor of love, a thorn in the side, a world view, a dangerous hyperbole, a marker of time, of change, and continuity. ‘Why’ questions do not reach the heart of those issues.” Beard, 56, finds Washington a puzzling place. “It’s this whole city, built on this inheritance from Rome, and you can’t even see a bloody sarcophagus,” she says. And she’s right, mostly. The National Gallery of Art has an astonishingly rich collection, but nothing to speak of when it comes to ancient Greek or Roman art. And Washington’s architectural language and iconography may scream “ancient Rome,” but with more irony than clarity. “It’s terribly easy to say, and I’ve been guilty of this in the past, that America is modeling itself on Rome,” she says. “There isn’t a country in the West that hasn’t at some time said we’re the New Romans. But why Rome? What bit are we like?” For Beard, images of power are always complex. They aren’t always meant simply to overawe the masses, or give coherence to a ruler’s agenda. Often, they are meant to be reflected back at the ruler himself, a kind of existential confirmation that he is indeed the president of this, or emperor of that. And while Americans, and Washingtonians in particular, live surrounded by an overlay of Roman iconography, it’s not entirely clear why we once so fetishized the Caesars. An obvious and painfully embarrassing example of our uneasy relation to Rome is an infamous 1841 statue of George Washington, by Horatio Greenough. Commissioned for the 1832 centennial of Washington’s birth, it shows the father of the country bare-chested, enthroned on a classical chair and pointing heavenward, rather like a famous Greek statue of Zeus one can see at the Getty Museum in Los Angeles.


Although it sat on the East Lawn of the Capitol for more than 60 years, Greenough’s Washington never gained an audience. It was, somehow, ridiculous and obscene for an American hero to be depicted as a semi-naked deity. “There is a terrible problem for poor, old Greenough: How do you represent a president or an American you admire in Roman guise and not make him look like an emperor?” says Beard. The problem is exacerbated by the lack of Roman portraiture from the Republican era that preceded Julius Caesar and his adopted successor, the emperor Augustus. And it is made more difficult by the fact that even the Roman Republicans were hardly models for American politicians in the early years of the nation. “Here I am, an upstanding democrat, am I really like Cincinnatus?” asks Beard, referring to the Roman hero most often compared with Washington (and memorialized in the name of the Society of the Cincinnati, with its national headquarters on Massachusetts Avenue). But Cincinnatus, as described by Livy, wasn’t just a model of the dutiful citizen, he was saturated with patrician contempt for the masses. Greenough’s statue will make an appearance in Beard’s lectures, along with the fascinating story of an ancient Roman sarcophagus, purchased in the 19th century by an ardent admirer of Andrew Jackson. It was offered to Jackson for his final resting place, but Jackson refused. “Jackson writes back terribly huffy, saying ‘I’m not going to be buried in an emperor’s tomb,’ ” says Beard.



The odyssey of the sarcophagus after its rejection by Jackson, a restless journey from one B-list Washington spot to another, is as interesting to Beard as the provenance of the object itself. These stories, supplemented by others from the Renaissance and the Enlightenment, are part of a series of questions that Beard will explore. When did the mystique of Roman power iconography begin to fade? (Sometime around the First World War, with outliers well into the past century.) Beard says she also wants to take the public well beyond the familiar territory of marble busts, into other art forms, including painting, a rich trove of material she knows intimately from having studied Pompeii. Beard will also examine disparate other forms of art and iconography, including coins, ancient silver cups, tapestries, cookie molds, cameos and Renaissance painting. And she mentions a photograph, found by a respondent to her blog, of Franklin Delano Roosevelt at a toga party. “He wasn’t a kid” when it was made, she says. “Was that a joke? Was he being set up?” She is as much interested in transmission through the centuries of an image as she is in the original function or meaning of the image (which more often than not we can’t divine).


An example from her history of classical art shows how historical misunderstanding of ancient objects can create powerful new ideas and art, giving scholars layers upon layers of stories, none of which is privileged just because it is more or less ancient. When a statue of an old man, in what seems to be physical agony, was discovered during the Renaissance, it was assumed to be Seneca, the tutor and ultimately victim of Nero. So famous was Seneca’s forced suicide, in a bath, that someone decided to add a tub to the statue, to make the Senecan connection obvious. Peter Paul Rubens then based his 1608 painting of “The Death of Seneca” on the statue, which is now believed to represent an old fisherman. And thus an iconic image of stoicism and speaking truth to power is downgraded to peasant bathos, and one hunts in vain for it in the standard English-language visitor’s guide to the Louvre, where it was once a show-stopper. Beard’s skepticism is, in part, a reflection of an increasingly methodical way of doing business in the small subset of the humanities known as classicism. Judith Hallett, a classics scholar at the University of Maryland, says she admires most a book Beard wrote about another classicist, Jane Ellen Harrison, who died in 1928. It might seem like a meta-meta project, studying a woman who was one of the powerhouse academics during another century. But it was also about making sense of how the academy worked, how women could negotiate it, who won and lost in the game. And those aren’t necessarily inside-baseball questions. “Classics is fueled by what questions we decide to ask the ancient world,” says Beard. And the politics of the academy, and the society at large, help determine who does the asking, and what’s permissible. One might add, it’s also about who hears the question, and Beard is remarkable for how well she has managed to be heard beyond the confines of the academy. “If only we had someone like Mary here,” says Hallett, “because she is still in the classroom and still in the library, but she has this very vocal and influential role to play.” Garry Wills, the Pulitzer Prize-winning historian who says that he will read anything Beard writes, sees her as part of a particularly British tradition of erudition combined with “pride in literary style.” He admires her blog, which is “very chatty, and funny, brings the classics up to date.” But mostly he admires her tenacious sifting of evidence.


Classics, he says “is mostly recycling reports from the early days of admiring the great classical heroes and authors, and they are often very flimsily based.” Beard is willing to disappoint readers, and other scholars, who may want certainty where there is little more than propaganda and hagiography, often written centuries after the events took place. Tony Grafton, a scholar at Princeton University, borrows a distinction from the Yale historian Jack Hexter, who divided historians into “lumpers” and “splitters.” The former look for the big idea and see all evidence as lumped underneath it; the latter focus on detail, and generally chisel away at overarching theories, splitting in the name of accuracy rather than lumping in the interest of synthesis. Beard’s work, he says “is very granular, very precise,” which makes it all the more remarkable that she’s had the kind of public career she’s had. She’s a splitter’s splitter. “The splitters tend to get the most esteem within the academy,” he says, “while the lumpers get it outside.” Think, say, Jared Diamond, whose “Guns, Germs and Steel” offered a big-idea thesis that also hit the best-seller lists. But Beard, through elegant writing, and un­or­tho­dox routes of engaging the public, has managed the even more difficult challenge of being an academic splitter who is (in Britain, at least) a household name. And, says Wills, Beard has a sense of humor.


The first page of her book on the Parthenon includes a quote from Shaquille O’Neal, in response to the question of whether he had visited the Parthenon while in Greece. “I can’t really remember the names of the clubs we went to,” Shaq said. It’s a funny line, but it makes larger sense after reading Beard’s book, which takes on some of the larger ideological battles about the meaning and ownership of the most famous building from classical antiquity. The Parthenon, as idea, far transcends the mere Parthenon as building, and Shaq’s quote is a coy acknowledgment that we can never remember all the names of anything. “In more cases than you can imagine, we haven’t the foggiest clue when some of these images were made,” Beard says of a bust of the Roman emperor Commodus, also in the Getty Museum. “Some people get very frustrated,” she says. “Is it ancient, or is it 17th century? But that’s part of the excitement. We don’t know.”


Tomado del Washington Post, Lifestyle


http://www.washingtonpost.com/lifestyle/style/2011-mellon-lectures-feature-mary-beards-take-on-12-caesars/2011/03/21/AFfJExbB_story.html

martes, 8 de febrero de 2011

El vacio mundo de Marilyn y JFK

La autentica trinidad de Camelot era esta: Dar buena imagen, Patear Culos y echar polvos. Jack Kennedy fue el testaferro mitológico de una página particularmente jugosa de nuestra historia. Tenía un acento elegante y llevaba un corte de pelo sin igual. Jack fue asesinado en el momento óptimo para asegurarse la santidad y en torno a su llama eterna siguen girando las mentiras. Es hora de desmitificar una época y de construir un nuevo mito desde el arroyo hasta las estrellas. James Ellroy, America.


Esto es lo que logra el libro de Francois Forestier, desmitificar a una pareja que eran el símbolo y la imagen de una America de en sueño, una pareja que termina subiendo a los altares de la fama pero con un costo terriblemente alto. En el libro encontramos que todos los personajes que giran alrededor de JFK y Marilyn terminan ensuciándose un poco, ya sea con la mafia, con espias rusos, con agentes dobles, con informantes, con productores, con directores y con grandes escritores, aquí nadie se salva, todos terminan en la cama o captados por los micrófonos del paranoico J. E. Hoover sumo pontífice del FBI, enemigo jurado de la familia Kennedy. La lucha es descarnada, violenta, no se tomaran prisioneros, Jackie Kennedy es solo una pantalla para que el niño rico JFK logre captar la imagen de marido perfecto y de paso llegar a la casa blanca, gracias al dinero de su padre el ex embajador Joe Kennedy y Bobby (el hijo menor) llegase a ser el fiscal general, sin tener una pizca de experiencia como abogado litigante. Por Marilyn lo único que se puede sentir es compasión, una mujer frágil, vacía, necesitada de amor, que confunde el amor con la atención, nunca puede mantener una relación estable, las fiestas, las pastillas, las noches de juerga, los compañeros de paso, esos encuentros casuales, amantes instantáneos, le confesara a su psicoanalista que nunca ha sentido un orgasmo, todo su vació lo compensa con analgésicos, narcóticos, sedantes somníferos, está atrapada, su búsqueda de ayuda solo termina hundiéndola mas, de nada sirven los consejos de Lee Strasberg, con quien habla por teléfono todo el día, ni las indicaciones de Ralph Greenson, nunca la ayudan, solo la convierten en una caricatura. Aunque el titulo lleva solo dos nombres, el libro es una mezcolanza de personajes que pertenecen a esta era, por momentos te puedes perder por los nombres de tantos famosos de Hollywood o personajes secundarios pero la saga del romance prohibido muy bien vale la pena, al final terminas conociendo mucho mas de la política estadounidense y el corrupto mundo de los famosos. libro muy interesante, puede que en algunos momentos se pierdan con tantos nombres de actores y peliculas, pero hay una buena carga de informacion sobre los detras de camaras, muy recomendado.

Nota. La foto de la revista Life es un montaje, pero si era parte de los sueños de Marilyn.


martes, 14 de diciembre de 2010

EL futuro sera mio.

Una de los mejores atributos del internet es el poder oír programas de radio de otros países y algunos hasta te los puedes descargar y oírlos en algún otro momento, al final la tv no mato a la radio, ni el internet acabo con la TV, imagino que así pensaba muchas personas en los inicios del siglo pasado cuando se comenzó a difundir la fotografía, creían que desplazaría a la pintura. No creo en las tecnologías que desea excluirse unas a otras, pero hay nuevas tecnologías que entra en el mundo con esa idea y creen que pueden apropiarse y formarse sobre el cadáver de la vieja tecnología, claro si se fijan bien, como lo mencionaba con anterioridad esto nunca ha sucedido. La Fotografía no eliminó a la pintura el Cine no eliminó al teatro y así sucesivamente. Todos se han enriquecido con el otro, se forman y crecen, inclusive se fusionan como la TV y el internet, pero no logran destruir al otro ni borrarlo para siempre.
Últimamente me estoy bajando los programas de radio de Melvyn Bragg, llamado “In Our Time”, en una traducción libre seria como, “En nuestro Tiempo”. En cada programa se analiza un tema relacionado con la historia de las ideas que han influido nuestros tiempos, como también episodios notables o personalidades interesantes, es un programa de debate y discusión, donde se invitan a especialistas. El programa del dos de diciembre se dedico a la figura histórica de Cleopatra y como su imagen ha ido cambiando a través del tiempo, su familia, el Egipto de los Tolomeos y la visión que tenían los romanos de una mujer faraón pero el siguiente programa me dejo un mal sabor de boca, se dedico a Thomas Edison, es un personaje importante pero falto mencionar a Tesla y los mal que fue tratado no solo por Edison sino también por la sociedad del momento que no entendía sus ideas futuristas, se abordo el conflicto entre Edison y Tesla, pero no hablaron sobre la victoria de Tesla sobre Edison en la guerra de las corrientes, ya le escribiremos al señor Bragg que nos deben un programa sobre Nikolas Tesla, al final este inventor sabia que no era su momento, muy bien dijo TeslaQue el presente es de mis enemigos pero el futuro será mío”.


Les dejo un video de dos minutos donde resumen la obra de Tesla y sus encontronazos con Edison.




domingo, 12 de diciembre de 2010

tratado sobre las ballenas por Philip Hoare


El año pasado entre los mejores libros que tuve oportunidad de leer, se alza sin nadie que se le iguale Leviathan de Philip Hoare, una obra muy completa, parte tratado de literatura, estudio de biología marina, Biografía, arte, historia de la cacería de ballenas y su industria a través de un análisis de Moby Dick de Melville y de este mamífero tan desconocido llamado ballena, el animal más grande de la tierra que esta hace algunas décadas no se había podido fotografiar en su hábitat ni se había hecho un estudio serio sobre él. Por años los faros de las calles de Londres se iluminaban gracias a la grasa de ballenas y las primeras fortunas de la joven república de Estados Unidos a principios del siglo XIX fueron amasadas gracias a la caza de ballenas.

El pintor británico Turner fue patrocinado por un comerciante ballenero, inclusive tiene cuatro pinturas sobre la caza de ballenas, los artistas nunca fueron muy amigables con este animal, siempre fue retratado como un monstruo, claro las leyendas que rodean a este animal siempre lo han descrito como un gran fiera, un asesino, nada más alejado de la realidad, es un animal tímido incapaz de dañar a menos que sea molestado.

Hoy leyendo la revista de Letras encontré una entrevista con el autor Philip Hoare y el anuncio de la publicación en español de su libro Leviatán o la ballena. Les dejo algunas de las preguntas con sus respuesta de la entrevista, la pueden leer completa en este enlace,

Philip Hoare, en el vientre de la ballena Por Josep A. Muñoz Entrevistas


Leviatán o la ballena puede entenderse como un cuaderno de bitácora siguiendo la novela Moby Dick y empleando también la biografía de Herman Melville…

Es casi como una guía para tramposos a los que no les apetezca leer Moby Dick, pero que quieran presumir de conocer la historia (risas). Debemos entenderlo, no todo el mundo tiene tiempo de leer un libro de setecientas páginas. Leviatán o la ballena sería un “Todo lo que quieres saber sobre…” (risas). Por supuesto, está inspirado en el espíritu de Melville y en su manera artesanal de trabajar. Si Melville escribiera ahora la novela, las busquedas en google interferirían en su método, acabaría atrapado en una disgresión que le llevaría a otra y a otra… Es lo que sucede con internet y los buscadores, no acabas nunca. Algo que me sorprendió mucho de Melville es la cantidad de textos que copió de otras fuentes, por supuesto, sin pedir permiso. ¡Era un plagiario como la copa de un pino! Lo hacía como si, en la actualidad, escribiera copiando directamente de la wikipedia


El tuyo es un libro inclasificable. Hay quien dice que se trata de un ensayo, otros que se acerca al reportaje, al tratado literario, al texto sobre zoología… Pero, en definitiva, no se entiende sin ver claro que se trata de una novela.

Absolutamente. Me gusta que la gente lo lea así. No hice ninguna estructura cuando lo escribí, no tenía un índice ni una escaleta para guiarme, quería que fuera una historia similar a la que podría contarle a un amigo, con referencias a lecturas, lugares para visitar, cosas que ver, pero no hay un planteamiento esquemático, sino una narración libre, lejos del típico “A, B, C”. Entendí que debía ser de esta manera porque las historias reales, cuando nos suceden, surgen en forma de episodios. Rechazo la noción de la escritura objetiva porque todos somos humanos y, si escribimos, debemos hacerlo desde nuestra participación activa, partiendo de las vivencias con lo que nos rodea, pero sin olvidar la perspectiva general. Por ejemplo, cuando escribo sobre experimentos científicos puedo fantasear recreando sus efectos a gran escala.


¿El arte ha tratado bien a las ballenas?

No. Se empezó mostrándolas como monstruos, cuando aún se creía que la Tierra era plana. Luego, como proveedoras de sustancias industriales, con retratos horribles, hinchadas de gas, en estado de descomposición… El propio Melville dio una descripción muy equivocada de ellas. No nos acercamos a la realidad hasta que pudimos verlas bajo el agua. Para entonces el hombre ya veía el planeta Tierra desde el exterior, por lo que estamos hablando de un descubrimiento muy reciente. Aún me sorprende que una especie con más de cincuenta millones de antigüedad y tan inmenso, no haya sido estudiado hasta hace unas décadas

viernes, 26 de noviembre de 2010

Ya viene de la guerra.

En la página de facebook de la editorial critica colgué el comentario que me alegraba ver varias traducciones de libros dedicados a los conflictos en Irak y Afganistán, el trabajo de Dexter Filkins, "la guerra eterna", es un libro que tenía que ser traducido, cuando lei la versión original en ingles, me encanto la forma en que está escrito, muy sincero y directo, pleno y llano, duro y rudo, asi que me alegre mucho ver la traducción, después Soldados a caballo de Doug Stanton(que estoy leyendo este mes) sobre las operaciones de la tropas especiales de Estados Unidos en los primeros meses de la guerra contra el terrorismo en Afganistán, toda una odisea logística que logro su objetivo en tan poco tiempo, derrotar a todo un ejército en algunos meses con cargas de caballería, bombas dirigidas y mucho valor de parte de los miembros del 5to grupo de fuerzas especiales. Hace poco se lanzo los buenos soldados de David Finkel, que tengo la edición en ingles y espero leerlo en el 2011, ahora me han notificado que en Marzo del 2011 saldrá a la venta en Europa el libro de Sebastian Junger, WAR, otro libro sobre el conflicto pero escrito con mucha pasión, retratando lo que es la guerra, el infierno pero demostrando como los soldados logran forjar lazos fuertes con sus compañeros, porque al final los soldados lucha por el tipo que tienes al lado, no lo quieres decepcionar y haces tu mejor esfuerzo para que los que te cuidad la espalda también pongan todas sus fuerzas por defender tu espalda.



El autor de este libro también filmo un documental sobre una unidad del ejercito de estados unidos que tiene que defender una colina en un territorio controlado por los talibanes, el documental "RESTREPO",tiene varias nominaciones y muy buenas críticas, hasta ahora solo he podido ver un versión corta en el canal de National Geography que no le hace justicia al documental de mas de 90 minutos, la versión que he visto solo es de 45 minutos, imagino que pierde una buena parte de su contenido, en algún momento tendremos que ver el documental completo. El nombre de RESTREPO es el de un medico que murio durante un combate contra insurgentes talibanes en la zona. A continuación un avance del documental y otro video donde el autor habla sobre el libro y su experiencia de vivir y en algunos momentos casi luchar al lado de los soldados en la colina RESTREPO por un año.


Trailer del documental Restrepo





miércoles, 24 de noviembre de 2010

Historia de America(Estados Unidos) por el History Channel


Ayer vi el primer capítulo titulado rebeldes, visualmente la serie es impresionante pero siento que pierde mucho con los testimonios de Donald Trump, el ex alcalde de Nueva York Giuliani y el actor Michael Douglas,y no es que tenga que hablar un profesor de Harvard(que hay comentarios de varios academicos) pero un actor,un militar o un hombre de negocios no son los mas correctos para comentar sobre la historia de una nacion, además que todos lo que pasa en la joven Estados Unidos cambiaria el mundo, “el mundo nunca sería igual”, “es el momento más importante”, “Este instante cambiara la historia” y así sigue por más de 90 minutos, al principio suena bien pero después de 15 minutos te comienza un dolorcito de cabeza, también note que te llenan de información innecesaria, 90 millones de árboles, 60 millones de bisontes que corrían en la planicies, los colonos eran dos pulgas más altos que su contraparte Europea, y que es lo importante de estos datos. Hay una gran salto de Jamestown hasta la independencia, acaso en 150 años no paso nada interesante en la joven América digno de comentar (la guerra de los siete años), no llegaron españoles a la florida, no hubieron colonos franceses, para esta serie solo británicos llegaron a la joven colonia, las tribus nativas nunca se rebelaron y todos terminaron comiendo el día de acción de gracias y que malos esos casacas rojas, te pasan golpeando por la calle y no te dicen ni un disculpas como quien no quiere la cosa. La esclavitud toma 5 segundos explicarla y así sigue, pareciera que está hecho para una audiencia muy joven, está bien tirar algunos efectos especiales por computadoras pero eso no lo es todo en una serie como esta.


No me mal entiendan la historia de los Estados Unidos de America es muy fascinante, como otras naciones se basan en la conquista, la guerra y algunos crímenes como la esclavitud, por esto su pasado distante nos dice mucho sobre su presente, las bases de igualdad y libertad que inspiraron a la revolución nunca lograron su verdadero fin. Pero puedo un país espiar sus pecados, pues ahí está la historia, su historia contada por grandes historiadores como Paul Johnson, quien nos cuenta la historia de esta nación sin cortes, directa con sus luces y sombras como la historia de todas las naciones, porque definitivamente la historia de los Estados Unidos tiene mucho que enseñar y hay mucho que falta por aprender. Creo que la edicion en español del libro de Paul Johnson esta editado por Ediciones B.

Sobre la serie producida por el History cannel solo puedo decir que no lleno mis expectativas, se mira que bombearon una buena cantidad de dinero pero se quedaron cortos en muchos puntos. Bueno solo es el primer capítulo tal vez se pone mejor en la guerra civil.

domingo, 12 de septiembre de 2010

La grandeza de Trotski.

Trotsky es uno de las mentes marxistas más influyentes en el siglo XX, fue el arquitecto de la revolución rusa y sin tener estudios militares logro reformar y organizar al ejército rojo que logro ganar la gran guerra Civil en Rusia en los años 20, sus ideas siguieron influyendo los movimientos políticos durante todo las décadas posteriores a la guerra civil rusa y su exilio en México, sus escritos literarios, sus panfletos contra Hitler eran más contundentes que los del Churchill, combina muy bien el papel del hombre de ideas con el hombre de tomar acciones, sumándole la imagen romántica que se fue forjando alrededor de su persona durante su exilio con todo y romance prohibido con la pintora Frida Khalo. El primer libro que lei este año fue la biografia grafica de Leon Trostky, el librito apenas de 120 paginas me dejo con mucho interés el proceso de formación de la revolución soviética y su guerra por el control de Rusia, por eso con mucho agrado me doy cuenta de la publicación en español de la biografia de Trotsky por ediciones b. En el suplemento literario Babelia del periódico el País, encontré una reseña del nuevo libro del historiador Robert Service, esta biografía cierra la trilogía dedicada a los líderes de la revolución Soviética, Stalin y Lenin, a continuación la reseña por Antonio Elorza.


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CRÍTICA: LIBROS / Biografía
El mito de Trotski
ANTONIO ELORZA 11/09/2010

Autor de dos libros de referencia sobre Lenin y sobre Stalin, Robert Service cierra el triángulo de biografías sobre revolucionarios rusos con la que ahora nos llega sobre Trotski. Desde el principio es consciente de que el terreno es más resbaladizo. La condición de mártir del estalinismo y la supervivencia de buen número de epígonos tuvo por resultado que desde el clásico estudio de Isaac Deutscher hayan predominado los relatos de mayor o menor valor, pero siempre con un sesgo hagiográfico. La vulgata trotskista ha forjado además un molde ideológico muy útil para sentirse revolucionario, de una revolución siempre en el orden del día, con el proletariado como protagonista, que sólo resulta frustrada por el reformismo del traidor a la historia que es el partido comunista, con Stalin y después de Stalin. El capitalismo o la reacción, ya se sabe lo que son: no entran en el problema. Resultado: una construcción maniquea con Trotski (la Revolución) como polo del Bien, en tanto que Stalin y sus sucesores encarnan el Mal.
La reconstrucción de la vida y las ideas de Trotski por Service está dirigida a quebrar ese mito. "Este libro es la primera biografía extensa sobre Trotski escrita por un no ruso y no trotskista", advierte. Una exhaustiva búsqueda documental en los archivos con material de primera mano en diversos lugares del mundo, de Moscú a Harvard, la permite profundizar en las actitudes y en las intenciones reales del revolucionario con mucha mayor precisión que lo que ofrece la obra publicada. El resultado es un tríptico en el cual los aspectos biográficos de tipo personal, las actuaciones políticas y los planteamientos ideológicos convergen en un cuadro esclarecedor de la compleja personalidad del político.
Service destaca en Trotski su excepcional calidad como orador, organizador y líder. En lo primero fue superior a Lenin y como organizador de procesos revolucionarios en curso, inigualable, como probó su dirección del soviet de San Petersburgo en 1905 y la preparación del acto insurreccional de octubre de 1917, por no hablar de su decisiva tarea en la organización y dirección del Ejército Rojo. Otra cosa fue su calidad como líder y organizador político, lastrada por un excesivo personalismo, exacerbado en los últimos años, y por su olvido de las reglas que presiden el funcionamiento de un partido político, tema en el cual fue siempre a remolque de sus adversarios. Deficiencia que por otra parte sorprende, ya que fue el primero en darse cuenta muy pronto, en 1904 y en su folleto Nuestras tareas políticas, de los mecanismos dictatoriales que encerraba el modelo organizativo propuesto por Lenin y de la inevitable sustitución que del mismo se derivaba hacia el vértice sofocando el supuesto poder del proletariado. Nunca aplicó tales previsiones a su etapa de gestor del poder soviético.
Trotski creía demasiado en sí mismo y por otro lado tendía a construcciones esquemáticas -inevitabilidad de la revolución permanente y del gobierno obrero-, que funcionan en 1905 o en 1917, a favor de corriente, pero que luego se distanciaron de la realidad tanto como sus valoraciones peyorativas de Stalin o de momentos críticos de la historia europea. Rara vez admitía los desmentidos que los hechos infligían a sus posiciones, expuestas siempre como verdades indiscutibles. Tal rigidez le resultó muy costosa en las relaciones con sus propios fieles. Uno de ellos desengañado, el futuro teórico de la managerial revolution, se lo planteó: no hay una "verdad de clase" y los hombres más peligrosos son aquellos que se creen en la posesión de la verdad. Trotski ignoró la observación.
Trotski fue un antidemócrata convencido, si bien creyó en una "democracia socialista" donde coexistieran las distintas corrientes revolucionarias. Aunque aplastó Kronstadt. No fue la cara amable de la revolución, por contraste con Stalin. Estudioso de la Revolución Francesa, el equivalente de la guillotina era su instrumento preferido en 1917 para aplicar a la burguesía. En Terrorismo y comunismo (1920) escribe: "La vía del socialismo pasa por la tensión más alta de estatización", "la militarización del trabajo", "el gobierno más despiadado que pueda existir, un gobierno que abarca imperiosamente la vida de todos los ciudadanos". Totalitarismo puro.
La grandeza de Trotski residió en su capacidad para desarrollar una línea política original, sobrevolando los enfrentamientos entre bolcheviques y mencheviques y percibiendo la inviabilidad de la fase democrática -a diferencia de Lenin pre-17- en la Rusia zarista. Su aislamiento resultó además compatible con una práctica revolucionaria desarrollada, llegado el caso, con una excepcional capacidad de gestión. Pero ese aislamiento le fue fatal cuando se planteó la lucha por el poder a la muerte de Lenin. Era el hombre a abatir y lo eliminaron. Una vida espléndida y trágica, que salvando los escollos de la traducción el libro de Robert Service nos devuelve en un gran relato.

Tomado del suplemento Babelia en el Pais.com, El mito de Trotski

viernes, 6 de agosto de 2010

Una verdadera Guerra Atomica

El periodista Michael Dobbs en su libro One Minute to midnight, Kennedy, Khrushchev and Castro on the Brink of Nuclear War, menciona que ninguno de los bandos se dio cuenta de lo cerca que estuvieron de llevar al mundo a la Primera Guerra Atómica, la tención no termino con el acuerdo entre el presidente Kennedy y el primer ministro Khruschev, a lo largo de la guerra fría se siguió con la carrera armamentista y las pruebas nucleares, lo único que cambio fueron los participantes, ya no eran el juego a dos bandos poco a poco fueron entraron nuevas fuerzas, Gran Bretaña, China, India, Francia por mencionar algunos de los más importantes pero en los últimos años ya hay nuevos chicos en el barrio que también quieren demostrar que los tienen bien grandes. Hoy en la mañana estuve oyendo las noticias sobre la ceremonia en la ciudad de Hiroshima para recordar el 65 aniversario del lanzamiento de la primera bomba atómica y me pareció muy oportuno aunque lo más probable es que siga cayendo en un saco roto, un llamamiento al desarme nuclear, en una ceremonia en la que, por primera vez, participó oficialmente Estados Unidos, representantes del Reino Unido y Francia, aliados en la II Guerra Mundial y hoy potencias nucleares. Porque esperar 65 años para participar en la ceremonia, tenían temor de levantar el debate sobre si se debió lanzar la bomba para que la Segunda Guerra Mundial no se alargara mas con una invasión masiva a Japón departe de las fuerzas aliadas, veremos que prepara la comitiva de Obama cuando llegue en una visita oficial en Noviembre y visite el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima. Por lo pronto aquí les dejo un video sobre las pruebas nucleares que se han efectuado en el mundo, como decíamos arriba quien pensara que nunca hubo una Tercera Guerra Mundial está equivocado, el juego de medir fuerzas entre los participantes del enfrentamiento estuvo muy activo en todo el siglo pasado, mas de 2,000 lanzamientos de bombas nucleares entre 1945 a 1998.

viernes, 16 de julio de 2010

¿Lanzaría la Bomba atómica de nuevo?, Si lo haría.


Sentirías remordimiento por hacer tu trabajo y aunque esto conlleva la muerte de una buena cantidad de personas, digamos unas 200,000 y la destrucción de toda una ciudad, además de pensar si lo volverías hacer o si después de hacer tu trabajo de manera muy eficiente bajaras a ver como quedo tu trabajito, tu misión especial, que te puede pasar por la mente al ver que has borrado una ciudad entera con todos su habitantes, museos, escuelas, oficinas, tiendas y que has dejado sin techo y cobijo a miles de familias que no tienen donde dormir, dormirías tranquilo o tratarías de no pensar en ello porque eres muy profesional en esto y no te parece que debes cuestionarte por cumplir con tu deber, tu conciencia no debe de molestarte por eso, hombre no te preocupes, lanzar una bomba atómica desde un avión para evitar la muerte de miles es una de los mejores actos para limpiar tu conciencia y mantenerte tranquilo.

Claro que tonto he sido se me escapaba una de las reglas de McNamara, Toda guerra debería de guiarse por el principio de la proporcionalidad, traigo todo esto porque estaba leyendo una entrevista del último sobreviviente de la tripulación del Enola Gay, Capitán Theodore Van Kirk, me impresiono mucho la firmeza con que responde y la sencillez de sus comentarios, imagino que ha tenido mucho tiempo para buscar una buena respuesta.

Primero el video de Robert McNamara sobre el principio de Proporcionalidad y como se aplico en la Segunda Guerra Mundial. A coninuacion la entrevista de Theodore Van Kirk para el periodico britanico the Guardian.

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'Would I drop the atomic bomb again? Yes, I would

'Theodore Van Kirk was the navigator aboard the Enola Gay, the plane that dropped the first atomic bomb on Hiroshima 65 years ago. Now the sole survivor of the crew, how does he live with the deaths of 200,000 people?


Theodore Van Kirk, the navigator aboard Enola Gay, who is now 89. Photograph: Dan Callister / Rex Features Theodore Van Kirk is sitting at his desk in a detached bungalow in the gated community where he lives outside Atlanta, Georgia. The room is cluttered with boxes, trinkets, shelves full of books on wartime history, and photographs of planes on the walls.

He picks up a large calendar from the floor and begins flicking through it. "Let's have a look at what's coming up on 6 August," he says. Finding that date, he holds up the calendar. The page is empty. "Nope, nothing there."

The absence of any plans is unusual, because Van Kirk is usually heavily in demand on 6 August. This year, he tells me, he has been invited to travel, all expenses paid, to Tinian, the tiny Pacific island where, 65 years ago on that same day, he set out with 11 other men on an aeroplane journey that would change the world. But this year, Van Kirk declined the invitation. He just didn't feel like it, he says.

His uncharacteristic inactivity is explained by the fact that none of the 11 crew members who joined him on that fateful flight will be in Tinian this year, and without them he didn't have the stomach to go. Over the last 65 years they have fallen one by one.

The first was William Parsons, a military engineer who died in 1953, followed by Robert Shumard, another engineer, 14 years later. Others died through the 80s and 90s; and Paul Tibbets, the commander of the plane, in 2007. And then, less than two months ago, Morris Jeppson, a bomb expert, became the penultimate member of the crew to pass away, dying in a hospital in Las Vegas.

Which leaves Van Kirk as the only living crew member of the Enola Gay, the B-29 bomber that set out from Tinian on 6 August 1945. The bomb they carried, dubbed Little Boy, was the world's first atomic bomb dropped in combat. Its target: Hiroshima.

Jeppson's death on 30 March has left Van Kirk, "Dutch" to his friends, as the standard-bearer for a flight that has come to symbolise the terrible destructive power of nuclear warfare. He is fully aware of the burden he now shoulders. "I read the papers as they reported Morris's death, and they all said that Van Kirk is the last survivor. Now I get asked all the questions."

'We knew there was something special going on'

Van Kirk was 24 when he joined the crew of the Enola Gay and by then he had already flown more than 50 bombing raids over Europe and North Africa. Most of those flights were in the company of his great friends, Tibbets and Thomas Ferebee, the Enola Gay's bombardier. Together, they formed the core of the Hiroshima mission.

In the six months prior to the mission they and other members of the 509th Composite Group had been holed up in Wendover Field, Utah, training for an unspecified bombing run amid total secrecy. The words "atomic" and "nuclear" were never mentioned.

"We knew there was something special going on," he says. "You couldn't be in the 509th and not know something was up. They told us we were going out to do something that would either end or significantly shorten the war. They told us that the weapon we were going to drop would destroy an entire city."

On top of that, they saw hundreds of physicists milling around the base, one of whom Van Kirk recognised from the cover of Time magazine. "After all that, if you couldn't figure out it was an atomic bomb you were pretty damn stupid. If you talked about it you were even more damn stupid, as you would be transferred instantly to the Aleutian islands, where you could talk all you wanted and nobody would listen."

A few months before the mission, the pace of preparations picked up. The crew was told that the bomb they would drop would be so powerful that their plane would need to be at least 11 miles away when it detonated or else it would break up. They stripped down the B-29 bomber to its shell to reduce weight and began practising hair-raisingly tight mid-air turns that would be needed to reach a safe distance once the bomb was away.

On 5 August, having been relocated to Tinian, they were called together for a final briefing. They were informed they were about to do the job for which they had trained for so long: to drop a bomb unlike anything that had gone before. The word atomic remained unspoken.

After the briefing, they were ordered to get some sleep. Instead Van Kirk, Tibbets and Ferebee sat up all night playing poker. "I mean, they tell you you were about to go out and drop the first atom bomb that night, and then tell you to get some sleep! That was absolutely beyond me!"

'Bomb away'

The Enola Gay – named by Tibbets after his mother – took off on 6 August at 2.45am. Van Kirk's role was navigator: "We did things the old-fashioned way: celestial navigation, telling your position by the stars. We had a dome up top of the plane to sit up in and shoot the stars with a bubble sextant."

Despite the basic techniques, Van Kirk navigated the Enola Gay to its target 1,800 miles away, 15 seconds later than scheduled. "Fifteen seconds was damn good, that's all I can say."

He pulls out from one of the many boxes in his study a facsimile of the navigator's log he kept that day. The entry at 09.15 (8.15am Japanese time) reads "Bomb Away". Forty-three seconds later, Little Boy exploded, some 580m above the streets of Hiroshima.

When the bomb dropped, the Enola Gay suddenly lurched upwards, and Tibbets sent the plane into a 150-degree turn. "We were just levelling out with throttles full forward when the bomb exploded at our back. All we see is a bright flash like a photographer's bulb going off in the aeroplane." Within seconds of that, the first shock wave hit the plane. "There was a hell of a jolt. The sound was like the aeroplane being torn in half."

On the ground, of course, the jolt was far greater than the 3.5 Gs Van Kirk and his 11 colleagues felt inside the Enola Gay. The pika-don, or "flash-bang", as the Japanese call the impact of the atom bomb, ripped through Hiroshima with a force equivalent to 13 kilotons of TNT, razing almost five square miles of the city. Estimates vary, but it is thought that more than 70,000 people, most of them civilians, died within seconds of the blast, 140,000 by the end of 1945 and more than 230,000 in total. Many died in hideous ways, including burns and radiation sickness.

'You always knew people would be very seriously hurt'

It would be wrong to hold Van Kirk, now 89, in any sense responsible for the extreme human suffering that the bomb caused. As Harry Truman, the president who ordered the dropping of the bomb, told Tibbets when they met in 1948: "I'm the guy who sent you. If anybody gives you a hard time about it, refer them to me."

But on a personal level, how has Van Kirk coped over the years with the knowledge of the destruction the bomb yielded? I begin by asking him whether he had any thoughts, at the moment the bomb exploded, about the thousands of people who were right then being obliterated.

"You do that thinking beforehand. You knew that when you were bombing over occupied France, over Africa; you always knew that when you were dropping bombs out of aeroplanes a lot of people on the ground would be very seriously hurt."

And civilians? Most of the Hiroshima victims were civilians.

"You've heard of 'Bomber' Harris," he replies, referring to the RAF commander who ordered the raid that obliterated the German city of Dresden. "The idea at the time was to destroy a nation's will to fight, and you weren't dropping bombs in a pickle barrel, for chrissakes. You always recognised there were people on the ground – workers in a factory or civilians living nearby – who could be killed or damaged by the bombs."

And how difficult was that for him to deal with?

"If you could not deal with that you were worthless as an aviator. You had to separate that in your mind or else you were no good. You couldn't have done the job. Tibbets and Ferebee and I, we always agreed on this: the will of the United States at the time was that we drop the atomic bomb on Hiroshima."

He pauses, and then he adds: "I've never found a way to fight a war without killing people. If you ever find that out, let me know."

Van Kirk says he never lost a night's sleep over Hiroshima. Such lack of anguish is testament, as he says himself, to the training that he received in the US air force that shielded its pilots from introspection. It is testament too, perhaps, to the ability of man – and all 12 crew members of the Enola Gay were men – to compartmentalise extreme events and emotions and thereby neutralise them.

'All you saw was plain, flat, level ground'

A few days after Japan surrendered, Van Kirk, Tibbets and some of the other crew visited Nagasaki which, on 9 August, had become the second city to have been eviscerated by an atomic bomb. I ask him what he recalls about the trip.

"Nothing. It was just a trip to Japan, that's all."

I can't believe that, I say. Nagasaki had just been entirely flattened by a nuclear explosion.

"Yes, we saw a city that was completely levelled. All you saw was plain, flat, level ground."

That must have been a powerful sight, I say.

"There was not much difference between an atomic bomb and a conventional bomb. The difference was in the area that it covered."

Did he see the shadows of people who had been burned to dust on the walls and pavements?

"Yes, you saw that."

And wasn't that shocking?

"It was shocking as you wondered how the heat of that bomb had done something like that. But you were immune to it because they told you during your training that would happen."

Have you ever allowed yourself to read accounts of what it was like to be at the receiving end of the bomb?

"Yes."

And what was your reaction?

"An information reaction."

Did he ever wish he had never taken part in the Enola Gay's atomic mission?

"No, I was proud to be on the Enola Gay. The war ended on 14 August. I don't know when it would have ended if we had not dropped the atomic bombs."

Would you do it again?

"Under the same circumstances – and I realise you can never have them exactly again – yes, I would do it again."

There is a slightly rehearsed quality to the answers Van Kirk gives, which is perhaps unsurprising as he has been responding to questions like this for almost 65 years. But he suspects he won't have to face such grilling for very much longer. The last man standing who is able to describe the experience of dropping the world's first atomic bomb is facing his own mortality.

"Every time one of my fellow crew members died it was a shock," he says. "But when the last one died it was a real shock. It's not just that I'm now the last survivor. It's the shock of getting old. Hell, I'm 89! The fact of the matter is we are all getting old and dying. That's all there is to it."

martes, 18 de mayo de 2010

Sin Bizancio no habría existido Europa

Cuando me toco tomar una clase de Historia de la Cultura en la universidad, un profesor nos pidió que analizáramos el icono de la Virgen de Vladimir, con mucha paciencia franciscana el profesor oyó nuestros análisis piadosos, al terminar nos compartió su punto de vista sobre el icono de la virgen, para él representaba una época oscura, una era de tristeza por los abusos y desmanes de una clase poderosa y corrupta que oprimía al pueblo bizantino. Lo más probable es que no fuera la primera critica a Bizancio ni la ultima que oí, pero la imagen que tenemos la mayoría de nosotros simples mortales sobre el Imperio de Bizancio no es muy halagadora, tal vez fue culpa de Procopio y su historia secreta, o todos esas grandes luminarias del siglo XIX (entre ellos Gibbon) pero el Imperio Bizantino fue adquiriendo a lo larga de su historia una reputación negativa en el mundo occidental desde la Edad Media. El resurgimiento del Sacro Imperio Romano por Carlomagno en el siglo noveno y el cisma entre las iglesias de Oriente y Occidente en el siglo XI término de segregarlo ante los ojos de los reinos de Europa occidental, mejor muestra de ello el saqueo de Constantinopla durante la Cuarta Cruzada en 1204. Por lo tanto los estereotipos medievales europeos de la gente del Imperio Bizantino los han retratado como pérfida, traidores, serviles y afeminados. Ni que decir de la Discusión Bizantina, una frase muy mal empleada. Pero por suerte para todos los interesados hay una nueva ola de historiadores que han sacado varios títulos donde tratan de brindar un poco de luz sobre esa gran sombra de la injusticia que se ha posado sobre Bizancio.
Coincidiendo con la llegada del libro de Judith Herrin sobre Bizancio, por lo poco que lo he ojeado me alegra saber que fue una buena compra, pero me animo mucho mas el profesor Carlos Garcia Gaul, al leer sus comentarios en el suplemento del periódico el país, donde alaba las obras que han venido a desmitificar y abrirnos los ojos sobre ese gran imperio de Oriente.


ANÁLISIS: PENSAMIENTO
Cuánto debe Europa a los bizantinos
CARLOS GARCÍA GUAL 15/05/2010

El diccionario de la RAE de la Lengua Española (edición de 1970) define "bizantinismo" como "corrupción por lujo en la vida social, o por exceso de ornamentación en el arte", y, en segunda acepción: "Afición a discusiones bizantinas".

El diccionario de la RAE de la Lengua Española (edición de 1970) define "bizantinismo" como "corrupción por lujo en la vida social, o por exceso de ornamentación en el arte", y, en segunda acepción: "Afición a discusiones bizantinas". Respecto a "bizantino", nos advierte: "Dícese de las discusiones baldías, intempestivas o demasiado sutiles". El sentido despectivo del término es común a otras lenguas; y se funda en un viejo estereotipo, heredado de la Ilustración, junto a la imagen de un mundo bizantino "corrupto" de figuras rígidas, joyas y ropas de oro, iconos, cúpulas, mosaicos, sedas, eunucos, una corte de intrigas sangrientas y discusiones teológicas infinitas en monasterios, plazas y mercados. (Una imagen decadente evocada por Hegel, Voltaire y Gibbon, y sus contemporáneos).

Pero esa imagen deformada no hace justicia al refinado y milenario imperio que defendió a Europa de los ataques árabes durante siglos, y civilizó y cristianizó el mundo eslavo, y mantuvo y transmitió el gran legado cultural del helenismo y a través de los exiliados y los textos clásicos impulsó el Humanismo del Renacimiento. "Sin Bizancio no habría existido Europa", afirma Judith Herrin al tiempo que denuncia esa perversa fama y su difusión europea. Los europeos no sólo cometieron una de las más infames traiciones de la historia al lanzar la Cuarta Cruzada a conquistar y saquear impíamente la espléndida Constantinopla, sino que más tarde rehusaron socorrer a la aislada Bizancio en 1453, cuando Mehmet II acometió su conquista. Con feroz codicia asesinaron a muchos bizantinos en 1204, dos siglos más tarde abandonaron la ciudad a los turcos, y, luego, acaso con mala conciencia, insultaron a los vencidos. "Las sistemáticas calumnias dirigidas hacia Bizancio como imperio que continúan aún hoy", escribe J. Herrin, "se originaron en el intento de los cruzados de justificar su codicia y pillaje contra sus correligionarios cristianos". (Los bizantinos eran hermanos en la fe, pero cismáticos, algo heréticos y encima arruinados. Ni los monarcas europeos ni el Papado les tenían ninguna simpatía. Tampoco los intelectuales del XVIII, ya se ve, por otras razones).

No faltan libros recientes con una perspectiva más justa de los méritos y logros de la civilización bizantina, corrigiendo el tópico tradicional, y subrayando los avances y los claros rasgos de modernidad en aquel prolongado y versátil imperio, que también, como otros, tuvo sus tiempos siniestros y una triste decadencia. Como ha escrito G. Cavallo: "Bizancio anticipa el estado centralizado de la edad moderna, experimenta formas estatutarias de asistencia pública y privada a la pobreza, se abre a modos capitalistas de expansión económica, concede a la mujer -aunque sea bajo el ropaje de un difundido antifeminismo- una dignidad y un papel desconocidos hasta nuestro siglo, y anticipa prácticas de trabajo intelectual (ediciones de textos, formas de lectura) de la edad moderna". Mucho antes, Hans Freyer destacaba, en su Historia universal de Europa, cómo había ejercido de dique y filtro espiritual entre Oriente y Occidente: "Bizancio recibe los poderosos efectos del Oriente y, en sentido positivo, ha impermeabilizado al Occidente contra ellos, o al menos, como un filtro, ha dejado pasar poco hacia él. Muy varia sabiduría de la sangre, viejas experiencias del cuerpo y el alma, mucho arte del goce y de la ascesis se han perdido con ello para Occidente, y sólo gracias a ello es éste tan inquieto, tan inteligente, tan falto de sabiduría y tan laborioso ahora".

El Bizancio de Judith Herrin es "una historia distinta" sin el habitual esquema cronológico. Enfoca en capítulos sueltos sus aspectos más característicos, sugestivos y fascinantes, en un relato espléndido por su amenidad, colorido dramático y fresco estilo. Trata, en sabias viñetas, de Constantinopla, la mayor ciudad de Europa, Santa Sofía, los iconos, los mosaicos de Rávena, la ortodoxia, los eunucos, la corte, la sociedad cosmopolita y el bastión contra el islam; también de Cirilo y Metodio, las cruzadas, la iconoclasia, el "fuego griego", Venecia y el tenedor (joyel de una princesa bizantina), el Monte Athos, el asedio de 1453 y, en fin, de "la grandeza y el legado de Bizancio".

Al comienzo Judith Herrin cita una nota reciente de prensa sobre la Unión Europea y sus "regulaciones tributarias de una complejidad manifiestamente bizantina". Luego comenta: "Si necesitamos una palabra para describir la mendacidad de nuestros actuales líderes políticos, la estrafalaria incompetencia de nuestras burocracias, el taimado egoísmo y las maquinaciones ilegales de nuestras grandes empresas, o bien el enrevesado atractivo de los pasillos globales de la fama, debemos encontrar un término apropiado, y no es el de bizantino. No es que el imperio estuviera libre de corrupción, de crueldad y de barbaridades, pero al proyectar en él las ideas que todavía evoca el término bizantino, estamos sugiriendo que todos esos defectos pertenecen a una sociedad remota y condenada, ajena a nuestro carácter y desvinculada absolutamente de nuestras propias tradiciones".

El adjetivo "bizantino" merece otras connotaciones, y Bizancio otra mirada.

Tomado del suplemento Babelia del Pais.com

martes, 20 de abril de 2010

gran maestro de la divulgación

Mi primer libro de Don Manuel fue la biografía de Carlos V, me interese por el joven Rey cuando lei un libro sobre la conquista y en la bibliografía se recomendaba el libro de Don Manuel, tremenda sorpresa cuando en una librería lo encontré en formato bolsillo, no quede decepcionado, la recomendación estaba muy bien hecha y me dejo con ganas de leer mas sobre la España Imperial, salte a su biografía sobre Felipe II pero nunca la comencé, la tengo en stand By para algún momento mejor, cuando llegara, ni idea. Me di cuenta del descenso de Don Manuel gracias al foro de Hislibris, me pareció una tragedia, todos los que nos gusta la historia perdemos a una gran figura, pero la muerte no a detenido la publicación de su último libro, “España, una biografía de una nación”, la revista Cultura tiene un reportaje que bien vale la pena colgar aquí, en homenaje al gran divulgador español.
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Manuel Fernández Álvarez, el gran divulgador de nuestra Historia
El historiador fallecía hoy en Salamanca a sus 88 años a causa de una complicación en una operación.


"Este libro es mi legado. Sin ninguna duda mi obra más importante", reza en la solapa de la última obra de Manuel Fernández Álvarez (Madrid, 1921- Salamanca, 2010) publicada por Espasa. Apenas llevaba una semana España, biografía de una nación en las librerías cuando se ha conocido la noticia de su muerte a causa de una complicación en una operación aparentemente sencilla. En la nueva obra del gran maestro de la divulgación, en la que aborda una visión completa de la Historia de España, el autor, de 88 años, advertía que su propósito era reflexionar "sobre sus principales acontecimientos, haciendo hincapié en los debates más conflictivos que los estudiosos, de dentro y de fuera de España, han ido planteando en los últimos tiempos".

Luis Ribot, crítico de El Cultural, definía al historiador en la última reseña de uno de sus libros como "un autor de referencia". Investigador concienzudo, fue también hasta su jubilación un profesor entusiasmado por la enseñanza y el contacto con los alumnos en su cátedra de Historia Moderna de la Universidad de Salamanca, de donde era profesor emérito. Su ingente obra -centrada en la España del Renacimiento y de Carlos V- le proporcionó un amplio reconocimiento, del que son buena prueba la concesión del premio Nacional de Historia de España (1985) por La sociedad española en el siglo de Oro, su condición de miembro de número de la Real Academia de la Historia desde 1987, así como diversos premios. A partir de 1998 - recuerda Ribot- se convirtió en un autor de éxito, a raíz de la publicación de Felipe II y su tiempo, sucesivamente reeditado, que estuvo durante mucho tiempo en la lista de los más vendidos. Desde entonces publicó otros muchos títulos -esencialmente biografías de personajes de la primera Edad Moderna española-, que han ido siempre acompañados del éxito editorial, así como de nuevos premios y reconocimientos.

Manuel Fernández Álvarez se consideraba a sí mismo un "historiador profesional", y no se dejó llevar por el éxito de ventas que le acompañó en los últimos años: "Un buen historiador también necesita humildad, mucha humildad, ser capaz de releerse críticamente, sabiendo que al acabar una obra tal vez tenga que romperlo todo y empezar de nuevo -declaró en una ocasión a El Cultural-. No basta con ser el mejor investigador posible, ni el más ameno, ni el mejor divulgador sin un bagaje cultural imprescindible, porque no es posible comprender nuestra historia sin haber leído a Quevedo, Cervantes, Garcilaso o Baroja, o el XIX sin conocer a Tolstoi, Flaubert, Zola, Chejov."

Dedicó más de cincuenta años al estudio del siglo XVI, fruto de los cuales son su obra magna Carlos V, el césar y el hombre (VI Premio Don Juan de Borbón al libro del año en 2000), el monumental Corpus documental de Carlos V (Salamanca, 1973-1981) y el ensayo Carlos V: un hombre para Europa. Recorrió la Historia de España con títulos como Isabel la Católica; Felipe II y su tiempo; Juana la Loca. La cautiva de Tordesillas; El fraile y la Inquisición; Casadas, monjas, rameras y brujas; Sombras y luces en la España imperial; Cervantes visto por un historiador (Premio Quijote del Año de la Sociedad Cervantes de Esquivias y Premio de Ensayo y Humanidades Villa de Madrid 2006), El duque de Hierro o La princesa de Éboli, publicada en 2009.

Tomado de la Cultura.es, edicion digital- 19/04/2010