Mostrando entradas con la etiqueta Mexico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mexico. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de diciembre de 2011

El tesoro de la sierra Madre, los hermanos Grimm y una critica al sistema capitalista.


Hola a todos, por aquí de nuevo, en noviembre por fin termine el Tesoro de la sierra Madre, una de las novelas más importantes de B. Traven, un autor que está lleno de misterio, nunca le gusto dar entrevistas, ni escribir cartas, ni hacer presentaciones y mucho menos aparecer en público, hasta el dia de hoy no hay con certeza una fecha exacta de su nacimiento y mucho menos  de su muerte, para algunos atrevidos que han tratado de desvelar quien es el misterioso Traven solo se encontraron con mas acertijos y misterios, hay algunas teorías de lo más disparatadas que mencionan al Kaiser Guillermo como el verdadero autor de las novelas de B. Traven, también hay otras que mencionan al escritor norteamericano Ambronse Pierce quien desapareció durante la Revolución Mexicana.

Hay algunos rasgos que se logran desvelar en la obra de B.Traven por ejemplo le encantan las fabulas, su novela sobre tres miserables buscadores de oro que encuentran una mina perdida en los mapas, tiene mucha influencia de los hermanos Grimm y bien podrían ser una fabula digna de los hermanos Grimm, el oro termina siendo su perdición en vez de su salvación, las historias que cuentan los indios o el más viejo del grupo y con más experiencia en la búsqueda de oro “Howard” nunca tiene un final feliz, tienen muchas moralejas sobre la ambición, la locura y las deshumanización del hombre por volverse rico.  Que entre más tienes realmente no te das cuenta que menos tienes, uno de los personajes principales al inicio de la novela “Dobbs”, se encuentra en lo más bajo, sin un trabajo, sin un solo centavo en la bolsa, en un lugar extraño, vistiendo harapos y con mucha hambre, al final de la novela este personaje se encontrara en una posición peor, en medio del desierto, con sed, lleno de oro, paranoico, rodeado de bandidos, sin amigos y al borde de la locura. Traven nos llena de situaciones desesperantes, tengo que decir que tenía tiempo de no sentir esas mariposas en el estomago por saber cuál será el desenlace, en que terminaran la historia que cuentan los campesinos o Howard.  La novela termina siendo un tratado en contra del poder, una crítica social al sistema capitalista y al papel que ha jugado la iglesia en Mexico, el autor aprovecha cualquier ocasión para lanzar una crítica al sistema y burlase de la justicia del hombre blanco. Novela muy entretenida con mucho toques de novela negra, aventura, filosofía y un poco de Western, como siempre la novela supera la película.

jueves, 6 de enero de 2011

De que hablan Byron y Dario


En una calle de la ciudad de México, todas las noches Lord Byron y Rubén Darío se encuentran para debatir un poco, platicar, chismear o tal vez solo pasar el rato, hacer algún comentario sobre lo que miran a diario en las calles de Lord Byron con Ruben Dario. Les dejo un artículo de Nicolás José para la revista Letras Libres sobre estos dos grandes de la Literatura y las calles que llevan su nombre en la gran ciudad de Mexico.

Lord Byron esquina con Rubén Darío



De qué hablarán los fantasmas de Lord Byron y Rubén Darío cuando se encuentran en Polanco al pie de los jardines de Chapultepec.

¿Quién conoce los nombres que camina?



Casi toda la vida consciente de George Gordon, Lord Byron, transcurrió en tiempos Napoleónicos. No resulta tan sorprendente, por lo tanto, que nunca conociera París. Ni que fuera la Pimpinela Escarlata para pasear su noble -aunque tullida- silueta por las calles de Faubourg Saint-Germain. Tampoco le importó mucho una vez exiliado el monstruo. Ni siquiera la compasión lo llevó a la ciudad de las luces cuando, en 1816, su otrora amante, Caroline Lamb, desesperada porque la visitara, destruyó su cuarto de hotel, valiéndose de muebles, tazas y candeleros como proyectiles. Al poco tiempo Byron abandonó Inglaterra para siempre. Años antes había escrito a un amigo: “Nunca viviré ahí, no es país para mí, el por qué debe permanecer secreto”. Nunca pudo revelarse a sí mismo ese por qué, ni en Caín, ni en Mazeppa, ni en Don Juan, ni en todas sus Peregrinaciones de Childe Harold. Pero el secreto siempre estuvo ahí: cuando cruzó nadando el Helesponto; en el verano al pie del Lago Lemán con los Shelley; en el invierno en que su amante analfabeta se tiró al Gran Canal de Venecia, incapaz de vivir con el desprecio del poeta. “Feroz y hermoso cometa” dejó una estela adúltera, incestuosa, sodomita. Escribió con todo el cuerpo y así buscó la gloria, soñándose libertador de suliotas. La enfermedad asaltó al recién nombrado Generale Noel Byron, antes que él pudiera asaltar la fortaleza de Lepanto. En la claridad que antecede la muerte, invocó: “Mi esposa, mi tierra, mi hija”.

Félix Rubén García Sarmiento, estilado Rubén Darío, en cambio, desde niño soñó con París. Para él ya era la capital del siglo diecinueve. “Cuando en la estación de Saint Lazare pisé tierra parisiense”, relata, “sentí que hollaba tierra sagrada”. Antes había pasado por casi todo Centroamérica, Cuba, España, Nueva York, Buenos Aires. Pero sus viajes no eran aventureros, más bien hueseros, como parte de tal o cual legación, encargado de empezar éste u otro periódico, o como cónsul honorífico, ya de Colombia, ya de su natal Nicaragua. Pero siempre se sintió raro. No así en la ciudad “del Arte, de la Belleza y de la Gloria, reino del ensueño”. Ahí se sentía ciudadano predilecto, ahí pasó los años divertidos de su alcoholismo junto a Gómez Carrillo y Alejandro Sawa. Aunque nunca pudo mantener una conversación con su ídolo Verlaine. Cada vez que intentaban presentárselo, el “padre y maestro mágico”, el “liróforo celeste”, estaba más borracho que él. Vivió por liberar el pájaro azul enjaulado en su cerebro y su inconmensurable destreza y talento eran el pan de los “jóvenes modernistas, más o menos melenudos”. Pero su deseo de pertenencia nunca lo abandonó. Tal vez por eso él sí procuró nupcias con su amante analfabeta, aunque a la postre también la abandonara para irse a morir a Nicaragua.

La Autobiografía y la Historia de mis libros de Darío son documentos muy bien ensayados en los cuales se cita a sí mismo constantemente como fuente de autoridad y veracidad. Están pensados y escritos para que la posteridad lo consagre como el príncipe de las letras castellanas, en la gran narrativa de nuestra literatura. Todo le sucede a él primero: conoció personalmente a Martí y a Julián del Casal, pero solo a él le tocó “iniciar el modernismo”; disque a él y no a Rodó se le ocurrió primero, también, la división entre Ariel y Calibán para describir los poderes en juego en Estados Unidos y América Latina; caramba, hasta la revolución mexicana empezó a la sombra de su presencia en Veracruz, con la muchedumbre levantada dando “vivas a Rubén Darío y a Nicaragua”. Gracias por todo, Rubén, gracias.

Nunca sabremos, por otro lado, cómo sería la autobiografía de Byron. A la par de sus fecundas relaciones epistolares y su frenético afán de registrar todo lo que le acontecía en su diario, escribió dos volúmenes de memorias cuya publicación confió a su amigo Tom Moore. Hubo violentas discusiones sobre la propiedad y destino de los dos volúmenes entre el mismo Moore, Hobhouse (otro íntimo amigo), un representante de su esposa y de su hija, un representante de la media hermana (también amante y madre de otra hija) y el editor Murray. En contra de la voluntad de Byron, y a pesar de los proyectados beneficios económicos que rendiría la publicación, decidieron destruirlos por el bien de todos. Poco a poco los fueron deshojando, auto de fe en la chimenea, sólo dos de ellos las habían leído.

No sé de qué hablarán sus fantasmas cuando se encuentran en Polanco al pie de los jardines de Chapultepec. Fue una mala idea. No se caerían bien. Byron despreciaría a Darío, lo llamaría “poeta domesticado”, como llamaba a Wordsworth. Darío balbucearía cualquier cosa incomprensible de perfecta prosodia. A no ser que hablen de los animales que atormentaron sus últimos años. Darío, durante su misión en Madrid, a veces llegaba tan borracho de ajenjo del Café Barbieri o del Chicote, que imaginaba que lo atacaban los leones de mármol que vigilaban la puerta del consulado nicaragüense en la calle de Serrano. Eran leones de la muerte con la que vivía obsesionado. Tenía que salir un empleado a conducirlo a la casa. No es casualidad que su tumba en la Catedral de Managua esté resguardada por un poderoso león. Byron vivía temeroso de los ojos de un águila que hirió de muerte en Vostitza en 1809. Intentó salvarla pero no pudo. Antes de esto interpretaba el águila en vuelo como símbolo de su propia grandeza. Hacia el final, se le aparecía el brillo de esos ojos, multiplicado por docenas, y sentía un violento aleteo.

Puede ser que hablen de animales, el zoológico queda cerca. Pero probablemente se ignoran o, a lo mucho, escriben odas a los vecinos que batallan por un predio.

- Nicolás José .








Tomado de Letras Libres,



http://www.letraslibres.com/blog/blogs/index.php?title=lord_byron_esquina_con_ruben_dario&more=1&c=1&tb=1&pb=1&blog=5

viernes, 10 de septiembre de 2010

La escandalosa misión del padre Maciel

Sin saberlo ya había leído algunos artículos de Alma Guillermoprieto, hace algunos meses la revista National Geopraphy publico uno de sus crónicas periodísticas sobre el culto a la muerte y a los santos narcos y otro sobre la realidad de Venezuela con Chávez, ahora quedo muy sorprendido con un nuevo artículo publicado originalmente para el New York review of Books y traducido para la revista el clarín. Ahora Alma relata un poco sus impresiones sobre el fundador de los Legionarios de Cristo EL Padre Maciel y toda la polémica que le rodea, después de leer dos libros y dos artículos donde no se dejan títeres con cabezas sobre el dinero, los abusos, las drogas y la doble vida que vivía uno de los más importantes allegados a Juan Pablo II, los libros que comentan en su artículo son los siguientes y a continuación el articulo completo publicado en la revista el Clarin.

La Iglesia del silencio
by Fernando M. González
Mexico City: Tusquets, 356 pp., 299 pesos

Vows of Silence: The Abuse of Power in the Papacy of John Paul II
by Jason Berry and Gerald Renner
Free Press, 368 pp., $16.00 (paper)

Money Paved the Way for Maciel’s Influence
by Jason Berry
National Catholic Reporter, April 6, 2010

Maciel despojó a 900 mujeres
by Eugenia Jiménez
Milenio, May 3, 2010


_______________________________________________________________________
08.09.2010 Ideas
La escandalosa misión del padre Maciel

"Era bígamo, pederasta, drogadicto y plagiador", sintetiza la periodista mexicana en este perfil de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, una de las órdenes católicas más rentables y conservadoras del siglo XX.

De todos los terribles escándalos sexuales en los que los jerarcas del Vaticano se vieron envueltos, ninguno tiene más probabilidades de asestar un fuerte golpe a la institución que la asombrosa historia del sacerdote mexicano Marcial Maciel. Los crímenes que otros sacerdotes y obispos cometieron contra niños pueden provocar indignación, pero también hacen que queramos mirar para otro lado. En el caso del padre Maciel, en cambio, es imposible tomar distancia del horrendo drama a medida que éste se difunde, página a página, revelación tras revelación, en la prensa mexicana.

El padre Maciel, que nació en México y murió en 2008 a los ochenta y siete años, era muy conocido en el mundo católico.

Superó obstáculos que habrían vencido a cualquier otro y fundó lo que se convertiría en una de las órdenes más dinámicas, rentables y conservadoras del siglo XX, que en la actualidad tiene casi ochocientos sacerdotes y aproximadamente setenta mil hombres y mujeres de todo el mundo que participan en el movimiento laico Regnum Christi. La Legión de Cristo, que tiene casi setenta años de antigüedad como orden, es relativamente chica, pero influyente: opera quince universidades y sus escuelas tienen 140.000 alumnos.

(En Nueva York, sus miembros enseñan en once escuelas parroquiales.) Sus líderes, por otra parte, tienen desde hace mucho tiempo un notable acceso a la jerarquía del Vaticano.

Maciel, que pertenecía al círculo íntimo del papa Juan Pablo II, también era bígamo, pederasta, drogadicto y plagiador. Procedía de Michoacán, en el sudoeste de México, y creció durante los años de la Guerra Cristera (1926-1929), un conflicto que enfrentó a los católicos (cristeros) del México provincial con el gobierno anticlerical de la capital. Uno de sus tíos fue el general al mando de los cristeros. Otros cuatro tíos eran obispos. Uno de ellos, Rafael Guizar Valencia, lo llevó a un seminario clandestino en Ciudad de México. A los veinte años, cuando ni siquiera había tomado los hábitos, Maciel creó una nueva orden religiosa con ayuda de otro tío.

La nueva orden se proponía ser cosmopolita y estricta, pero dada la escasa edad de su fundador y la falta general de educación, no es sorprendente que los objetivos de la Legión de Cristo no estuvieran bien definidos (si bien en un fascinante estudio de Maciel que hizo el historiador y psicoanalista Fernando M. González nos enteramos de que uno de los estatutos de la orden especificaba que los sacerdotes debían ser decenti sint conspectu, attractione corripiant , o llenos de gracia y atractivos).

A los veintisiete años, el joven padre Maciel tuvo una audiencia con el papa Pío XII, que, según la historia oficial de los Legionarios, lo instó a usar la orden "para formar y ganar para Cristo a los gobernantes de América Latina y el mundo." Esa es la misión de la orden desde hace sesenta años, y con gran rapidez emergió como una fuerza conservadora en condiciones de rivalizar hasta con el Opus Dei.

"El discurso de Maciel estaba muy enmarcado en el discurso anticomunista de Francisco Franco", dice Roberta Garza Medina, editora del semanario Milenio y hermana del vicario general de los Legionarios. El conservadurismo de los Legionarios, agrega, "expresaba ante todo su postura respecto de los roles de género.

Las mujeres tenían que adoptar una actitud pasiva. Las opciones eran la maternidad o la participación en el movimiento consagrado (las solteras). (...) A Maciel no le interesaba demasiado la política como tal. Lo que le interesaba era conseguir que personas con poder ingresaran al movimiento y aprovecharlas".

Para el movimiento conservador dentro de la Iglesia, en cambio, agrega un ex sacerdote, "Maciel era alguien que podía proporcionar fieles, sacerdotes y dinero". Era evidente que Maciel era un hombre de cierto magnetismo. Decenas de mujeres ricas hicieron generosos aportes para las buenas obras de los Legionarios, y la revista mexicana Quién, conocida por sus páginas de sociales, publicó hace poco un artículo sobre una de las viudas más ricas de México, Flora Barragán de Garza, que donó más de cincuenta millones de dólares durante los años de gloria de Maciel. "Le dio prácticamente toda la fortuna de nuestro padre", le dijo la hija de Barragán al periodista de Quién, y agregó que la familia había tenido que intervenir para que la mujer, que ya era una anciana, no quedara en la miseria.

La generosidad de la viuda le permitió a Maciel viajar en primera clase durante toda su vida, pero también proporcionó el dinero para crear la red de escuelas privadas a las que los mexicanos conservadores acaudalados mandaban a sus hijos.

La doble vida de Maciel

En 1997, Blanca Estela Lara Gutiérrez, una mujer mexicana que vivía en Cuernavaca, miró la tapa de la revista Contenido ­una publicación del tipo de Reader's Digest­ y vio la cara de su pareja.

La mujer había sido su pareja durante veintiún años y había tenido dos hijos de él. Pensaba que era detective privado o "agente de la CIA" y que, por motivos laborales entendibles, sólo hacía ocasionales apariciones por su casa.

Ahora sabía que era sacerdote y que su verdadero nombre era Marcial Maciel. Era, decía la revista, la cabeza de una orden cuya severidad y extremo conservadurismo parecían ocultar algunos secretos. El artículo, que se basaba en información que habían revelado Gerald Renner y Jason Berry en el Hartford Courant, señalaba que nueve hombres ­dos de los cuales habían contribuido al establecimiento de los Legionarios en los Estados Unidos, otro que seguía siendo miembro activo y los seis restantes ex miembros de la orden­ habían informado a sus superiores en Roma que Maciel había abusado sexualmente de ellos cuando eran seminaristas adolescentes a su cargo.

Las acusaciones no eran las primeras, ni serían las últimas.

En 1938, Maciel fue expulsado del seminario de su tío Guizar, y poco después también de un seminario de los Estados Unidos. Según los testigos, Maciel y su tío tuvieron una gran pelea a puertas cerradas.

El obispo Guizar murió de un ataque cardíaco al día siguiente.

Más adelante se sabría que Marcial hacía que sus estudiantes y seminaristas le procuraran Dolantin (morfina). Eso llevó a la suspensión de Maciel como cabeza de la orden en 1956. De forma inexplicable, se lo restableció en su puesto pasados dos años. Más tarde, alguien se dio cuenta de que su libro, El salterio de mis días, que era de lectura más o menos obligatoria en las instituciones de los Legionarios, una suerte de Libro de Horas , o guía para la ora- ción, era una copia completa de El salterio de mis horas , de un espa- ñol que fue condenado a cadena perpetua luego de la Guerra Civil española.

Maciel tenía inteligencia para la política y las relaciones públicas. Pero había más: en una serie de artículos para el National Catholic Reporter, el infatigable Jason Berry detalló los distintos mecanismos por los que Maciel recibía dinero y luego lo derivaba al Vaticano. Los enviados de Maciel enviaban con regularidad sobres con miles de dólares en efectivo a jerarcas claves de la Iglesia. Las audiencias privadas con el Papa suponían hasta cincuenta mil dólares por visita, dinero cuya vía era Stanislaw Dziwisz, el sacerdote polaco que fue secretario privado del Papa desde 1966 hasta la muerte de Juan Pablo II.

Según un ex jesuita que conoce bien la historia, una de las primeras donaciones considerables que recibió el movimiento polaco Solidaridad procedió de Maciel, que reunió dinero entre la elite conservadora mexicana cuya relación había cultivado. Sin duda el polaco Karol Wojtyla, para entonces Juan Pablo II, se enteró de ese acto de generosidad y valoró la posición ideológica de Maciel. Este estuvo al lado de Juan Pablo II durante la primera de las tres visitas que hizo el Papa a México. El dinero de los Legionarios, sus sacerdotes y su activo movimiento de personas laicas, el Regnum Christi, fortalecieron la campaña del Papa para eliminar a los sacerdotes liberales o de fuerte tendencia social de las posiciones de poder y dar mayor influencia a su catolicismo conservador.

Es difícil no concluir que esas fueron las razones por las que el Vaticano ignoró la carta detallada y conmovedora que le mandaron en 1998 ocho de los acusadores de Maciel (el noveno había muerto).
Por más que el público tomó conocimiento de las acusaciones a través del Hartford Courant y la prensa mexicana, que difundieron la noticia de inmediato, el Vaticano se negó a actuar. En lugar de ello, el papa Juan Pablo II impulsó la beatificación de la madre y el tío de Maciel, el obispo Guizar. Tan sólo en 2006, después de la muerte de Juan Pablo II, un comunicado del Vaticano anunció que se había "invitado (a Maciel) a llevar una vida reservada de oración y penitencia". Pasó sus últimos años en silencio y murió en los Estados Unidos. Los Legionarios, sin embargo, siguieron creciendo en cantidad y riqueza.

Para alguien que no es creyente es arriesgado tratar de evaluar cómo afectó el relato de Maciel a la Iglesia en su conjunto, ya que un extraño puede entender muy poco de la forma en que se vive una fe entre sus filas.

Hace algunos meses, los trabajadores que me hicieron la cocina prepararon el altar que instalan todos los 3 de mayo en toda obra en cuya construcción estén trabajando. En esa fecha se conmemora la ocasión en que la cruz en la que murió Cristo se encontró tres siglos más tarde, pero también coincide con las festividades que inauguraban la temporada de lluvias en la época precolombina. Los obreros tallaron y barnizaron con amor una pequeña cruz de madera a la que le inscribieron el año, la envolvieron en una suerte de vestido blanco, decoraron el vestido con cintas azules, la rodearon de flores dispuestas en latas de gaseosa a modo de floreros, encendieron una vela y pasaron un rato bebiendo a su alrededor.

Sin duda esos hombres conocen o han oído hablar de un párroco que tenía un "ama de llaves" y tal vez una "sobrina" que vivía con él, ya que esas cosas nunca fueron poco comunes aquí, ni en ninguna otra parte, probablemente, si bien el esfuerzo por ocultarlo puede ser mayor. Pero los paraguayos no han abandonado a su alegre presidente, el ex sacerdote Fernando Lugo, a pesar de que se sabe que tuvo por lo menos tres hijos (parece pensarse que puede haber más) mientras era obispo.

En este lugar del mundo de tradición machista también se ha tolerado ­y en cierta medida, esperado­ la homosexualidad por parte de los sacerdotes de faldas largas. Es posible que para muchos católicos el bautismo, la confesión y la misa semanal sean trámites burocráticos, como votar u obtener un registro de conductor, y que esa verdadera fe sea algo que se ve en los altares improvisados y en las sendas mágicas de muchos rituales más antiguos, lo que permite que los sacerdotes hagan su vida siempre y cuando realicen un trabajo digno en sermones y entierros. Cabe pensar que el abuso sexual de niños y su encubrimiento son un asunto del todo diferente.

La pareja de Maciel con Lara Gutiérrez resultó no ser de exclusividad. Unos diez años después de conocerla, Maciel comenzó una relación larga con una camarera de diecinueve años de Acapulco a la que se presentó como un "operador de petróleo". Tuvo una hija con ella y, según un reciente artículo del diario español El Mundo, varios hijos más con otras personas.

Silencio y abusos

Cuando descubrió que su marido no era un agente de la CIA sino un sacerdote que abusaba de niños, Lara Gutiérrez no reveló que estaba casada con él. Tal vez le aterraba el hombre que ella creía que "era Dios", como diría diez años más tarde. Tal vez simplemente se sentía avergonzada. Luego, en marzo, dos años después de la muerte de Maciel, Lara Gutiérrez apareció con sus tres hijos en uno de los programas más vistos de México y escuchó en silencio mientras dos de sus tres hijos declaraban que su padre, Marcial Maciel, los había obligado a masturbarlo y, según dijo el mayor, había tratado de violarlo por primera vez cuando tenía apenas siete años.

Tenemos una doble visión de Maciel. Vemos la figura santa que conocen sus seguidores y, como a través del ojo de una cerradura, al otro Maciel de pesadilla que exige a niños que lo masturben y que luego asegura a los chicos traumatizados que el Vaticano le dio autorización para obtener por ese medio "alivio" para un terrible dolor físico.

Pero sabemos, a través de las investigaciones de Fernando González, que Maciel era a su vez producto del abuso. En su lecho de muerte, un chico que había crecido con Maciel reveló lo que sabía.

El niño procedía de una familia muy pobre de la pequeña y piadosa población de Cotija, y Maciel era hijo de un próspero comerciante local. Pero tenía un temperamento delicado y constituía, por lo tanto, una ofensa para su padre machista. "Un día", escribe González, el padre de Maciel dijo: "En mi casa no va a haber maricas. Te voy a mandar seis meses con los conductores de mulas para que aprendas a ser hombre". Envió a Maciel a un grupo de conductores de mulas, como también lo hicieron con el chico que, en su vejez, confesó lo que sabía. Los conductores de mulas los violaron a ambos. "Mi padre va a pensar que yo provoqué esto", le dijo Maciel al otro niño. "Quiero ahorcarme." Los Legionarios ­Maciel­ financiaron la construcción de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y San Felipe Mártir en Roma, que Maciel consideraba su mausoleo. Lo llamativo es que el sacerdote Maciel casi siempre concretaba sus dramas pederastas en la enfermería del seminario Legionario en el que se encontrara, como si fuera un lugar donde pudieran curarlo. Explicaba los actos masturbatorios a sus víctimas diciéndoles que eran un remedio para su dolor. En todo caso, sabía lo enfermo que estaba: dejó instrucciones a sus delegados de no iniciar el proceso de canonización hasta pasados treinta años de su muerte, cabe pensar que con la esperanza de que el recuerdo de sus pecados se hubiera desvanecido para entonces.

Aparte del daño que sufrieron las víctimas de Maciel, está la cuestión de por qué la Iglesia Católica como institución no lo condenó cuando se ordenó sacerdote, cuando fundó los Legionarios, cuando la historia de su pederastia llegó a las tapas de las revistas, cuando se encontraron pruebas suficientes para que el papa Benedicto XVI concluyera que Maciel tenía que pasar el resto de su vida en reclusión ni cuando los rumores alcanzaron un nivel que bastaba para justificar una investigación por parte del Vaticano.

La respuesta no es una sorpresa para nadie: en momentos en que las iglesias se vacían, los Legionarios son una fuente de ingresantes, dinero e influencia.

En México, desde Carlos Slim hasta Marta Sahagun, la esposa del ex presidente Vicente Fox, le dieron dinero o le pidieron favores a Maciel. No fue sino hasta el año pasado que el sucesor de Karol Wojtyla, el papa Benedicto XVI, autorizó por fin una visita ­una investigación, en la jerga de la Iglesia­ de la Legión de Cristo.

Como siempre, la prensa y algunos religiosos están muy por delante del Vaticano.

El escándalo de Marcial Maciel, por más grotesco que pueda ser, puede terminar en un escándalo para la Iglesia Católica. Está la inquietante cuestión del último Papa de la Iglesia, el popular Juan Pablo II, y sus relaciones con el sacerdote. También está la cuestión nada menor de que los Legionarios ­junto con Benedicto XVI y también Juan Pablo II­ representan la parte más conservadora de la Iglesia, y de que ahora aparecen inmersos en escándalos morales. Está, por encima de todo, el hecho de que toda una institución ­grande, próspera e internacional­ se encuentra ahora bajo sospecha (¿qué sabían los Legionarios de Maciel, cuándo lo supieron y quién era cómplice?) y de que la institución principal, la Iglesia Católica Romana, parece haber pasado décadas dedicada al encubrimiento.

Pero está también la cuestión del futuro de la Iglesia y de sus sacerdotes y monjas como seres sexuales. No es necesariamente psicología barata especular que la extrema represión sexual que impone la Iglesia a sus miembros lleva a la perversión, un tema que viene emergiendo de tanto en tanto desde hace siglos. Muchos sacerdotes y monjas, por lo que parece, optan por "obedecer" las reglas sin cumplirlas, según la formulación española ("obedezco, pero no cumplo"). Ofrezco esto sólo como prueba anecdótica, pero por lo que sé por mis relaciones informales, amistosas y a menudo de admiración con miembros de las órdenes católicas ­todas pertenecientes a la rama de activismo social de la Iglesia­, una importante cantidad ha tenido algún tipo de relación de pareja.

Una vez asistí a una importante festividad religiosa en una ciudad chica en la que varios de los sacerdotes y monjas que llegaron para la misa lo hicieron abiertamente con sus parejas, homo o heterosexuales. En 1979, en momentos de la primera visita de Juan Pablo a México, mantuve una conversación con un sacerdote español progresista que pasaba la mitad de su vida con su pareja, una mujer de mediana edad. Le pregunté por qué no abandonaba la Iglesia si tantas de sus normas violaban sus propias convicciones y su deseo de honestidad. Recuerdo que dijo, en efecto, que la posibilidad de hacer el bien en el marco de una institución tan enorme e influyente como la Iglesia era más importante que las posibilidades de hacer el bien fuera de ella. ¿Esa ecuación podrá estar cambiando?

©THE NEW YORK REVIEW OF BOOKS Y CLARIN, 2010. TRADUCCION DE JOAQUIN IBARBURU

http://www.clarin.com/notas/2010/09/08/_-02207771.htm

jueves, 17 de junio de 2010

Hugh Thomas y su máquina del tiempo



De lo poco que leído de Hugh Thomas(Yo Moctezuma y La conquista de México) no me ha defraudado y si no he leído otros de sus libros es por falta de tiempo pero no de ganas, sus libros son ricos en detalles y anécdotas, no hay nada que se le escape a este historiador hispanista, así que si pueden busquen algunos de sus libros cómprense una buena taza de café o de chocolate para regresar al nuevo mundo, pero si la conquista del nuevo mundo no es lo suyo pueden revisar su historia de cuba y aprender mucho sobre cómo se gesto la revolución cubana y los grandes desmanes de los revolucionarios pero si este tema no te parece puedes viajar a España con Hugh Thomas y luchar en las trincheras durante la guerra civil española. Bueno pero mejor dejemos estas pequeñas reseñas y mejor leamos una entrevista a Hugh Thomas realizada por Christopher Domínguez para la revista mexicana Letras Libres.

VI. Hugh Thomas y su máquina del tiempo
por Christopher Domínguez


Hugh Thomas (Windsor, 1931) pertenece a la estirpe de los aventureros. De los historiadores aventureros, para ser exactos. Lord Thomas de Swynnerton desde 1981, Thomas vive a una cuadra de Holland Avenue, en Londres, y se define como un “hijo del imperio” que formó parte del servicio diplomático del Reino Unido y renunció a este en 1956 como protesta por la invasión francobritánica del Canal de Suez. Esa decisión lo llevó al Partido Laborista, con el mismo afán inconformista que lo colocó veinte años después en las filas del Partido Conservador, en el cual fue una figura muy cercana al gobierno de Margaret Thatcher.
Dondequiera que se hayan movido las aguas del siglo XX ha estado Thomas, dejando libros esenciales que son, a la vez, el testimonio diferido de un contemporáneo y obras históricas que nos sobrevivirán. Tanto La Guerra Civil Española (1961, traducida hasta 1976) como Cuba: la lucha por la libertad (publicada en 1971 y traducida en 1974) han tenido una influencia sobre miles y miles de lectores como la tuvieron, antes, las historias de las revoluciones escritas por Michelet, Carlyle, E.H. Carr... No es sorprendente su indiferencia por las teorías de la historia. Sí lo es, al entrevistarlo, su pasión por los detalles (creerá, con Voltaire, que el demonio se oculta en ellos) y su indiferencia ante las visiones panorámicas, en él, uno de los pocos mortales que se han atrevido, precedido en esa excentricidad por Sir Walter Raleigh y H.G. Wells, a escribir su propia historia del mundo (An Unfinished History of the World, 1979).
Esa viveza contemporánea vuelve extraordinaria a La conquista de México (1993), la primera gran incursión de Thomas más allá del siglo XX, de cuya guerra fría, además, fue historiador. Sólo remontándose a ese gran predecesor suyo, William H. Prescott, con quien es notorio que compite deportivamente, puede encontrarse un libro que logre estar a la altura de la majestad de su tema. La conquista de México, la de Thomas, es irresistible: lo es para el erudito y lo es para el lego. Es una obra que motivó, finalmente, una trilogía informal sobre el Nuevo Mundo, junto con La trata de esclavos (1440-1870) en 1997 y El imperio español / De Colón a Magallanes (2003). Su madre amaba la India, donde ella nació, mientras que Thomas, desobedeciéndola, se volvió amante del Nuevo Mundo. Y sobre todo de México, país que, como buena parte de América Latina, le merece una mejor opinión de la que impera generalmente en el planeta.
Hugh Thomas trabaja actualmente una historia de Carlos V y ello puede descubrirse, tras varios minutos de curioseo, en su biblioteca, que ocupa el no muy amplio sótano de su casa londinense. El desorden doméstico, acogedor y polvoriento, de la biblioteca, más propio del escritor (Thomas ha escrito también novelas, una de ellas sobre Moctezuma) que del académico, es sólo aparente. Los anaqueles corresponden a los capítulos de una historia del mundo, del orbe que salió de la península ibérica: España antigua y moderna, Renacimiento, siglo XVIII, siglo XIX, Guerra Civil Española, historia moderna de América Latina... Sería imposible encontrar una biografía de su admirado Rómulo Betancourt (a quien le dedicó su historia del mundo) junto a las memorias de algún ministro del general Franco o al lado de una crónica de Indias. Apenas me topé con un librito de Maurice Baring, el polígrafo eduardiano, que perdió su lugar misteriosamente y parecía desconcertado entre los cortesanos de Felipe II.
De buen humor, bendecido por esa pizca de excentricidad insular que uno espera encontrar y encuentra, a Hugh Thomas, según descubrimos Nicolás Echevarría y yo durante la entrevista, le fascinan, insisto, los detalles. Le maravilla, de la Conquista, todo: caballos, armas, dichos, testimonios. Posee esa impertinencia que desde tiempos del doctor Johnson es patrimonio de cierta clase de conservadores. Le interesa recalcar lo inconveniente: asume que sí, que la Malinche era una traidora, que él no es relativista y sí un cristiano practicante que no le desearía a nadie vivir ni morir entre los aztecas. De su horror por la dictadura castrista, él, tan cortejado como el primer historiador de la Revolución cubana, no queda ninguna duda como tampoco se ausenta su disposición a esperanzarse ante una ventana que pudiera abrirse, para las libertades, en Cuba.
Tras la entrevista, acompañamos a Lord Thomas a tomar su cherry y en la charla informal, tanto o más agradable que la entrevista, nos habla de la vida y milagros de medio México. A la otra mitad la conocerá, sin duda, en su próximo viaje a México, que prepara entusiasmadísimo con celo de expedicionario. Salí de su casa menos inquieto de lo que entré en ella: Thomas pareciera garantizar que se hará presente, de inmediato, ante cualquier trastorno revolucionario que sufra la historia, viajando al siglo XVI o al evanescente siglo XX. Gracias a él no nos perderemos ningún detalle: él domina la aventura en el tiempo. Posee su propia máquina del tiempo, más precisa que la diseñada por H.G. Wells y bien probada, por Thomas, en el Popocatépetl, cuya cumbre alcanzaron los soldados de Cortés, en el barrancón virginiano donde padecían los esclavos negros, en el hall del Hotel Claridge donde Anthony Eden le advierte a Léon Blum que sea prudente en el envío de armas a la República Española víctima de la sublevación de 1936, durante las sofocantes noches de hotel de Guevara en La Habana, en algunas de las últimas preces del emperador Carlos V, cuando ya no era emperador, en el monasterio de Yuste. En todos esos lugares ha estado Hugh Thomas.

▀____________________________________________________________________________________

Muchas gracias, Lord Thomas, por recibirnos en su casa. Le voy a hacer la primera pregunta. En La conquista de México y en El imperio español, otra de sus obras, hay un esfuerzo permanente por documentar el encuentro entre los dos mundos, mostrando lo mismo a la Mesoamérica precolombina que a la España del Siglo de Oro. ¿Cuál serían, dicho grosso modo, las principales diferencias y las semejanzas entre aquellas dos diferentes partes del mundo que se ignoraban?
Conforme comenzaba a trabajar me impresionaron mucho más las semejanzas que los contrastes. El México antiguo tenía una monarquía de índole imperial. Moctezuma fue, después de todo, el señor de varios reyes súbditos. Igual que Carlos V, había una nobleza que pertenecía a la misma familia y una iglesia que tenía mucho que ver con la política mexicana. El rey, el emperador, tenía un papel en aquello. Y de alguna manera eso también es cierto para Carlos V, quien fue emperador del Sacro Imperio Romano y se consideraba como tal, y su misión en Europa consistía en restaurar el aspecto religioso tanto del imperio español como del alemán. Así que hubo algunas grandes semejanzas que me llamaron la atención, y otras pequeñas, como la costumbre de bautizar, que los mexicas también tenían aunque no de la misma manera.
Las diferencias eran grandísimas: la Iglesia de Roma, con todas sus fallas y sus grandezas, es una institución que ha apoyado al individuo como persona. Cada alma es un concepto independiente. Eso no fue cierto en el México antiguo, cuya religión es más dura que la cristiana. Y ese fue el choque, el contraste. Estaba, también, la diferencia entre los armamentos. Las espadas de acero de Toledo que traían los españoles eran extremadamente efectivas, infligieron mucho daño, mientras que las espadas de madera de los mexicas sólo servían para la captura de prisioneros y para su sacrificio, más adelante. Luego estaba el uso de caballos, lo cual, supongo, es algo que podría haber ocurrido en el México antiguo: he pensado que tal vez los venados podrían haberles comunicado a los mexicas la posibilidad de utilización de los animales para fines agrícolas. Y no les faltaba mucho para obtener la rueda: hay muchos objetos que son circulares entre los vestigios mexicas. Pero no disponían de la rueda tal y como los europeos la teníamos. Hay un millón de diferencias técnicas como esas, pero las que importan más son la religión y la monarquía.

Tenemos el caso de Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, los dos náufragos que llegan a Yucatán en 1511. Son el preámbulo de la Conquista. Y cada uno de ellos tiene una actitud distinta hacia los conquistadores. Uno colabora como traductor y el otro acaba luchando contra los españoles. ¿Esta diferencia entre Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar traza para usted la ambigüedad ante el mundo indígena que será la actitud distintiva de la conquista española en relación a otras empresas colonizadoras?
Ese es un punto de vista muy interesante. No lo había pensado en esos términos específicos antes, pero ya veo que sería un muy buen tema sobre el cual indagar. Jerónimo de Aguilar vino de Écija, entre Sevilla y Córdoba, provenía de una familia bastante reconocida. Aguilar no era un partidario muy leal de Cortés, por cierto. Y Guerrero, un hombre de mar, nació en algún lugar de la cosa cerca de Huelva. Pero sus trayectorias son muy diferentes, tienes razón. Y resulta interesante saber por qué Gonzalo Guerrero, a quien se celebra como el primer mestizo, tomó la decisión que tomó. Él no quería volver a España. Él no quería volver con los españoles. Y peleó contra ellos hasta que fue derrotado por Francisco de Montejo, el conquistador de Yucatán. Jerónimo de Aguilar tuvo un papel vital porque hablaba, obviamente, español y viviendo allí en Yucatán aprendió algo de maya y fue capaz de comunicarse con la esclava, o amante, de Cortés: la Malinche, o Marina, como es mejor llamarle. Y aunque fue un proceso bastante largo, les permitía hablar con los líderes indígenas y sus seguidores y hacer discursos de una manera que los mexicas no podían. Realmente fue tan importante Aguilar como Marina. Marina es más dramática, por supuesto, porque era mujer y hablaba maya y náhuatl. Y ha de haber sido muy sorprendente para Moctezuma y su corte que una mujer se dirigiera a ellos, lo cual era insólito. Algo así no había ocurrido antes. Sahagún siente un gran amor por los sermones y discursos que transcribe, pero no hay ninguno hecho por una mujer. No creo, sin embargo, que pueda decirse que haya sido el primer paso hacia la liberación femenina en las Américas. Termino con la distinción entre Guerrero y Aguilar: Aguilar no tenía una familia y Guerrero sí. Para cuando llega Cortés, Guerrero tenía mujer e hijos, que ya eran yucatecos. No los quería dejar. No sé si Aguilar, como laico que era, le haya dado crédito a aquel concepto, pero fue un esposo más leal de lo que eran muchos españoles de aquella época. La manera en que lo has presentado es extremadamente interesante, y debo pensar más en ello. El contraste entre Guerrero y Aguilar: tal vez se podría comisionar una obra de teatro sobre el tema.

En México se sigue usando, como usted sabe, la palabra “malinchismo” como sinónimo de entrega servil al extranjero. Pero la imagen de la Malinche ha cambiado en la historiografía sobre México y se le ve ya no exactamente como una traidora sino como una representación de lo femenino, una especie de Eva del mestizaje, y se subraya su lugar como traductora. Se hacen muchas metáforas sobre su traducción, algunas muy interesantes, otras medio extrañas, enloquecidas. ¿Cómo ve usted a la Malinche? ¿Qué imagen le gusta más de ella?La Malinche, o Marina, vino del suroeste extremo de los dominios mexicas. Y creo que el náhuatl que ella hablaba no era el náhuatl perfecto que habríamos encontrado en Tenochtitlán, así que tal vez hubo algunas confusiones. Ya sé que resulta muy difícil estudiarlo, pero resultaría interesante saber cómo los mexicas aprendieron qué era lo que estaban diciendo los españoles. Por supuesto, captaban el sentido general. Pero de algunos de esos discursos de Cortés, traducidos al maya y luego al náhuatl por Aguilar y luego por Marina, debió haberse perdido algo esencial. A Cortés le interesó desde el principio allegarse intérpretes, y lo mismo pasó en el Perú cuando Pizarro partió en su primer viaje: llevó consigo de vuelta a algunos peruanos a quienes insistía en enseñar español, y fueron bastante útiles, aunque ciertamente poco confiables. Hubo un intérprete que dio una impresión bastante falsa del apoyo que Atahualpa recibiría de alguno de sus generales, y fue parcialmente responsable, de su juicio y de la ejecución algo repentina. Es una historia realmente interesante. John Hemming, un amigo mío que ha escrito la historia de la conquista de los incas, abunda bastante sobre el asunto.
Volviendo a la Malinche, supongo que es una traidora, por supuesto, de los indígenas, de los mexicas. Pero a la vez ella había sufrido mucho en manos de su familia, la habían vendido como esclava. Carecía de lealtades. Era, me atrevo a decir, una mujer muy amargada. Fue una de las muchas amantes de Cortés, que nunca dejó de encontrar damas, estuviese donde estuviese. Y ese es un aspecto importante de la conquista de México: todo el mundo encontraba amantes bastante rápido, inclusive figuras menores como Bernal Díaz del Castillo, quien dice que Moctezuma le dio una. Las mujeres que atendieron a Cortés y a sus soldados son fundamentales. Y la Malinche, Marina, las representa. No he visto que se haya realizado un estudio adecuado sobre las mujeres en la Conquista. Es un buen tema.

Christian Duverger nos dijo que usted había encontrado una aproximación a la fecha de la muerte de Malinche. Fue mucho más hacia mediados de siglo de lo que se pensaba, hacia 1552 ya estaba muerta...
Sí, creo que eso es cierto. Pero ahora no estoy tan seguro de ello como cuando escribí mi libro.

Si la conquista de México es probablemente la historia más maravillosa jamás contada, el encuentro, la convivencia, la complicidad entre Moctezuma y Cortés forman un contraste dramático que hubiera conmovido a todos los historiadores de la Antigüedad y que nos sigue fascinando. ¿Qué es lo esencial, para usted, de la relación entre Moctezuma y Cortés?
Aquellos seis meses entre noviembre y abril –o un poquito menos–, cuando Cortés tenía a Moctezuma viviendo con él, fueron cruciales. Y hubo muchas conversaciones. Cortés en algún momento le dijo: “Con nuestras armas y con sus hombres podríamos seguir adelante y conquistar China.” Cortés fue muy ambicioso en lo que al Pacífico tocaba. Hubo un día en que le enseñó a Moctezuma, o trató de enseñarle, cómo usar el arcabuz. Salían de caza juntos. Era una relación no del todo mala. Creo que Moctezuma andaba siempre inseguro, era muy difícil lidiar con él aunque fue un individuo extraordinario. Y Cortés tenía muchos defectos pero también grandes cualidades: nunca perdía el temple, por ejemplo. En los momentos de grandes dificultades era cuando se encontraba más tranquilo. Jamás mostraba sus sentimientos frente a Moctezuma ni frente a nadie, con la excepción tal vez de sus damas. No sé, no lo sabemos. Siento que Cortés fue, tal vez en espíritu, un capitán típico de Castilla, capaz de aguantar todo tipo de penurias. Nunca pareció sufrir al quedar expuesto a los elementos, o por la fatiga. ¿Te acuerdas que hubo un momento en que él y, creo, Andrés de Tapia subieron el Templo Mayor en Tenochtitlán, lo cual era –con aquella armadura puesta, y con aquellos escalones, como podemos ver gracias a los que sobreviven hoy en la ciudad de México– bastante difícil, y, cuando llegaron hasta arriba, allí estaba Moctezuma. Y dijo con su habitual educación: “Debe usted descansar, señor, se ha de haber cansado.” Y Cortés contestó: “Los españoles jamás nos cansamos.”
Casualmente, eso me lleva a otra cosa de interés. Había un refrán en la Nueva España del siglo XVI o XVII sobre la cortesía de los indígenas. Octavio Paz lo cita en algún lugar diciendo: “Fue tan educado como un indígena mexicano.” Eso es algo que hoy nota de inmediato el viajero moderno: los mexicanos son muy bien educados, en realidad la mayor parte de los latinoamericanos lo son, en comparación con la mayor parte de los europeos. Y eso incluye, me temo, tanto a los españoles como a los ingleses. Hemos perdido algo de nuestra cortesía debido a nuestro gran éxito económico y a nuestros éxitos en tiempos de guerra. Pero México es un lugar de mucha educación. Por supuesto, también es un país violento. Noté cuando viajaba por México en 1988 que sólo había presenciado una ocasión en que alguien había perdido la cabeza en la calle; si sales en Londres, ves a alguien perdiendo la cabeza todos los días. De cualquier forma, “tan educado como un indígena mexicano” es una gran frase.

Cuando Cortés visitó el Templo Mayor le preguntó a Moctezuma si podía colocar la cruz y la Virgen en el templo. Probablemente se volvió la primera discusión fuerte que hubo entre ambos. ¿Puede contarnos un poco sobre aquello?Los mexicas, como el resto de los indígenas, estaban acostumbrados al hecho de que quien conquistaba otro territorio o a otra tribu llevaba consigo a su propio dios, el cual se colocaba en ese lugar. Los propios mexicas lo habían hecho en Veracruz o en Cholula. Así que no creo que se hayan sorprendido mucho. Extrañamente fue a San Cristóbal a quien se colocó en el Templo Mayor, y Cortés sabía mucho sobre la religión: sus padres pensaban que a lo mejor se haría cura. Sermoneaba bien. Le hablaba mucho a la gente de Tlaxcala y a la gente de México sobre lo que era la religión cristiana. Poseía cualidades didácticas. Es espectacular ver cómo las manejaba, y esto era así porque tuvo lazos estrechos con la Iglesia en la infancia. La infancia de Cortés siempre me ha interesado. Es muy sorprendente que haya sido hijo único. Los hijos únicos eran algo muy raro en la vieja España. No sabemos si su madre, Catalina, tuvo a otros hijos que se murieron, o si no podía tener más hijos con Martín Cortés... Hay algo misterioso, secreto, en esa niñez, así como impera el misterio sobre sus finanzas. Estoy divagando: me interesan tantísimo estos detalles.

¿La historiografía reciente, aun la mexicana, ha amnistiado a Cortés? Aquel personaje a la vez tenebroso y ridículo que pintó Diego Rivera o el bandido denunciado por Schiller, ha ido desapareciendo de los libros serios: se reconoce en él a un hombre portentoso, uno de los grandes capitales de la historia, con sus luces y sombras. Sin embargo, en México sigue sin haber estatuas a Cortés y la mayoría de los historiadores mexicanos prefieren no presentarlo como el fundador de una nueva nación. Usted que ha escrito libros sobre episodios en la historia del mundo marcados por la controversia moral, de la trata de esclavos a la Guerra Civil Española, ¿cómo observa la historia de la imagen historiográfica de Cortés?
Desde que estoy interesado en la Conquista de México, ha habido algunos cambios interesantes al respecto. Sus grandes autores, Octavio Paz y también Carlos Fuentes, han sido en realidad bastante favorables a Cortés, especialmente Octavio. Y es realmente cierto el contraste de México con otros países. Existen estatuas de Pizarro en el Perú; Puerto Rico tiene una de Ponce de León, existen en La Española... Pero sí, hay la sensación de que Cortés ha sido recuperado para la humanidad. Y en ello ayudó mucho la biografía de José Luis Martínez: ahora es difícil pensarlo como una personalidad completamente negativa. Y creo que debería agregarse otra cosa: era muy buen escritor. Vale la pena leer sus Cartas de relación, aun si no te interesa México. Son una de las pocas obras del temprano siglo XVI que todavía se pueden leer... No hay nada entonces tan interesante como Cortés. Son textos muy cultos, escritos por alguien que obviamente asistió a una buena universidad y alguien, sobre todo, que pensaba mucho lo que iba a decir. Supongo que le echaron la mano un poco algunos de sus amigos clérigos. Es posible. Había dos o tres curas con él. Pero de todas maneras él debió ser el principal responsable de las Cartas de relación: si se editara una colección de literatura del siglo XVI, él destacaría por mucho.
Pizarro no sabía escribir. Y Ponce de León no escribía. Algunos de los otros conquistadores sí escribían muy bien, como Díaz del Castillo. Tener el hábito de escribir, por supuesto, de recordar cosas, es algo que la Conquista de México conmemora bastante bien. Yo encontré que había alrededor de diez crónicas deliberadamente escritas sobre lo que había pasado, informes de servicios y méritos. Y encontré que hubo trescientas o cuatrocientas personas que algo o mucho dijeron sobre su tiempo a la hora de la conquista. Fue un descubrimiento absolutamente maravilloso. Creo que ha sido el mayor placer de mi vida literaria, encontrar esos documentos y crónicas inéditas de personajes que habían estado con Cortés. Y un abogado les habría dicho: “Y bien, ¿cómo lo sabes? Porque yo estaba allí, lo vi con mis propios ojos.” Realmente conmovedor.

Cortés es el fundador de la literatura mexicana y latinoamericana. Y nos queda hablar de otro personaje: Moctezuma. ¿Le parece que sigue preso de una suerte de encantamiento, la del rey cuya libertad de acción está impedida por la fatalidad, una suerte de reo de sus dioses, de sus prejuicios, de sus temores? ¿Qué es lo esencial, para usted, de Moctezuma, personaje consagrado, además, por la reciente exposición monumental en el Museo Británico?
Él no sabía qué hacer ante esos forasteros, que llegaban de repente con sus caballos, sus armas, sus espadas. Eran muy fuertes y también muy interesantes. Tenían su iglesia, su virgen, sus santos. No sabía qué hacer, así que antes que nada salió a darles la bienvenida. Intentó disuadirlos de llegar a Tenochtitlán, y les mandó decir que era muy difícil, que perderían la vida, que el clima era muy malo aquí arriba, que sería mucho mejor quedarse en la costa. Pero Cortés tenía la determinación de subir y lo hizo. Mandó a Ordaz hasta arriba para encontrar nieve en la cima del Popocatépetl –lo he pronunciado muy mal–, y, cosa que siempre me ha parecido muy extraña, ¡Ordaz volvió con nieve! ¿Cómo logro que no se deshiciera en el viaje hacia abajo?
Moctezuma realmente no sabía qué hacer, y entonces pensó: si van a venir, entonces les debo dar la bienvenida. Esa era una reacción típica de indígena mexicano: la buena educación. No sé si podría haberse resistido al secuestro. No me queda claro que lo podría haber hecho. Pero como sea no lo hizo. Y empezó aquel periodo de seis meses en que vivieron los dos juntos. Como para no creerse cuando uno piensa en la violencia desencadenada por Alvarado y continuada por Cortés durante el sitio de Tenochtitlán, cuando uno piensa en esos barcos maravillosos que habían sido hechos por los españoles para surcar por el gran lago...
Cortés hizo ciertas promesas, las cuales no eran precisamente tales, supongo, sino más bien buenos propósitos encaminados a lograr que Moctezuma aceptara a Carlos V como su señor supremo. Algunos historiadores han expresado sus dudas acerca de la veracidad de aquella escena de Moctezuma y sus nobles concesiones. Se duda si en realidad esa escena existió, si tuvo lugar realmente. Yo creo que sí ocurrió, porque he encontrado en esas hojas de servicios y méritos de los conquistadores alguna nueva documentación que describe lo que pensaban Andrés de Tapia o varios otros personajes. Todo aparece, además, en el texto del juicio de residencia que le tomaron a Cortés, el cual nunca ha sido publicado debidamente. José Luis Martínez publicó algo pero el texto entero de la residencia de Cortés debe publicarse. Me gustaría editarlo yo mismo algún día.

¿Podríamos hablar un poco de la diferencia entre la conquista de México y la de Perú? ¿Hay semejanzas entre la reacción de los incas y de los aztecas?Hay ciertas semejanzas. Había un monarca, cuya familia era relativamente nueva en el poder; quiero decir, llevaban cien años. Dominaban a bastantes tribus menores, las cuales anteriormente habían sido independientes. Tanto los aztecas como los incas habían sido en algún momento una tribu menor, tan sólo cien años antes, pero habían llegado a establecer su preeminencia. Se las arreglaban de manera bastante diferente, en México y en Perú, después de todo. En México la clase mercantil era extremadamente importante, mientras que en Perú, no había comercio, en realidad. Creo que el libre mercado existía en México, así que Reagan y la señora Thatcher hubieran estado contentos allí.
La diferencia entre las personalidades de Cortés y de Pizarro es considerable. Pizarro tenía sus cualidades. No sabía leer, pero era un hombre generoso, trabajador. Se esmeraba mucho con sus hombres. Fue cruel, pero también lo fue Cortés cuando lo consideró necesario. Y no creo que Pizarro haya titubeado ni un segundo con respecto a la ejecución de Atahualpa. Debió haberse sorprendido bastante al recibir la carta de Carlos V diciendo: “A los reyes no se les mata; encarcélalos, pero no puedes matarlos.”
Pizarro sufrió mucho porque no sabía leer ni escribir, y Atahualpa lo notó. Pudo ver que algunos de los otros conquistadores eran más listos que Pizarro, que tenía una gran capacidad humana, creo que es justo decirlo. Fue un gran líder, no cabe duda. No sabía montar muy bien, siempre andaba con la infantería en lugar de con la caballería, y Cortés era un buen jinete: por lo general, andaba a caballo. ¿Qué más te puedo decir sobre las diferencias entre las dos sociedades? Es difícil saberlo. Dos americanos han escrito un libro comparando las dos. Es un tomo interesante: pero México le gana por una cabeza a Perú, por el hecho de que su vida mercantil estaba más desarrollada, su pintura fue superior. Se produjeron muchos objetos de oro en Perú, artefactos maravillosos, pero los diferentes tipos de pintura y escultura que son características del México antiguo no se reproducen en el Perú.

En La trata de esclavos usted se pregunta por qué Bartolomé de las Casas no extendió sus simpatías por los indios a los negros. ¿Qué puede decir sobre el otro Las Casas, aquel que fue tan criticado como artífice de la Leyenda Negra, el controversista acusado de exagerar? ¿Estaría de acuerdo en que Las Casas es el personaje de aquel drama del siglo XVI que mayor influencia tuvo sobre el siglo XX, una centuria atravesada por la violación sistemática de los derechos humanos?
Fue incansable el hombre, atravesó el Atlántico alrededor de doce veces. Y era contundente cuando hablaba. Habló de manera persuasiva a Carlos V en varias ocasiones. En 1519 fue muy efectiva su insistencia en intentar otro trato a los indígenas; fue responsable por el hecho de que aquellos cuatro priores jerónimos terminaran convirtiéndose en los regidores del imperio español en las Américas, lo cual es algo extraordinario. Y luego estuvo muy activo como obispo, como responsable de las nuevas leyes en la década de 1540. Nuevamente habló con Carlos V después de veinte años. Es notorio el hecho de que se preocupaba por destino de los indígenas, pero no por el de los negros. Es un hecho curioso, y perfectamente cierto: así lo reconoció él mismo más tarde. Se dio cuenta de su error, y escribió algo en ese sentido. Pero no olvidemos que muchos de sus libros no se conocieron, como aquel documento, sino hasta el siglo XIX.

Y junto con Las Casas aparecen los misioneros franciscanos, que son, por lo menos en la historia tradicional de México, la otra cara. Cortés era el mal absoluto, pero su maldad, su horror, era compensado por los misioneros que hicieron lo que se llama la conquista espiritual de México. ¿Realmente se puede separar a la cruz de la espada en esa historia?
Los franciscanos fueron los primeros, seguidos por los dominicos, los agustinos y, en última instancia, los jesuitas. Los franciscanos insistieron en que los miembros de su orden aprendieran los idiomas nativos. El gran ejemplo es, por supuesto, Sahagún, cuyo trabajo sobre cómo era el México antiguo es una de las grandes fuentes para la historia de la vida mexica. Es una obra maravillosa. Sahagún aprendió náhuatl, y vivió en Tenochtitlán-México durante cuarenta años antes de terminar la obra, que fue a fin de cuentas presentada a Felipe II y, no estoy seguro por qué, entregada a los grandes duques de la Toscana. Está en Florencia y por eso se llama el Códice Florentino. Pero es en realidad, por supuesto, una obra española, mexicana. Y yo la he usado bastante. La crónica de la Conquista es muy buena. Tal vez no todo sea cierto, pero de cualquier modo podemos contrastar lo que dice con otras fuentes. Habla de las varias fiestas y las varias celebraciones que son costumbres cotidianas, y así sucesivamente. Escrita en la década de 1550, 1560, y terminada en la de 1570, es la primera gran obra de antropología en las Américas...

Hablando de Bernardino de Sahagún, podemos pasar al balance moral de la Conquista. Usted habla con mucha precisión, y con mucho tino en el prólogo de La conquista de México, de que nos hemos vuelto un tanto relativistas y que casi todos los cultos religiosos nos parecen auténticos. ¿En qué sentido todos somos –como lo dice usted pensando en uno de sus inspiradores, Edward Gibbon– gibbonianos? ¿Debemos volver a plantearnos la pregunta del marqués de Moncada en 1770, cuando regala el mapa de Quinatzin, sobre quiénes eran los verdaderos bárbaros?No creo ser un relativista. Creo en la superioridad de la interpretación cristiana de la vida. Preferiría por mucho vivir dentro de una comunidad cristiana que en una azteca. Y debo decir, aunque tal vez sobreviviría como un guerrero o un general, que no estoy seguro de que hubiera habido garantías para mí. No obstante, la cristiandad es una religión que sí presta mucha atención al alma individual, lo cual no fue el caso en el México antiguo. Soy un cristiano practicante y apoyo ese concepto. Por supuesto, la Iglesia ha causado muchas dificultades. Se puede debatir a la Iglesia, que ha cometido muchos actos vergonzosos, dirigida por cardenales que al parecer no han sido individuos cristianos muy adecuados, pero aun así, en general, la Iglesia ha sido benigna para la mayoría de aquellos países donde ha sido un poder intelectual e ideológico exitoso.

Esto nos llevaría a las discusiones sobre los sacrificios humanos. Oscilan los historiadores entre tornarlos anecdóticos o convertirlos en el corazón de la sociedad azteca. Hay una página en La conquista de México donde usted dice que no sabemos en calidad de qué, por ejemplo, los aztecas sacrificaban a los españoles cautivos, sobre todo en los últimos momentos de la Conquista. ¿Qué pasaba con ellos, los españoles, una vez sacrificados, según la teogonía azteca? ¿Adónde iban sus almas? No sabemos ni siquiera si eso se lo llegaron a preguntar, teológicamente, los mexicas.Díaz del Castillo afirma que, viendo hacia atrás desde el puente, desde la calzada, pudo ver a algunas personas a quienes creía reconocer, como Velázquez de León, siendo llevados hasta la cima de la pirámide y sacrificados. Creo que dijo algo así. Y debemos suponer que los treinta o cincuenta españoles capturados durante el principio de aquella noche fueron sacrificados. Pero no nos queda claro si fueron sacrificados para sacarlos de la contienda. No creo que los mexicas hayan querido tomar presos, como tampoco los españoles querían hacerlo, por cierto. Existen pruebas que nos hacen pensar que el sacrificio era cada vez más dominante en el México antiguo, y creo haber sugerido alguna vez que hay algo que nos indica que Moctezuma se oponía a aquello, que esperaba el regreso de Quetzalcóatl, quien aboliría al sacrificio humano. No estoy seguro de cómo me hice de esa idea, pero tal vez hubo una discusión tremenda en la comunidad mexica antes de 1518 sobre el tema. Había aquellos que decían: vamos, debemos seguir adelante, mientras que Moctezuma se preguntaba si podía encontrar alguna manera de zafarse de ello. Es tal vez por eso que fue tan hospitalario con Cortés.

Le pregunto lo que debí empezar por preguntarle: ¿por qué escribió La conquista de México y cuál es la relación entre la suya y la gran obra previa en lengua inglesa, la de William H. Prescott, aparecida en 1843?Leí a Prescott la primera vez que fui a México, en los años sesenta. Y lo leí de nuevo en los años ochenta, cuando andaba trabajando en una historia del mundo. No estoy seguro de por qué hice eso entonces, pero lo hice. Cuando estaba escribiendo La conquista de México, pensé en leerlo de nuevo, una tercera vez, pero entonces, porque iba a interferir con mi propia investigación. Me doy cuenta de que Prescott se refiere al juicio de residencia con un tono bastante despectivo. Yo no estaba de acuerdo con eso y mi uso del juicio de residencia fue extremadamente importante para mí y para los lectores.
Prescott fue un gran hombre, lo reconozco, y he estado en su casa en Boston. El hecho de que fuera ciego es tan notable: escribió esos libros maravillosos en algo llamado un noctógrafo que él mismo desarrolló, y que traía –no sé si has estado en su casa de Boston– alambres encima para que él escribiera esa línea, y luego la siguiente línea, y así hasta llegar hasta abajo; entonces se cambiaba el papel. El hecho de que no pudiera leer posiblemente mejoró su prosa, porque tenía la determinación de ser elocuente y ciertamente lo es. Es un gran libro, pero no creo que sea relevante en nuestro tiempo. Tanto ha pasado en la historiografía desde entonces que él es más bien un autor importante del siglo XIX, nada que nos ayude ahora. Por ejemplo, no entendía para nada a los mayas. La palabra maya no aparece en el índice. He comprado bastantes ediciones de Prescott, incluso prologué una para la Folio Society, pero no creo que me haya influenciado, excepto para pensar que puedes escribir un buen libro, bien escrito, sobre un gran evento dramático y, en el sentido griego de la palabra, trágico, como fue la conquista de México. Por otra parte, leí hace relativamente poco su buen libro, de 1837, sobre Fernando e Isabel. Sus páginas sobre la conquista de Granada son realmente excelentes.

Para muchos de sus lectores, entre los cuales me incluyo, el libro de cabecera sobre la conquista de México ya no es el de Prescott sino el de Hugh Thomas.
Me dio mucho gusto enterarme de que en la Biblioteca Pública de Nueva York mi libro se encuentra en los anaqueles abiertos para la consulta general, mientras que Prescott no está allí. Fue una verdadera satisfacción.

Para finalizar, voy a hacerle un par de preguntas un poco más del siglo XX, sobre la situación del nacionalismo mexicano en el momento en que se festeja el bicentenario de la Independencia. ¿Cree que México es una nación que se origina o se identifica con una derrota como la caída de la nueva Tenochtitlán? ¿O la naturaleza del nacionalismo mexicano proviene de una suerte de usurpación de la idea imperial azteca?
Se dice a menudo que los héroes de México son aquellos que fueron derrotados, como Madero, Villa o Zapata, y no Obregón, que ganó todas sus batallas en la Revolución. No estoy totalmente de acuerdo. Lo que yo encuentro interesante sobre México es el hecho de que es una comunidad mestiza muy exitosa. Es cierto que la gente de origen español parece generalmente ser los de arriba, pero de todos modos existe un mestizaje, lo cual es muy importante. Alguna vez hice la sugerencia de que si la gente de Yugoslavia quería aprender cómo llevarse bien con sus vecinos, debería enviar a un mensajero especial, una misión de indagación, a México para descubrir cómo los mexicanos resuelven el problema de sus minorías. No lo tomaron en serio como sugerencia. No sé por qué. México es un país maravilloso, me gusta mucho. Me da pena no haber ido desde hace muchos años, pero espero ir a fines de este. Intelectualmente es muy vivaz. La ciudad de México, aunque tiene sus problemas, particularmente el crimen, es un lugar maravillosamente culto. Quiero decir, puedes encontrar lo que quieras allí. Viví muy felizmente en la calle Madero durante mucho tiempo mientras trabajaba en este libro, trabajando en parte en la Biblioteca Nacional, de la UNAM, y en parte en la biblioteca de la Ciudadela. Viajé extensamente en México, fui a Yucatán y al norte. El único lugar de México que no conozco muy bien es la costa este. He ido a Monterrey, pero no he visto el famoso río, el río Bravo.

Como historiador de la Revolución cubana, ¿tiene algún paralelo que ofrecernos entre esta y la Revolución mexicana? Octavio Paz, que perteneció a una generación donde privaba una identificación íntima con la Revolución mexicana, decía en sus últimos años que esta, pese a todos sus defectos, a la corrupción y al autoritarismo, libró a México del terror ideológico? Hace más de veinte años, en una entrevista que le concedió a Enrique Krauze, destacaba usted que revoluciones como la cubana y la mexicana basaban sus mitologías en “seguir ocurriendo”. A sus ojos, ¿en qué momento dejó de “ocurrir” la Revolución mexicana? Si terminó su ciclo, ¿cómo terminó?La Revolución cubana se creía heredera de la Revolución mexicana, pero no es el caso. Ha sido la Revolución de una sola familia: Castro, Fidel y Castro, Raúl, junto con sus viejos amigos que andaban con ellos en la Sierra Maestra, o incluso en el cuartel de Moncada en 1953. Es un sistema muy estancado, el cubano. Cuba es un país hermoso, pero le tengo mucha lástima: los cubanos han tenido que aguantar este régimen por tanto tiempo, y al parecer tendrán que aguantarlo más. Tal vez Raúl hará algo, no lo sé. Tenía muchísimas esperanzas al comienzo de que lo haría, pero tal vez no lo haga. Tal vez intente congelar el régimen político, como lo han hecho los chinos, pero aun así sería mejor de lo que ha ocurrido en el pasado. He ido a Cuba varias veces a lo largo de los últimos diez años, y me he quedado atónito ante la belleza de La Habana, la cual se encuentra, por supuesto, decaída, pero eso la vuelve más atractiva.

Se cae en pedazos, dicen, La Habana...
Sí. Me acuerdo de que Gabriel García Márquez vino a Londres alrededor de 1970, y le dije que sentía mucho lo de La Habana. Todos estamos en decadencia, dijo él, por eso me gusta.

¿Cómo encuentra a las repúblicas latinoamericanas en el bicentenario de las independencias? Se habla de que somos un continente olvidado...Creo que es posible alabarla. A diferencia de Asia y Europa, no ha habido en absoluto guerras entre los países. Hubo la guerra entre Perú y Chile, pero eso fue todo. Quiero decir: están los esfuerzos de Castro de llevar a cabo una guerra de guerrillas en Venezuela y Colombia, pero de todas maneras no es nada comparado con los alemanes invadiendo Francia, algo que han hecho tres veces, o los vietnamitas destrozando a su comunidad. Es realmente otra cosa, América Latina, y conserva algunas de las cualidades del imperio español, aunque no creo que la gente esté muy contenta con la herencia del imperio español. Hay un pueblo hasta arriba del río Magdalena, en Colombia, donde la embajada española ha restaurado un pueblo colonial hermoso, Santa Cruz de Mompox. Y el embajador español mandó una misión para recibir el agradecimiento del pueblo por el dinero que le ha dado la España moderna, y por supuesto, cantaron el himno nacional colombiano dedicado a denunciar los doscientos años de expoliación.

Me gusta mucho viajar por América Latina. Espero que este otoño pueda volar hasta un lugar donde nunca he estado, para mi gran vergüenza, que es Panamá. Quiero bajar en Panamá. Quiero ver la línea del Canal, y quiero ir a Nombre de Dios en Portobelo. He estado en Veracruz, pero no en esa otra base de la armada imperial española. ~

Traducción de Tanya Huntington Hyde

Tomado de Letras Libres

miércoles, 7 de abril de 2010

Reconquistar el territorio perdido


Tremenda Noticia, la editorial RBA sigue las publicaciones de los libros de la historiadora norteamericana Barbara Tuchman, ahora le toca al Telegrama Zimmermman(Fecha de publicación 22/04/2010), una historia muy completa de espías, guerra, tramas políticas, testarudez (de parte de Carranza) y muchas historias interesantes. Se me paran los pelos solo pensar en que hubiera pasado si los mexicanos se hubieran unido a los ejércitos del Kaiser en contra de Estados Unidos, la historia hubiera sido diferente.Tuchmann gano dos veces el Premio Pulitzer en la categoría de ensayos y obras de divulgación por sus libros Los cañones de agosto: treinta y un días de 1914 que cambiaron la faz del mundo y Stilwell and the American Experience in China(sin traduccion)



En enero de 1917 la Primera Guerra Mundial estaba en un trágico punto muerto. Los ingleses sabían que Europa sólo se salvaría si los Estados Unidos intervenían. Pero el presidente Wilson se aferraba a su neutralidad y a sus esfuerzos por mediar en la negociación de la paz. Y entonces, de pronto, el instrumento para empujar a los norteamericanos a entrar en la guerra llegó a una tranquila oficina inglesa. Uno de los miles de mensajes interceptados por el equipo de descodificadores británico era un telegrama en clave de Arthur Zimmermann, secretario de Asuntos Exteriores alemán. Un documento de alto secreto en el que se invitaba al presidente de México a unirse a Alemania y Japón en la invasión de los Estados Unidos. La recompensa
para México: recuperar los territorios de Texas, Nuevo México y Arizona. El plan estratégico del mando alemán: mantener a Estados Unidos ocupados en una guerra en su propia casa, al otro lado del Atlántico, lejos del escenario europeo. Y los británicos tenían que pasar esa valiosa información a Estados Unidos, sin revelar que habían sido capaces de descifrar los códigos secretos alemanes, para lo cual debieron utilizar todas las argucias del espionaje y la diplomacia. La ganadora del Premio Pulitzer Barbara Tuchman desvela en esta apasionante historia de espías, la verdadera historia de cómo los Estados Unidos entraron en la Primera Guerra Mundial y cómo un telegrama cambió el curso de la historia





Aqui la traduccion del famoso telegrama tomada de Wikipedia;

Nos proponemos comenzar el primero de febrero la guerra submarina, sin restricción. No obstante, nos esforzaremos para mantener la neutralidad de los Estados Unidos de América.
En caso de no tener éxito, proponemos a México una alianza sobre las siguientes bases: hacer juntos la guerra, declarar juntos la paz; aportaremos abundante ayuda financiera; y el entendimiento por nuestra parte de que México ha de reconquistar el territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona. Los detalles del acuerdo quedan a su discreción [de Von Eckardt].
Queda usted encargado de informar al presidente [de México] de todo lo antedicho, de la forma más secreta posible, tan pronto como el estallido de la guerra con los Estados Unidos de América sea un hecho seguro. Debe además sugerirle que tome la iniciativa de invitar a Japón a adherirse de forma inmediata a este plan, ofreciéndose al mismo tiempo como mediador entre Japón y nosotros.
Haga notar al Presidente que el uso despiadado de nuestros submarinos ya hace previsible que Inglaterra se vea obligada a pedir la paz en los próximos meses.

sábado, 29 de agosto de 2009

Luis Macías, conductor de Metro

En la revista Letras Libres se publico esta entrevista al conductor de un metro, me parecio interesante la forma de ver la realidad del conductor.

-----------------------------------------------------------------------------------------------

"Los que se avientan siempre te ven a los ojos"Luis Macías, durante los últimos 10 años ha sido conductor de la línea 1, que corre de Observatorio a Pantitlán, del Sistema de Transporte Colectivo Metro. Domina su trabajo y el tedio que este implica. Es consciente de la importancia del factor humano y agradece que su experiencia con suicidas haya sido breve. En sus tiempos libres conduce un taxi para ganar un poco de dinero extra: una vida en movimiento dedicada al transporte público. Siempre quiso ser piloto de la Fórmula 1.
Conducir durante 10 años la misma ruta ¿es una encomienda difícil?
Difícil y aburrida. Pero a todo se acostumbra uno. Es un trabajo como otros. ¿Usted nunca se aburre en su trabajo?
Este, sí, a veces. Trato de mantenerme ocupada
Pues ya ve, es lo mismo. Ocho horas diarias durante cinco días a la semana con una hora para comer. Todos trabajamos en lo mismo, algunos se aburren más que otros.
¿Cómo mantiene usted la mente ocupada?
Los trenes tienen pilotaje automático así que hay mucho tiempo para pensar en la esposa, los hijos, las deudas, la mentada crisis. A veces, y aunque está prohibidísimo, me traigo un radio de pilas o me cuelo una revista para ojearla.
¿Qué significa la ruta 1 del metro para usted?
16 kilómetros 654 metros, 20 estaciones (7 de correspondencia, 12 de paso y 2 terminales), cuatro delegaciones (Álvaro Obregón, Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc, Venustiano Carranza), dos horas de recorrido por vuelta completa, abrir puertas, cerrar puertas, avanzar, detenerse, abrir puertas, cerrar puertas, avanzar, detenerse; así hasta la hora de la comida y después, otra vez, abrir puertas, cerrar puertas…
¿El pilotaje automático reduce al mínimo las fallas humanas?
Sí, hace casi todo, es muy seguro. Uno sólo se encarga de cuidar la caja BS, del manipulador y del freno de emergencia cuando es necesario.
¿Cree usted que sea posible en algún momento prescindir de los conductores de carne y hueso?
No, ¡qué paso! Siempre hace falta una persona al volante.
Pero me ha dicho usted que el pilotaje automático hace casi todo
Pues si, pero ¿y los empleos? Las máquinas no cobran, pero tampoco piensan. Además el Sindicato [de Trabajadores del Sistema Metro] no se dejaría.
¿Usted es sindicalizado?
Qué le puedo decir. Mejor estar con ellos, pagar las cuotas, asegurarse el pan y sentirse apoyado.
Hablemos de otras fallas no menos humanas: los suicidas ¿le ha tocado arrollar a alguien?
En estos 10 años, a Dios gracias, sólo me ha tocado una. Todavía la recuerdo. Era morenita, de pelo largo, menudita. Yo siempre digo que la chamaca esa me vio a los ojos antes de aventárseme. Todos los compañeros que han tenido esa experiencia dicen que los que se avientan siempre te ven a los ojos, pero ahora ya no sé, a lo mejor sólo fue el susto.
¿Y qué sintió usted?
Pues sentí gacho. Te sacas de onda. La chamaca ésta se aventó cuando el tren estaba entrando a la estación de Isabel La Católica. El tren entra al andén a 70 kilómetros por hora, no te da tiempo de frenar a tiempo. Vi que se aventó y en ese momento jalé el freno de emergencia. No me va a creer, pero le juro que hasta oí como le tronaron todos sus huesitos.
Después de que se aventó, ¿qué pasó?
Pues seguí el procedimiento. Llamé a la subestación para pedir el corte de energía, para que si quedó viva no se vaya a electrocutar. Después la subestación detiene los trenes y pide el apoyo de los vigilantes, de protección civil y de la Cruz Roja o el ERUM. Desalojan la estación y a uno le preguntan si está en condiciones de bajar a verificar el cuerpo para ver si está con vida. Casi nunca se salvan y casi siempre el tren les pasa encima y los destaza.
¿Usted bajó a ver?
Yo la verdad preferí no bajar a verla. Mis compañeros me dijeron que sí se había muerto pero que el cuerpo estaba entero. Eso facilita mucho las cosas [que se muera y que el cuerpo quede entero] y sólo retrasa el servicio como veinte o treinta minutos, porque si el cuerpo todavía está con vida hay que mandar traer unos gatos [hidráulicos] especiales para levantar los vagones y si se murió pero se destazó, ¡pues peor!, es un reguero de sangre y hay que andar buscando y recogiendo las partes del cuerpo. Es una cosa muy impresionante. Luego echan polvo químico en las vías para que la sangre no se vea tan roja. Todas esas manchas amarillas que usted ve sobre las vías es sangre, pero así, en amarillo, no se ve tan gacho.
Y a la mañana siguiente ¿de vuelta al trabajo?
No, no. A uno lo mandan al servicio médico y de entrada le dan 3 días de descanso. Después el psicólogo decide cuánto tiempo más se necesita para volver a trabajar.
¿Cuántos días le dieron a usted?Sólo los tres de rigor, por eso fue bueno no bajar a ver el cuerpo.
¿Sintió culpa?
No, si yo no hice nada. No fue mi culpa. Muchas chamacas se avientan porque el novio las dejó ¿usted cree? A lo mejor a esa también la dejo el novio. ¿Culpa? Culpa la del novio o de ella por dejada.
¿Por qué cree que la gente se avienta a las vías del metro?
Porque es la forma más barata y segura de morirse. Sólo dos pesos, muerte segura.
- Cynthia Ramírez


Tomado de Letra Libres, entrevistas Mexico,

miércoles, 17 de junio de 2009

Vacunate contra la ignorancia

Visitando el Blog de Marco Fabrizio Ramírez Padilla BIBLIOFILIA NOVOHISPANA , Espacio dedicado al mundo del libro Novohispano.

Encontre esta foto que refleja muy bien el humor que caracteriza a los mexicanos.



Mas sobre la foto en el blog, Libros en tiempos de influenza.

viernes, 20 de marzo de 2009