La comida le ha hecho además abandonar su cátedra Príncipe de Asturias en el Departamento de Historia de la Universidad de Tufts, en Boston (EEUU), donde ha trabajado los dos últimos años, para disertar en Madrid sobre La alimentación y la humanidad, con motivo del primer aniversario del instituto Tomás Pascual Sanz para la Nutrición y la Salud.El historiador explica que, si bien todos los animales comen, el Homo sapiens es el único que ha creado una cultura propia a base de la preparación de los alimentos. El uso del fuego, po
La variedad de alimentos que ha ido recibiendo el organismo humano no ha dejado de crecer desde entonces. Al buscar nuevos tipos de comida, mediante la agricultura o la ganadería, la especie ha modificado de forma radical el planeta. “Hemos logrado influir en el medio ambiente desafiando a la evolución, creando especies que son producto de un proceso de selección basada en los objetivos del ser humano, convirtiendo desiertos en jardines y jardines en desiertos. El ejemplo más apabullante es el de las praderas norteamericanas; hasta casi mediados del siglo XIX se consideraban como terrenos estériles y ahora son el gran granero del mundo, con una producción enorme de cereales”, relata Fernández-Armesto.
El tamaño no importa.
Desde que estas comunidades comenzaron a evolucionar, sus culturas y su alimentación pasaron a ser una misma cosa. De hecho, ha sido la cultura lo que ha determinado en cada momento y lugar qué se podía comer y qué no; hubiese o no una razón justificada para ello: “Elegimos lo que comemos según nuestras normas culturales y éstas suelen ser irracionales. Los tabúes son el gran ejemplo. La importancia de un tabú consiste en su irracionalidad, porque su significado es cultural y por practicar esos tabúes irracionales te identificas con tu propia comunidad. Si fueran razonables, los adoptaría todo el mundo”.
"No veo nada en contra del canibalismo, siempre que el cadáver que te pongas a comer haya muerto antes de un modo decente"
Interrogado sobre el mayor tabú alimentario, la ingesta de carne humana, ríe abiertamente: “Es interesante moralmente, yo no veo nada en contra del canibalismo, siempre que el cadáver que te pongas a comer haya muerto antes de un modo decente… Es algo normal en las sociedades humanas; casi todas lo han practicado en una etapa determinada de su historia”.
Fernández-Armesto precisa que el canibalismo, salvo en contextos de guerra o hambruna extrema, casi nunca se utilizó como forma de alimentación. “Lo normal es que el canibalismo se practique por motivos morales, para apoderarse de las características de las personas que se come; por vengarse de los enemigos, o bien por respeto a los muertos de la propia comunidad, porque comerse a otro ser humano es una muestra de piedad, una forma de evitar que se los coman los gusanos, por ejemplo”, concluye.