lunes, 26 de octubre de 2009

Adolf Hitler, una biografía narrativa

Fue reeditada la historia de Hitler de John Toland.
Vida. Está a la venta "Adolf Hitler, una biografía narrativa"
por GUILLERMO ZAPIOLA.

Tal vez no sea (seguramente no es) "la biografía definitiva" que sus editores pretenden, pero se trata de un buen material de lectura. Ediciones B acaba de reeditar "Adolf Hitler, una biografía narrativa", grueso volumen dedicado al líder nazi.
Por supuesto, no existen los "libros definitivos" acerca de ningún tema, y si hubiera que optar por uno con respecto a Hitler y el nazismo es probablemente la biografía de Ian Kershaw (naturalmente, hasta que aparezca otra más completa, más actualizada, con más documentación). Y, por otra parte, el tema ha sido transitado con talento a lo largo de los últimos sesenta años, en textos firmados por William Shirer, Hugh Trevor-Roper, Alan Bullock, Marlitz Steiner, el ya citado Kershaw y otros (Michael Burleigh, Richard Evans), incluyendo al dudoso apologista David Irving.
El libro de Toland, que ya conociera una primera edición en 1976, se ubica en un razonable término medio entre la ambición académica de Kershaw o (más atrás) del equipo encabezado por Arnold Toynbee en La Europa de Hitler, y el tipo de biografía "popular" aunque, reconozcámoslo, útil como texto de iniciación, de La vida y muerte de Adolf Hitler de Robert Payne. El autor (nacido en 1912, muerto en 2004) ganó en 1971 un premio Pulitzer por un trabajo sobre la guerra del Pacífico (The Rising Sun), escribió también varias novelas históricas, y volvió al tema de la Segunda Guerra Mundial con una amplia crónica de la batalla de Berlín (Los últimos cien días) y una polémica versión del ataque a Pearl Harbor en el que sostuvo que el gobierno de Roosevelt conocía de antemano las intenciones japonesas.
Su biografía de Hitler sigue siendo su libro más conocido, y también una lectura absorbente. Practicante de un estilo que prefiere narrar hechos antes que emitir juicios sobre ellos, ha sido acusado alguna vez de "filonazi", pero quienes sostienen el punto basados en que muestra de pronto a Hitler conmovido por la muerte de su madre, o carismático y buen conversador en su vida privada, lo leyeron sin mucho cuidado
Es posible que, norteamericano al fin, Toland experimente cierta secreta admiración por Hitler como "self made man", autor de sí mismo desde sus comienzos como pintor bohemio en Viena hasta su conversión en líder mundial. Pero por otra parte (y ello ocupa muchas páginas de su texto) no escamotea lo esencial del horror nazi. No cree (no finge creer, como Irving) que el Holocausto nunca existió, o se trató en el mejor de los casos de algunos excesos cuya responsabilidad recae fundamentalmente sobre Himmler y Goebbels.
En ese punto, su encadenamiento de los hechos, desde las proclamas judeófobas de Mein Kampf hasta las leyes antisemitas de los años treinta, la Noche de los Cristales Rotos, la implementación de la eutanasia en 1939 y finalmente la Solución Final posee una lógica inobjetable. Los nazis no tienen nada que agradecerle a su libro.
Toland sigue en muchos puntos a la historiografía tradicional, aunque también derriba con documentos algunos mitos difundidos (por ejemplo, la responsabilidad nazi en el incendio del Reichstag: el episodio fue explotado, pero no planeado por los hombres de Hitler). También proporciona, con fluidez y correcta prosa, un detallado recuento del irresistible ascenso al poder de su personaje.
Explora sus antecedentes familiares, evoca sus tiempos vieneses y su enrolamiento en la Primera Guerra Mundial, luego su adhesión a un minúsculo grupo político que se convertiría en el Partido Nacional Socialista de los Obreros Alemanes, más tarde los entretelones del `putsch` de 1923, su estadía en prisión (esas vacaciones a costa del Estado alemán gracias a las cuales escribió Mein Kampf), el crecimiento de su popularidad, aspectos de su vida privada (como los trágicos romances con Geli Raubal y Eva Braun) y el auge y la caída posteriores.
Ni siquiera en novecientas páginas se puede incluir todo, y a veces el lector desearía un mayor desarrollo de algún episodio o personaje, o el análisis más a fondo de alguna circunstancia política. Eso convertiría al libro en la "biografía definitiva" que nunca será. Pero tal como está es muy legible, informativo y compartible. Puede llegar a decir que Hitler fue "la más extraordinaria personalidad del siglo XX", pero hay que leerlo entero para entender que no se trata de un elogio.

Articulo tomado del periodico El Pais,

viernes, 23 de octubre de 2009

“Jay grant espoir” (tengo una gran esperanza)

Aunque la mayoría de la música de la era medieval estaba bajo el sumo imperio de la iglesia, hay una gran cantidad de música profana que surgió durante este periodo tan oscuro para algunos pero muy brillante para otros. Con los trovadores y músicos ambulantes que llegaban en caravanas a los pueblos europeos medievales, se fue diseminando esta música secular. Les dejo una canción interpretada por mi grupo favorito de música medieval, Ensemble Unicorn, la canción es instrumental y tiene un título muy bonito, “Jay grant espoir” (tengo una gran esperanza), la canción está tomada del Codex Faenza, un manuscrito del siglo XV, contiene una gran cantidad de canciones instrumentales, en algún momento llevaban vocalización pero las letras se han perdido y solo sobrevivieron los arreglos para teclado. La música posiblemente viene de Italia y francia, en el codex se encuentra música secular como litúrgica.

sábado, 17 de octubre de 2009

Khorumi, danza de guerra de Georgia

De regreso con un poco de danza, hoy les dejo el baile prodigioso del ballet nacional de Georgia, el Cáucaso es una región muy exótica, por años Georgia sufrió invasiones por el Imperio Persa, Otomano, Mongol y Ruso, por todas estas influencias su música tiene muchos matices orientales, además de formar un carácter recio. Las danzas de Georgia tiene mucho de competitivo, los jóvenes quieren demostrar sus habilidades, actitudes guerreras, destrezas militares, el baile que disfrutaremos a continuación se llama KHORUMI. Es un tipo de danza de guerra. Data del período de la guerra heroica contra el ejército turco, mongoles y otros. Originalmente participaban solo algunos hombres pero con el tiempo se ha agregado mas bailarines, así se representa mejor un ejército. Se compone de cuatro partes: la búsqueda de un sitio adecuado para enfrentar al ejército enemigo, el avance del enemigo, la batalla y la derrota. La coreografia es muy impresionante, los giros, el bailar de punta, la sincronización y la música típica de los pueblos de la orillas del mar negro. Me recuerda mucho la danza pírrica .






En 1801, el imperio Ruso decide expandirse al Cáucaso, Georgia queda anexada al imperio Ruso, esta sumisión abrió las puertas de la inspiración para muchos artistas. Escritores como Tolstoi, Lermotov encontraron mucho material, también compositores, Mily Balakirev, Aleksander Borodin y Tchaikovski admiraron la cultura, música y dance de Georgia, la cual sirvió como fuente de inspiración, la danza árabe en el Cascanueces de Tchaikovski es inspirada en una canción de cuna típica de las montañas de Georgia.(International Encyclopedia of Dance, Vol 3, pag 135)


Antes de la anexión forzada en 1801, la imagen del Cáucaso se Orientalizo por la mala propaganda de los viajeros de siglos anteriores al XIX, los relatos llenos de historias fantásticas, llenas de tribus salvajes e incivilizadas eran parte de las tertulias en los banquetes de la alta sociedad Rusa. Los mapas del siglo XVIII consignaban el Cáucaso en el oriente musulmán, aunque geográficamente se encontraban en el sur e históricamente era una parte antigua del Occidente cristiano. En Georgia y Armenia, una parte importante del Cáucaso, existían civilizaciones cristianas que se remontaban al siglo IV, quinientos años antes de que los rusos se convirtieran al cristianismo. Fueron los primeros Estados de Europa que adoptaron la fe cristiana, incluso antes de la conversión de Constantino el Grande y la fundación del Imperio Bizantino.(pag 460, El Baile de Natacha, una historia cultural de Rusia por Orlando Finges)

martes, 13 de octubre de 2009

Himmler de Longerich

Si quieren leer sobre la historia del siglo XX, ninguna biblioteca puede estar completa sin una buena biografía de Hitler, todavía causa polémica el tema de los orígenes de la segunda guerra mundial y la subida al poder del tercer Riech. Para muestra de lo poco que han sanado las heridas causadas por el líder del Riech podemos apreciar la conmemoración del 70 aniversario de la SGM, no estuvo exenta de controversia, Los rusos-negacionistas, Los franceses-celebraron aparte, Los polacos todavía pidiendo una revisión del conflicto y en espera de un perdón claro y directo de sus vecinos, sumémosles las declaraciones de David Irving para una entrevista en el mundo.es, donde afirma que el verdadero culpable del holocausto es el líder de la SS, Himmler, según Irving, Himmler oculto los planes de exterminio en los campos de concentración. Estoy leyendo en estos momentos la biografía de Hitler por John Toland, y permítanme apuntar que en varios discursos menciona claramente su odio a los judíos y la necesidad de acabar con la amenaza judía, todavía no he podido leer los libros de Ian Kershaw pero hasta ahora está muy claro que Hitler también estaba al tanto de los exterminios, nunca está mal un poco de revisionismo histórico pero siempre que lleve a un punto claro, lo interesante al final es que el tema nunca está cerrado por completo. Regresando al tema de los libros biográficos, la editorial RBA publicara en Noviembre la biografia de Himmler, si hay personajes en la historia que tiene sus luces como sus sombras, Himmler se mantiene entre los más oscuros, y no me refiero a que no hay mucha bibliografía sino que era un tipo nefasto, leer el libro de Peter Longerich parece una biografía muy completa, hasta ahora solo en alemán, es notable es esfuerzo de RBA por traer una biografía de uno de los personajes que participaron en el cambio de la historia del siglo XX. Les dejo un artículo de Tercera sobre el libro de Longerich sobre Himmler.
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Lanzan más completa biografía de Heinrich Himmler.
El jefe de las temidas SS, Heinrich Himmler fue uno de los más emblemáticos jerarcas nazis y que encarna además todo el horror del Holocausto y de los impulsos asesinos de la Alemania de Adolf Hitler. Eso hace sorprendente que sólo ahora aparezca una biografía exhaustiva del siniestro personaje.
Heinrich Himmler. Biographie, es el título lacónico de la obra monumental que el historiador Peter Longerich acaba de publicar en la editorial Siedler y en la que logra dar una mirada profunda a la psicología interna de uno de los protagonistas claves de la barbarie nazi.
A Longerich le vino bien el hecho de que, para documentar la vida y el pensamiento de Himmler, existe mucho material de primera mano, como un diario que empezó a llevar desde que era niño, listas de lecturas comentadas y una abundante correspodencia.
La conclusión central de Longerich es que probablemente Himmler fue el más radical de los nazis y el que más poder, después de Hitler, llegó a tener en su mano durante los años del III Reich.
Himmler, nacido en 1900, era un hombre de 1,74 metros de estatura demasiado poco para alguien que soñaba con el ideal del superhombre ario y que además era débil y enfermo. Frente a sus limitaciones, cultivó, al menos desde los años 20, la utopía de un mundo perfecto, dominado por los germanos.
Para alcanzar ese mundo había que liquidar, según Himmler, a judíos, eslavos, homosexuales, discapacitados y asociales, mientras el cristianismo que consideraba como "la peste más grande que se había generado en la historia" debía ser reemplazado por una religión germana, basada en los viejos mitos.
Como muchos de su generación, rechazaba tanto el imperio guillermino al que no le perdonaba haber perdido la Primera Guerra Mundial como la República de Weimar y anhelaba un conflicto bélico.
Mientras tanto, Himmler intenta estudiar economía agraria la sociedad ideal debía ser agrícola pero la devaluación y la hiperinflación de los años 20 en Alemania hace que la fortuna de su familia se desintegre y eso le obliga a dejar sus estudios.
Himmler tiene que trabajar. Después de su matrimonio en 1928 y del nacimiento de su primera hija, trata de aumentar sus ingresos como granjero avícola, pero sin éxito digno de mención. Sus problemas económicos sólo terminan en 1930, cuando logra un escaño en el Reichtag como uno de los representantes del Partido Nazi.
Antes, a sus lecturas antisemitas había agregado algunas de parapsicología y espiritismo como parte de su proyecto para crear una nueva religión germánica.
Su carrera en el partido empieza a mediados de los años 20 y en 1924 hace en sus anotaciones su primera referencia a Hitler, al que consideraba un hombre extraordinario. En 1926 es nombrado jefe de propaganda para toda Alemania.
Dos años más tarde asume la jefatura de las SS, una fuerza de choque del partido, que en principio estaba subordinada a la S.A de Ernst Röhm y que contaba apenas con 280 hombres. En 1933, cuando los nazis llegaron al poder, Himmler había logrado aumentar a 50.000 el número de miembros de la SS que en el curso de los trece años de régimen nazi llegarían a ser medio millón.
Himmler, sin tener la eficacia populista de Joseph Göbbels o de Hermann Göring, se convirtió, sin embargo, por su apasionamiento y eficacia, en el hombre clave de Hitler.
Poco a poco, fue desplazando a sus rivales Ernst Röhm fue incluso asesinado posiblemente por intriga suya y sus hombres se convirtieron en el símbolo del terror y la muerte.
Logró que los campos de concentración se pusieran bajo su mando y fue el ejecutor principal y en algunos casos también el autor intelectual de los planes para el exterminio total de los judíos.
Tras la invasión de Polonia en 1939 y el ataque a la Unión Soviética en 1941, inicialmente las órdenes eran asesinar sólo a los varones judíos. Himmler consideró, sin embargo, que no se justificaba dejar vivas a las mujeres ni mucho menos a los niños que en el futuro podían convertirse en vengadores.
Al parecer, hubo momentos en que Hitler tuvo que frenar el ímpetu asesino de Himmler pues necesitaba todavía a parte de las víctimas potenciales como mano de obra.
Cuando llegó el fin de la guerra, y Himmler y sus esbirros habían eliminado a 6 de los 30 millones de personas que tenían proyectado asesinar, el jefe de las SS no entendió que su carrera había terminado y creyó que podía llegar a un acuerdo con los aliados para convertir a la Unión Soviética.
El 23 de mayo de 1945 Himmler se suicidó, siendo prisionero del ejército británico.



martes, 29 de septiembre de 2009

Baile de Labriegos

Bruegel es uno de esos pintores que me dejan mucho, hay algo en sus colores vivos y la simplicidad de sus trazos que me hacen admirar una vez más sus pinturas. El realismo es uno de sus más grandes atributos en sus pinturas, testifica muy bien que el viejo Bruegel era una persona observadora, si tomaba notas no lo sé, pero su precisión es un fino ejemplo de un tipo que se tomaba su tiempo mirando, observando y memorizando hasta el último detalle. En la edad media, se pinto mucho, pero la gran mayoría de pintores preferían las figuras bíblicas, santos, el cielo, lo divino, Cristo, la crucifixión, y a veces el infierno, o de la antigüedad clásica, los personajes de la mitología grecorromana, Venus, Cupido, y todo el panteón de seres mitológicos, había lugar para los retratos de personas encumbradas, pero nuestro viejo observador se alejo de este tema y prefirió lo simple, lo sencillo, lo común, los campesinos, reproducía la realidad circundante. Algo interesante es ver como incrusta una escena bíblica en el ajetreo de la vida cotidiana del pueblo, tan común pero que resulta difícil de identificar.


Hoy quiero centrar nuestra atención en el cuadro, "Baile de Labriegos" (1568), es toda una pintura de contrastes cromáticos, fuertes colores, movimientos, representa una diversión muy inocente, lejana de algún reproche religioso, el autor no quiere evangelizar, solo quiere retratar la naturaleza de la danza, la alegría, aquí nadie se cubre con los cosméticos de moda, sus trajes están sucios, sus caras no están afeitadas como lo dictaba las normas del momento, por un momento se pueden oír los murmullos de la fiesta, la música, los comentarios fuera de tono, en sus pinturas se nota la independencia, no desea copiar a sus colegas renacentistas, que gustan más de la imagen idealizada del hombre, aquí solo vemos la vitalidad, un gran número de personas, mucho movimiento, colores fuertes, vestimentas baratas, una atmósfera cargada, es el lado natural del hombre y esto mis amigos es lo más hermoso de los cuadros del buen Bruegel el viejo, representa al hombre tal como es, simple, llano pero rebosante de vida, real, una criatura.

Para Bruegel, el hombre es un producto de la naturaleza, de ella obtiene su fuerza vital. En los siglos que siguieron a la muerte de Bruegel, sus cuadros cayeron en el olvido; no correspondían a las reglas estéticas caracterizadas por el culto a los héroes, a los santos a los soberanos, así como el modo de pensar burgués y la contemplación romántico, idealizada de la naturaleza, solo en el siglo pasado (siglo XX) se volvió a prestar atención a su obra, y hoy en día los salones dedicados a Bruegel en el Kunsthistorisches Museum de Viena y los Musee royaux des Beaux-Arts de Bruselas son los sitios más frecuentados por los amantes de la pintura. El renacimiento del interés por este pintor es sin duda alguna consecuencia de innovaciones artísticas que pusieron en entredichos los hábitos visuales heredados de la tradición.

lunes, 28 de septiembre de 2009

ABC.es entrevista a Beevor


El historiador británico Antony Beevor ha presentado en Madrid su última obra, la monumental reconstrucción de «El Día D. La Batalla de Normandía» (Crítica), de la que abc.es viene publicando desde hace dos semanas un extenso blog. Beevor es uno de los historiadores actuales más importantes porque él, hombre de formación militar, ha introducido en la Historia la voz de los seres humanos. Ya lo hizo en los libros que dedicó a la Batalla de Stalingrado y a la caída de Berlín. Ahora lo hace al recuperar algunos archivos orales que no se habían utilizado nunca y que recogen las entrevistas que se realizaron en el mismo campo de batalla a los soldados, y en las que se transparenta la angustia, el dolor y la pasión en el fragor mismo del combate.

- Bien parecía que el Desembarco en Normandía había sido una batalla casi perfecta, pero usted en este ensayo demuestra que no fue exactamente así.
- Los preparativos fueron tremendos, seguramente los mayores realizados nunca en la historia militar. Pero casi todo el esfuerzo al elaborar los planes se había concentrado en asegurar los puentes de playa; es decir, en el desembarco propiamente dicho. No ocurría así con la segunda fase, la de penetración en territorio enemigo. En efecto, se subestimó la eficacia de las defensas alemanas, especialmente en el «bocage» de Normandía y en Caen, así como también se subestimó la determinación de los alemanes, quizá porque se pensaba que lo mismo los mandos que las tropas se habían dado cuenta de que a esa altura de la contienda todo estaba ya prácticamente perdido para el Reich. Sin embargo, los alemanes estaban realmente dispuestos a resistir. Cuando encontré los informes de los psicólogos norteamericanos y británicos me sorprendió mucho, al comparar, las pocas bajas por estrés de combate que habían sufrido los alemanes, a pesar de haber padecido muchos más bombardeos. Esos informes concluían que ello seguramente se debía a que diez años de propaganda nazi les había preparado mejor para afrontar las inclemencias de la guerra, mientras que los ejércitos de las democracias occidentales se vieron incapaces de superar, tan bien como ellos, la situación. Sólo los norteamericanos contabilizaron unas 30.000 bajas por razones psicológicas.
- Tampoco parece que hubiera una gran compenetración entre los mandos británico y norteamericano, algo que se puso de manifiesto desde el principio, por ejemplo, en la divergencia al interpretar de los informes metereológicos, que eran decisivos para dar la orden de salida.
- Se ha dicho que Estados Unidos y Gran Bretaña son dos naciones divididas... por una lengua común. Lo cierto es que había diferentes concepciones estratégicas de la guerra. Los norteamericanos apostaban por concentrar todas las fuerzas contra los alemanes, mientras que los británicos apostaban por la dispersión. Así, Churchill quería atacar primero por el Mediterráneo, quizá recordando el terrible número de bajas habido en Francia durante la Primera Guerra Mundial. Temía que Gran Bretaña acabara perdiendo su Ejército y que,al terminar la guerra, no tendría suficiente poder e influencia. Por su parte, los norteamericanos apostaban por concentrar las fuerzas y los bombardeos contra los alemanes. Unos y otros sostenían diferentes ideas estratégicas. Además, los estadounidenses pensaban que los ingleses eran unos arrogantes... y los ingleses pensaban lo mismo de los norteamericanos. La verdad es que los segundos demostraron ser mejores que los primeros, pues aprendían muy pronto las lecciones que les iba dando la guerra, mientras que los británicos eran mucho más tradicionales.
- Uno de los mayores éxitos de la Batalla de Normandía fue la Operación Fortitude, con la que Patton engañó a los alemanes sobre cuál iba a ser el lugar del desembarco. En esa operación destacó un agente doble español, Juan Puyol, del que usted no habla en su libro...
- Puyol, cuyo nombre en clave era «Garbo», desempeñó un papel importante en la operación, pero no fue el único. La genialidad de Fortitude, como la de otras operaciones de «inteligencia negra», consistió en convencer al enemigo de algo en lo que efectivamente ya creía. Y los alemanes creían que la invasión principal se iba a producir por Calais, que era el punto de la costa francesa más cercano a Alemania; es decir, era el lugar más obvio para efectuar el desembarco. Por eso los aliados eligieron Normandía. Claro, Calais estaba muy fortificado y bien defendido.
- Quizá las dos grandes figuras militares de los aliados durante la campaña fueron el general Patton y el mariscal de campo Montgomery, cuyas relaciones eran especialmente difíciles desde la Invasión de Italia. Los dos eran arrogantes y soberbios...
- Montgomery era un gran profesional y, como todos sabemos, desempeñó un papel muy importante en la campaña del Norte de África, sobre todo al entrenar y al dar una gran moral de combate a sus tropas. Pero ocurre que Monty -como así se le apodaba cariñosamente- estaba enamorado del mito de Monty: él se creía que era algo así como la reencarnación de Malborough o de Wellington, y nunca admitía que pudiera estar equivocado. Tenía una vanidad enorme, quizá debida a algún complejo de... inferioridad. En cuanto al general Patton, era alguien con quien nadie querría estar al lado en tiempos de paz, pero era un comandante perfecto para Normandía: ningún otro general británico o norteamericano hubiera podido manejar mejor la campaña que él.
- Patton quería tomar cuanto antes Berlín de forma que el Ejército Rojo no traspasara las viejas fronteras europeas antes de la derrota del Reich. Por su parte, Churchill quería atacar por el Mediterráneo y conquistar Austria y Yugoslavia por la misma razón. Los dos eran anticomunistas y no se fiaban de Stalin... ¿Hubieran evitado medio siglo de dominio comunista en Centroeuropa?
- Es una cuestión complicada que pertenece a la historia contrafactual... La verdad es que el presidente Roosevelt y el general Eisenhower -comandante en jefe de las fuerzas aliadas- no querían indisponerse con Stalin. Churchill, en efecto, quería atacar por Italia, tomar Austria y hacerse con los países del Adriático, para ocupar la Europa oriental. Aunque parezca un plan interesante, yo no creo que hubiera podido funcionar militarmente. En cualquier caso, las decisiones que se habían tomado en la Conferecia de Teherán, celebrada en noviembre de 1943, establecían la estrategia más lógica para el resto de la guerra. Era inevitable que el Ejército Rojo ocupara Centroeuropa. Uno de los hechos más extraordinarios es que Churchill, en mayo de 1945, terminada ya la campaña europea, le preguntó a sus jefes de Estado Mayor si era posible empujar a los soviéticos y forzar a Stalin a que regresara a sus fronteras. Pero las decisiones ya se habían tomado en la Conferencia de Yalta. Stalin creía que Polonia tenía que estar bajo control del Ejército Rojo y ajena a elecciones libres. Así que los jefes de su Estado Mayor le respondieron a Churchill que esa operación era imposible, entre otras cosas, porque los norteamericanos querían Europa en paz para poder acabar pronto la guerra contra Japón. Además, le recordaron que las tropas aliadas habían estado escuchando durante años propaganda favorable al Ejército Rojo, pues su esfuerzo les había librado de tener muchísimas bajas. No estaban preparados para luchar contra él. Parte del problema se debía, también, al hecho de que primero Roosevelt, y luego Truman, querían salvaguardar su propio legado histórico, que era la creación de la ONU, y no estaban dispuestos a ponerlo en peligro enfrentándose a Stalin para salvar a Polonia.
- Aunque Churchill sostenía que el general Marshall era el artífice de la victoria de los aliados, usted apenas lo cita en su libro...
- Bueno, Marshall era un gran jefe del Estado Mayor y un brillantísimo organizador, pero sus concepciones estratégicas no eran muy originales. A él se deben la organización, el tamaño y la fuerza de los ejércitos aliados. Pero no hablo apenas de él porque no desempeñó un papel directo en la campaña de Normandía.
- ¿Por qué tuvo tantos problemas el general De Gaulle, especialmente con los norteamericanos?
- La relaciones de De Gaulle con los aliados se enrarecieron... Aunque Churchill siempre le ayudó, él no le mostró ninguna gratitud y se empeñó, una y otra vez, en provocarle a él y a Roosevelt. Pero Churchill estaba preparado para soportarle mientras que el presidente norteamericano pensaba que De Gaulle era un arribista y un potencial dictador. Por eso desconfiaba. Por otra parte, uno de los problemas que se plantearon era que el sistema de códigos secretos de los franceses era poco efectivo. Por eso no le facilitaban información sobre los planes que estaban elaborando para el desembarco. Temían que los alemanes interceptaran sus comuniciones y las descifraran. De Gaulle estaba realmente muy enfadado de que no le brindaran esa información. En fin, como se sabe, Churchill decía que la peor cruz que había tenido que soportar en toda su vida era... ¡la Cruz de Lorena!, el símbolo de la Francia Libre de De Gaulle.
- En cuanto a los alemanes, las estrategias del comandante en jefe Rundstedt y de Rommel diferían. De haberse seguido los planes del «Zorro del desierto», que quería situar las divisiones blindadas junto a las playas, ¿habrían logrado detener los alemanes a los aliados?
- No hay duda de que en ese caso el desembarco hubiera resultado muchísimo más difícil. Pero en realidad, para contrarrestar un contrataque alemán todo dependía, como así se demostró, de la eficacia de la artillería naval.
- ¿Puede considerarse a Adolfo Hitler como uno de los mejores generales de... los aliados?
- Esa fue una de las razones por las que tanto los británicos como Stalin desistieron de matar al Führer, aunque por razones distintas. Stalin frenó sus planes para que Hitler no pudiera entablar unas hipotéticas conversaciones de paz separada con los occidentales. Los británicos, porque las continuas interferencias del Führer en la dirección de la guerra fueron determinantes para su final derrota. Uno esgrimía razones políticas; y los otros, militares.
- Por último, ¿qué novedades aporta su libro a la historiografía sobre la Batalla de Normandía?
- Creo que al menos desmonta un par de mitos. El primero, que la batalla fue el desembarco, cuando en realidad sólo fue el comienzo. El segundo, que se produjo un número terrible de bajas. En realidad murieron unos tres mil soldados aliados cuando se esperaba que lo hicieran 10.000. La peor parte, en cualquier caso, se la llevó la población civil francesa: en sólo un día fallecieron 3.000 personas. Ahora que conocemos el número de bajas por ambas partes, sabemos que la batalla no fue tan salvaje como las que se libraron en el frente oriental.

Entrevista, Beevor "Los Alemanes estaban mejor preparados para soportar la guerra" por
TULIO DEMICHELI - MADRID - Lunes, 28-09-09
Incluye un video.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Entrevista con John Forbes en Magazine

Al volante de su propio coche, John Nash, de 81 años, muestra el campus de la Universidad de Princeton, que mantiene todo el encanto de sus tradicionales casas de piedra, sus iglesias góticas y sus árboles centenarios. “Aquella torre de ladrillo rojo es el mítico edificio Fine –explica el conductor–, acogió a los mejores matemáticos del mundo. Y allí al fondo, observen, es el nuevo edificio que nos ha construido Frank Gehry.” Al llegar a su modesto despacho, en la puerta, hay enganchada una nota escrita a mano: “Admirado profesor Nash, somos Isabelle, Nancy y Meredith, tres estudiantes universitarias de Sydney, de 20, 21 y 23 años, de viaje a Nueva York, y que nos hemos desplazado hasta Princeton tan sólo para conocerle. Por favor, si tiene un momento, llámenos por teléfono al número (…), nos haría muy felices conocerle, no sabe cuánto. Le admiramos”. Debajo del papel cuadriculado, hay un fotomatón de las tres chicas, bellas y sonrientes, en la flor de la vida.El profesor Nash, como si estuviera acostumbrado a estas cosas, arranca el papel, lo arruga en su puño y lo lanza a la papelera, mientras balancea su cabeza y exclama: “¡Ay, ay…! Esto me sucede por culpa de la película… Deben de estar enamoradas de Russell Crowe”.Muy a su pesar, Nash es una celebridad mundial desde que, en el año 2001, se estrenó Una mente maravillosa, la película en la que el australiano Russell Crowe interpretó su papel: el de un prestigioso científico que cae en el pozo de la esquizofrenia paranoide, una de las enfermedades mentales más terribles que se conocen, se recupera de ella milagrosamente tras 25 años de locura y, en su nueva etapa en el mundo de los cuerdos, obtiene nada menos que el Nobel de Economía.Esa es la vida prodigiosa de John Nash. Nadie lo diría viendo su aspecto desamparado, sus esporádicos tics, su extraña lógica que le hace dar vueltas una y otra vez a cuestiones fútiles… En cualquier caso, este anciano es, para algunos, uno de los mayores científicos que ha dado la humanidad desde Einstein, y sus trabajos, que reducen la complejidad del comportamiento humano a ecuaciones matemáticas, han servido de base para notables avances de la inteligencia artificial, para estudiar las relaciones económicas o incluso para las negociaciones de desarme nuclear entre Estados Unidos y Rusia. Una vez recoge a los periodistas del Magazine en la estación de tren, junto a su esposa, Alicia, una ex alumna suya nacida en El Salvador, insiste con vehemencia en ir a comer huevos estrellados a su restaurante favorito, una cafetería decorada con fotos de los ilustres alumnos que ha tenido esta universidad, desde el actor James Stewart al ex secretario de Estado George Shulz, pasando por la actriz Brooke Shields o el astronauta Charles Junior.
¿Le gustó la película sobre su vida?No reconozco mi vida en ese filme. Me parece una buena obra… de ficción. El libro en que se basa, la biografía de Sylvia Nasar sobre mí, contiene algunas inexactitudes, la película las acentúa todavía más e incluso introduce elementos nuevos, como alucinaciones visuales, que yo jamás experimenté, pero que entiendo que quedan muy bien en pantalla. Pueden tomarse libertades, claro, aunque para mí sea algo duro de digerir. Con Sylvia Nasar, que es una mujer con muchas cualidades, me sentí decepcionado porque me había prometido que, cuando tuviera redactado el libro, me lo daría a leer antes de su publicación, por si hubiera cometido algún error y este pudiera ser rectificado antes de la imprenta. Ese era el pacto. Y se lo saltó. No leí nada hasta que estuvo en la calle, ella lo atribuyó a las prisas del editor. Pero yo creo que es porque había errores y exageraciones que ella sabía que no aceptaría.

Se refiere a sus relaciones amorosas con otros hombres, a su antisemitismo y a su mal papel como padre, ¿no?He aprendido que es mejor no entrar a discutir ciertas cosas. Pero no soy homosexual. Respecto a lo de antisemita, si se toman afirmaciones que hice en mi periodo de demencia, puedo ser cualquier cosa, claro está. Lo curioso es que la propia Nasar me ofreció al principio que hiciéramos el libro a medias y yo rehusé, le respondí que yo era parte interesada y no me sentía capacitado para revivir algunos momentos muy dolorosos. Me conformaba con echar un vistazo a su texto y hacerle mis observaciones. Alguien debió de contarle esas cosas, pero su obligación era contrastarlo, para que su obra no se convirtiera en un libelo.
¿Se ve a usted mismo como un genio? ¿Esta palabra tiene algún significado para usted?Es agradable sentir que los demás te perciben como poseedor de un cerebro excepcional. Eso es el concepto de genio, algo social, habla de cómo te ve la gente. No es un término preciso, que defina algo que posees realmente, sino simplemente una categoría en la que la sociedad en que vives, en un momento determinado de la historia de la humanidad, te ha clasificado. Es una palabra bonita, claro, algo que me halaga, una especie de piropo, pero que no designa una cualidad objetiva.
¿Cuándo tuvo conciencia de ser más listo que los demás?Desde el momento en que empecé el bachillerato ya me pasaba horas leyendo las enciclopedias para saber más cosas, quería saber cada vez más y más: temas de medicina, de astronomía, de zoología, de física y química… Ningún niño de mi edad hacía eso. No era un niño prodigio, no sacaba buenas notas y tenía problemas de conducta, pero acribillaba a mi padre con preguntas sobre electricidad, geología, ­climatología...
Usted conoció a Einstein…Sí. Era más o menos como uno se espera tras haber leído algunas cosas sobre él: con aquel pelo enmarañado y esa claridad intelectual... Hubo un tiempo en que vivimos en la misma calle y nos veíamos, pero él iba en una dirección opuesta, y yo nunca sabía cómo abordarle. Una vez fui a verle a su despacho con algunas objeciones a sus teorías, me escuchó atentamente durante una hora y, al final, me dijo: “Tendría usted que estudiar un poco más de física, joven”. La teoría de la relatividad fue el mayor descubrimiento de su tiempo. Pero su motivación para hacer las cosas era muy política, era un alemán que huyó de los nazis y estuvo muy comprometido con la bomba nuclear, con la idea de un gobierno mundial, con el Estado de Israel… Su carrera científica, tan brillante y llamativa, vino impulsada en gran parte por circunstancias extracientíficas. No es mi modelo en eso.
¿Cómo está su hijo John, que padece esquizofrenia?También es matemático y también está enfermo. Es duro, a veces hablamos de lo que le dicen sus voces, de lo que me decían las mías, del tipo de alucinaciones. Experimenta momentos buenos, en los que le retornan las capacidades, y otros malos, en los que sufre brotes.
Entre el desorden de su despacho, hay una foto en la que aparece usted con todo el equipo que entrenó al ordenador Deep Blue antes de que venciera a Kasparov.Sí, me llamaron a entrenar a ese Deep Blue. Algunas de mis teorías se incorporaron a la máquina, yo soy fan de Deep Blue y de la inteligencia artificial, por supuesto. Cuantos más comportamientos humanos conseguimos sintetizar en ecuaciones, más fácil es introducir esos rasgos en una máquina.
¿En qué trabaja exactamente ahora?Sólo hago investigación, ya no imparto clases, sobre cuestiones de la teoría de juegos. Intento analizar cómo funcionan las relaciones entre la gente, las bolsas, los movimientos de las empresas…, basándome en la racionalidad y la conducta humana, que se expresan muy claramente en los juegos. Profundizo en mis teorías sobre el conflicto racional y la cooperación. Sé que, estadísticamente, hay pocos científicos que hayan hecho grandes aportaciones a partir de los 66 años, pero en mi caso, como he interrumpido mi actividad creativa durante 25 años a causa del trastorno, tal vez pueda ser una excepción. Conozco granjeros que trabajan a los 100 años, ¿por qué no yo?

Le llaman conservador.Mmm… Confundir las aportaciones de la ciencia con la ideología política no es un procedimiento correcto. Mi trabajo como científico es contribuir al conocimiento general de cómo nos relacionamos entre nosotros. En cierto sentido, es como lo que hacía Maquiavelo en El príncipe, no es que aquellos fueran sus principios morales, es que se limitaba a describir cómo funcionaba la política de su época. Mis teorías intentan explicar, en el campo político, cómo funcionan las cosas de verdad. Pero, en estos temas, todos somos muy ingenuos: la gente clasifica a unos como buenos y a los otros como malos, satanizándolos, y, a partir de ahí, basa todas sus opiniones. Si yo analizo cómo se negocia a partir de movimientos de amenaza, no estoy afirmando que la amenaza sea moralmente buena o mala, estoy observando que se da en el trato entre personas y explico cómo funciona.
Pero usted es reivindicado por los conservadores, o por los liberales, por su defensa del individualismo y de un cierto egoísmo con efectos positivos en la comunidad.No hay que confundirse, yo no soy fiel a ningún partido. No soy culpable de las manipulaciones interesadas que otros hacen de mis principios científicos. Simplemente he descrito a través de ecuaciones cómo un conjunto de individuos en el que cada uno intenta obtener su máximo beneficio o eficacia pueden acabar comportándose de una manera en que todos salgan beneficiados. Les voy a escribir una fórmula mía en la pizarra: ¿ven?
Ejem, ¿qué significa?Es el comportamiento de tres personas que cooperan entre sí, aunque en realidad ellos están en un plano de competición. Esto es lo que han llamado el equilibrio de Nash: cómo un juego no cooperativo puede desembocar en un punto de equilibrio en el que todos ganan. Antes, se decía que para que uno gane otro ha de perder.
¿Obama es algo nuevo?Sí. Es un gran cambio. No propiamente una revolución, porque ha accedido al poder siguiendo escrupulosamente los procedimientos constitucionales y no ha llevado a la cárcel al gobierno anterior, ¿verdad? Es una persona que ha provocado una apertura y creado un nuevo juego, con unas nuevas normas, pero sin heridos ni muertos. Su intención es realizar algunos cambios profundos, para los cuales no sé si está este país preparado.
Usted obtuvo el premio Nobel de Economía tras haber superado su enfermedad. ¿Cuál es la lección?En términos de enfermedad mental, mi historia contiene una clara lección: la locura es un sueño del que se puede despertar. Y no es una cuestión de tomar los medicamentos correctos. Si te atiborras de pastillas, no te recuperas y acabas dependiente de esas medicinas, te conviertes en un adicto a los medicamentos.
Pero es muy peligroso dejar de medicarse…Hay que estudiar seriamente en cada caso concreto cuál es la alternativa a los medicamentos. En la esquizofrenia paranoide, es muy importante la edad en que se declara, la profesión, los años que tenía el enfermo cuando le vino la primera crisis… Mucha pastilla no es buena, aunque a veces al principio no hay alternativa. Con los años, podríamos encontrar una droga mejor para la esquizofrenia, que funcionara como la que toman los enfermos de tuberculosis, y entonces sería perfecto, todos defenderíamos la droga. Pero, en las enfermedades mentales, no hemos avanzado mucho y, todavía hoy, los medicamentos crean muchos problemas. Es más: los mismos diagnósticos no están claros, porque hay cosas que no son exactamente esquizofrenia o trastorno bipolar sino que presentan elementos de ambas, como mi hijo. Es todo muy reciente, la palabra esquizofrenia data tan sólo de 1908. Estadísticamente, no es tan raro que alguien deje de padecer una enfermedad mental y vuelva a razonar de un modo normal, como a mí me sucedió. Antes sucedía muchísimo más, cuando no existían los tratamientos médicos, cuando no se medicaba a los enfermos con drogas tan fuertes…, había más casos de retorno. Lo que nos dicen las estadísticas es que, desde que se inició el tratamiento con drogas hasta hoy, no ha aumentado el porcentaje de personas que se recuperan de las enfermedades mentales hasta un punto en el que puedan vivir sin drogarse. La sociedad considera aceptable drogar a los enfermos de esquizofrenia, que vayan medio dormidos y que engorden de modo considerable. Pero no es algo tan bueno si se mantiene por un periodo de tiempo muy alto, porque si cada vez gana usted más peso eso va a repercutir desfavorablemente en su salud, tendrá problemas cardiovasculares y una vida más corta.
Usted ha vivido los momentos más altos tanto en el pensamiento racional como en la irracionalidad. ¿Cómo ha vivido ese contraste?Hubo un momento en mi vida en que pasé del pensamiento racional y científico al pensamiento alucinatorio propio de mi trastorno. Durante mi locura, sentía que había sido investido de una importante misión; del mismo modo que Mahoma era el profeta de Alá y transmitía sus mensajes, yo me veía a mí mismo como mensajero de alguien superior, en un mundo repleto de partidarios nuestros y también de enemigos, que me perseguían. Creía que el Papa de Roma y los comunistas conspiraban contra mí. Creía recibir mensajes cifrados de los extraterrestres a través de las páginas del The New York Times, me fui a Europa pidiendo asilo político. Caí enfermo en 1959 y me divorcié de Alicia en 1963, aunque nos volvimos a casar en el 2001; yo, gracias al Nobel, ya tenía una buena posición…
Pero ¿cómo se curó? ¿solo?Ignorando las voces. Las oía, pero llegó un momento en que ya no les hacía caso, hacía con empeño otras cosas. Me harté del pensamiento irracional y lo combatí con fuertes dosis de pensamiento racional: hacía cálculos, operaciones, etcétera. Decidí rechazarlas: “Ya podéis hablar, ya, que yo voy a lo mío”. La consecuencia de ignorarlas como si fueran un sueño fue que al final desaparecieron.
Usted dijo que “la cordura es una forma de conformidad”. ¿Lo sigue creyendo?Sí, lo es. Cordura tiene que ver con ser normal, es decir, ser como los demás. Si cordura es normalidad, locura significa anormalidad, los libros de psicología señalan eso. Y normalidad y conformidad son conceptos extraordinariamente cercanos. La conducta normal es una conducta conformista. Yo he vuelto al pensamiento racional científico, afortunadamente, pero ello no es una fuente de alegría similar a la del ciego que recupera la vista porque también me doy cuenta de que el modo en que nosotros razonamos ahora impone unas limitaciones notables en cuanto a la conexión de uno mismo con el cosmos.
Las personas que hacen grandes cosas ¿no son nunca normales?Existen diferentes grados de anormalidad. No podemos considerar meramente la anormalidad como un síntoma de excelencia. Yo, por ejemplo, si no me hubiera salido tanto de la norma, a lo mejor no habría enfermado, pero también es cierto que existe una conexión clara entre la anormalidad y el pensamiento creativo. No habría sido tan buen científico sin ello. Uno puede tener una vida exitosa y ser absolutamente normal, mediocre. No fue el caso de Van Gogh, ¿verdad?
¿Qué consejo daría a los jóvenes estudiantes?Que encuentren la felicidad en realizar la actividad académica en sí, que esta no dependa de los resultados, a menudo tan pendientes del azar y de elementos que escapan al control de una persona. En mi caso, uno de los descubrimientos que me hicieron ganar el Nobel no me sirvió en su día ni para obtener una plaza de profesor. Y les diría que se arriesguen, porque en la ciencia sucede igual que en los negocios: si te la juegas y ganas, el beneficio es espectacular; el descubrimiento, mayúsculo. Por esa razón, no deben temer al fracaso, no es algo negativo, es un paso más hacia la solución del problema, no deben desanimarse ante un fracaso. Que piensen que tener éxito haciendo lo que hace todo el mundo resulta, al final, un no éxito. No se trata de hacer mejor lo mismo que otros ya hacen, no, se trata de hacer otra cosa. Nadie es el mejor sin arriesgar. Y lo importante no es ir a clase, ni los exámenes, sino trabajar y pensar por sí mismos. Que extraigan el conocimiento directamente de la observación del mundo, no de lo que dicen otros. Aprender cosas de segunda mano ahoga la creatividad y la originalidad.
¿Qué impacto tuvo el Nobel en su vida?Enorme. Ya no trabajaba, en aquella época, y volví a cotizar a la seguridad social.
Stephen Hawking afirmaba no hace mucho en este Magazine que cree en la vida extraterrestre. Usted, que pasó años oyendo y viendo cómo le enviaban mensajes, ¿qué piensa ahora de ello? ¿Existen?Para saberlo, tendríamos que salir a explorar mucho más lejos de lo que hemos llegado hasta ahora, darnos unos paseos por lugares del espacio a los que jamás hemos llegado. No hay nada claro al respecto. Todo son profecías, elucubraciones, pero nos falta el trabajo de campo. Sin trabajo de campo, no hay conocimiento científico. En los últimos 40 años, nos hemos limitado a pisar una vez la Luna, eso es un triste balance. Yo creo que sí debe de haber elementos de vida en algún lugar del espacio, pero de lo que no estoy tan seguro es de que se trate de vida inteligente. Decirle que sí o negárselo no serían afirmaciones racionales. Es un tema de probabilidad: según las matemáticas, no es imposible que si usted sienta infinitos monos ante una máquina de escribir un día uno no le escriba Hamlet.

Entrevista tomada de Magazine, Texto de Xavi Ayén, John Forbes, 13/09/2009.