El pintor es Norman Rockwell, conocido por muchos como ilustrador, pero sus obras merecen un rincón especial en el mundo del arte, aunque sus temas son puramente reflejos de la cultura Romántica Americana, muchas de sus obras son universales. Siempre fue descalificado por los críticos por sus pinturas muy dulces y románticas, pero sus últimas obras comenzaron a ganar notoriedad por su carácter realista. Hoy tocaremos una de ellas, la pintura se llama “el problema con que todos vivimos”, fue hecha en un momento de cambio por las protestas en contra de la segregación racial y el derecho al voto de los negros. Rockwell plasma en esta pintura un episodio de este momento tan enigmático para la cultura americana, la pintura representa a la joven Ruby Bridges, la primera niña negra que asistió a una escuela sureña donde solo permitían niños blancos, en la pintura se puede ver la escolta que cuidaba de la niña, entrando a la escuela, en declaraciones posteriores la niña creí que era el carnaval de Madi Grass, ya que ella vivía en New Orleans, y durante el carnaval era normal ver a la gente “gritar y tirar muchas cosas”, uno de los escoltas alabo a la niña por demostrar mucho coraje y no llorar en ningún momento. Una pintura controversial en su momento, se puede ver en la pared grafitis con sobrenombres racistas y manchas de objetos lanzados por los sureños tradicionalista que no estaban de acuerdo con una integración en las escuelas.
domingo, 19 de julio de 2009
Normal Rockwell y la Integracion.
El pintor es Norman Rockwell, conocido por muchos como ilustrador, pero sus obras merecen un rincón especial en el mundo del arte, aunque sus temas son puramente reflejos de la cultura Romántica Americana, muchas de sus obras son universales. Siempre fue descalificado por los críticos por sus pinturas muy dulces y románticas, pero sus últimas obras comenzaron a ganar notoriedad por su carácter realista. Hoy tocaremos una de ellas, la pintura se llama “el problema con que todos vivimos”, fue hecha en un momento de cambio por las protestas en contra de la segregación racial y el derecho al voto de los negros. Rockwell plasma en esta pintura un episodio de este momento tan enigmático para la cultura americana, la pintura representa a la joven Ruby Bridges, la primera niña negra que asistió a una escuela sureña donde solo permitían niños blancos, en la pintura se puede ver la escolta que cuidaba de la niña, entrando a la escuela, en declaraciones posteriores la niña creí que era el carnaval de Madi Grass, ya que ella vivía en New Orleans, y durante el carnaval era normal ver a la gente “gritar y tirar muchas cosas”, uno de los escoltas alabo a la niña por demostrar mucho coraje y no llorar en ningún momento. Una pintura controversial en su momento, se puede ver en la pared grafitis con sobrenombres racistas y manchas de objetos lanzados por los sureños tradicionalista que no estaban de acuerdo con una integración en las escuelas.
lunes, 13 de julio de 2009
Una guerra Incivil.
El libro está muy bien equilibrado sobre su trato a los bandos en conflictos, sus abusos, desordenes, contradicciones, tramas políticas, pecados y victorias son muy bien abordados y explicados, basándose en los testimonios personales,memorias, reportajes y gran cantidad de libros, se apoya en una la gran cantidad de notas, que no se convierten en tequiosas, son una extensión del libro que ayudan atender mejor los testimonios que ha recopilado el autor. Me parecio muy interesante el trato de los voluntarios internacionales y sus historias
La batalla de Madrid es parte de una trilogía sobre la guerra civil española, los otros dos libros son La Caída de Cataluña y la Batalla del Ebro. Jorge M Reverte acaba de sacar al mercado “El arte de Matar”, editado por RBA.
miércoles, 8 de julio de 2009
Review de Robert Capa: Photographs
GERVASIO SÁNCHEZ 27/06/2009
Prefiero a André Friedmann, su nombre verdadero, que a Robert Capa. A la persona que al personaje. Al fotógrafo compasivo que al mito.
Prefiero su sensibilidad y ternura que su leyenda de la que se sentía rehén. Lo considero inmortal no por los riesgos que asumió en sus múltiples aventuras sino por su capacidad de dignificar a las víctimas de las guerras.
Sus mejores fotografías las hizo en la retaguardia. Allí fue donde documentó el miedo, la resignación y la desolación de los refugiados o los sobrevivientes de los bombardeos.
Intuyó desde el principio de su carrera que una gran fotografía debe documentar y emocionar y que se obtienen imágenes poco impresionantes en las situaciones más arriesgadas.
Muchos fotógrafos han querido emular a Robert Capa, un nombre inventado que utilizó con su amante Gerda Taro para multiplicar por tres el valor económico de sus fotografías durante los primeros meses de la Guerra Civil española, donde llegó con 22 años. En diciembre de 1938 la revista Picture Post presentó su trabajo como "las fotos de acción en la primera línea del frente jamás realizadas con anterioridad".
Pero lo sorprendente es que apenas hizo imágenes de combates. Desde enero de 1939 hasta 1943 no visitó un solo campo de batalla y se dedicó a regularizar su situación en Estados Unidos. Entre 1948 y 1954, año de su muerte, dedicó todo su esfuerzo a sacar a Magnum de los números rojos, muy alejado de los primeros conflictos de la guerra fría.
Es cierto que participó en el desembarco de Normandía, la liberación de París y Berlín y en las duras batallas del sur de Italia, la guerra entre árabes e israelíes en 1948 donde estuvo a punto de morir. Pero objetivamente pasó menos tiempo en la guerra que cualquier fotógrafo actual acostumbrado a trabajar en zonas de conflicto o algunos de los que trabajaron y murieron en la guerra de Vietnam. Miren si no los libros de James Natchwey, Gilles Peress, Don McCullin, Philip Jones Griffiths, Larry Burrows, Henri Huet, Yergueni Jaldei.
Es evidente que algo de su interior murió para siempre cuando Gerda Taro, la mujer que más quiso en su vida, fue atropellada mortalmente por un carro de combate en Brunete en 1937.
Alguna vez sintió que estaba "esperando los muertos" y es muy posible que alguien se lo recordase, pero casi nunca se aprovechó de su posición privilegiada para fotografiar de forma indecorosa las trágicas consecuencias de los combates.
En Ligeramente desenfocado (La Fábrica) recuerda el comentario que un piloto herido le hizo cuando le enfocó con su cámara: "¿Son éstas las imágenes que estás buscando, fotógrafo?". Y Capa se golpeó sin piedad: "En el tren de vuelta, con aquellos rollos de película bien aprovechados en mi bolsa, sentí odio hacia mí mismo y hacia mi profesión. Ese tipo de fotografías era apto sólo para sepultureros, y yo no quería ser uno. Si tenía que participar en un funeral, juré que lo haría desde el cortejo".
Nunca fue un carroñero y apenas enfocó su cámara sobre cadáveres. Richard Whelan, autor de su mejor biografía, ha escrito que "muchas de sus imágenes no son tanto crónicas de sucesos como estudios extraordinariamente comprensivos y compasivos de seres humanos en situaciones extremas".
Me gusta la persona (huyendo del mito) que enseñó a sus alumnos que la guerra no es emocionante ni una aventura sino peligrosa y poco fotogénica. En Ligeramente desenfocado recuerda de forma insistente que la guerra es aburrida y se queja de que sus fotos "son huecas y tristes" y no reflejan "la tensión y el drama de la batalla".
Richard Whelan explica una anécdota que muestra su forma de actuar. Cuando Ernst Haas, uno de los más jóvenes fotógrafos de la agencia Magnum, se ofreció para ir a la guerra de Corea, Capa se opuso y lo envió a realizar un reportaje a Grecia. Cuando el fotógrafo le pidió una explicación meses después, Capa le espetó: "Cuando uno está entusiasmado por ir a la guerra, es muy fácil que lo maten".
Su vida fue un derroche de apasionante vida social. Fue capaz de extasiar a las audiencias más exigentes y amó a mujeres muy bellas como la inolvidable Ingrid Bergman. Pero muchas veces huyó del mundanal ruido y se refugió en la soledad.
El escritor Irwin Shaw realizó en otoño de 1947 un magistral retrato del fotógrafo: "Solo por las mañanas, cuando se levanta tambaleante de la cama, Capa deja ver las huellas que la tragedia y el dolor han dejado en él. Su pálido rostro y sus ojos sin brillo reflejan la angustia de siniestras pesadillas nocturnas; he aquí el hombre cuya cámara ha escudriñado tanta muerte y tanta maldad, he aquí un hombre sin esperanza, dolorido, apesadumbrado, sin estilo ni elegancia".
El documento gráfico que desnuda la guerra y la hace consumible a miles de kilómetros apenas ha evolucionado desde que Robert Capa y una brillante generación de apátridas mostraron sin tapujos la cara oculta de los campos de batalla de España y Europa en los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Aquellos grandes reportajes, hoy desaparecidos de las revistas y los diarios, sujetaban al sillón cada semana a millones de lectores y consumidores.
Si el húngaro Capa viviese en esta época tan poco amable con millones de seres humanos, su biografía bélica estaría repleta de coberturas en los conflictos balcánicos o latinoamericanos, las guerras afgana e iraquí o las africanas más olvidadas. O quizá hubiese abandonado su profesión para siempre cansado del utilitarismo de su trabajo o de su inutilidad.
En Images of War, Friedmann (o su mito Capa) recordó su encuentro con una niña tumbada sobre unos sacos en Barcelona en enero de 1939 en plena debacle republicana que le permitió conseguir una de sus mejores fotografías: "Es una monada pero debe estar muy cansada porque no juega con los otros niños. Casi no se mueve; sólo sigue todos mis movimientos con sus grandes ojos negros. No siempre es fácil mantenerte al margen y no ser capaz de hacer nada aparte de documentar el sufrimiento que te rodea".
lunes, 6 de julio de 2009
Fallece McNamara
Les dejos el obituario del periódico El Pais.
El ex secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert S. McNamara, ha muerto a primera hora de la mañana de hoy a los 93 años mientras dormía en su casa de Washington, según ha informado su esposa. McNamara fue el arquitecto de la guerra de Vietnam y sirvió al frente del Pentágono durante las presidencias de John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson. La salud de McNamara se había resentido notablemente después de sufrir una caída en la cual se fracturó una vértebra el año pasado.
Junto con Jonhson, McNamara se convirtió para los críticos antibélicos en el símbolo de una política fracasada que dejó como consecuencia más de 58.000 soldados estadounidenses muertos y al país sumergido en un desastre que parecía no tener fin en el sureste asiático.
McNamara pasó el resto de su vida tratando de explicar el papel de EE UU en Vietnam y pidiendo disculpas por sus errores, lo que le convirtió en el protagonista del documental ganador del Oscar, The fog of war (Rumores de Guerra). En el filme, el funcionario discutía cómo se tomó la decisión de entrar en el conflicto de Vietnam así como su papel en el Pentágono durante la crisis de los misiles de Cuba.
McNamara fue nombrado secretario de Defensa por Kennedy en 1961 y se mantuvo en el cargo durante más tiempo que sus predecesores e incluso sus sucesores. Con sus habilidades organizativas, trató de modernizar el Pentágono durante la Guerra Fría.
El funcionario, convencido de que la guerra habría terminado en Navidad de 1965, se lanzó de lleno a ejecutar las políticas de Johnson, sin calcular la resistencia a la intervención estadounidense tanto en Vietnam como dentro de EE UU.
A finales de 1967, criticó la decisión de bombardear el norte de Vietnam en represalia a los ataques a bases estadounidenses en el sur. Por ello, Johnson decidió apartarlo del cargo el año siguiente, ofreciéndole la presidencia del Banco Mundial. Allí McNamara encabezó una cruzada contra la pobreza y dirigió la expansión de la influencia de ese organismo multilateral. Cuando asumió la presidencia del BM en 1968, el banco sólo prestaba 1.000 millones de dólares anuales a los países del Tercer Mundo. Para el año fiscal que terminó el 30 de junio de 1981, su último día en el cargo, prestaba 11.500 millones.
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Tim Weiner(autor de Legado de Cenizas, una historia de la CIA), escribió un muy completo obituario para el New York Times que les recomiendo que lo lea, es un poco largo pero explica muy bien las sombras y luces de este personaje del siglo XX.
Robert S. McNamara, Architect of a Futile War, Dies at 93
sábado, 4 de julio de 2009
Feliz 4 de Julio
Por último un dato curiosos que no me había percatado hasta que leí el libro de McCullough y v lo vi en la serie de HBO, John Adams murió curiosamente el mismo día que su gran rival político Thomas Jefferson, aunque después fueron amigos. Lo interesante es que ambos murieron el 4 de julio de 1826, en plena celebración del 50 aniversario de la Declaración de Independencia. Fueron los dos últimos supervivientes de los presentes en la Declaración de Independencia. Y en su lecho de muerte, las últimas palabras de Adams fueron: "Thomas Jefferson está vivo";(cuando en realidad éste había muerto cuatro horas antes).
jueves, 2 de julio de 2009
La muerte y el azar de Guillermo Altares.
Esa época de dioses, héroes y batallas llamada el siglo XX ha generado muchos mitos. Uno de los más poderosos ha sido el del corresponsal de guerra, que encarna el encanto del miedo, del peligro, del azar, del riesgo, de estar en el lugar adecuado en el momento equivocado, tiene toda la carga de la leyenda, la fascinación de alguien que ha contemplado la historia mientras estallaba a tiros y cañonazos. Y Robert Capa simboliza, quizás más que nadie, esa figura. Fue el fotógrafo desencantado de los dos últimos conflictos justos, la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial, un jugador compulsivo, un golfo cautivador capaz de ligarse a Ingrid Bergman, pero también fue un hombre tocado por el horror, con el corazón roto después de que un tanque matase demasiado pronto, durante la batalla de Brunete, en 1937, al amor de su vida, Gerda Taro, cuando estaba a punto de cumplir 27 años."André y Gerta", porque Robert Capa se llamaba André Friedmann y Gerda Taro, Gerta Pohorylle, "eran jóvenes y bellos, eran la personificación de la independencia", escribió François Maspero en su biografía de ella, L'ombre d'une photographe. "Les gustaba jugar, incluso jugar con sus propias vidas. Seducían con naturalidad a todos aquellos con los que se cruzaban y se parecían mucho el uno al otro en numerosos aspectos. Creo que cualquier persona que lea la biografía de André lamentará en algún momento no haber sido Robert Capa. Y muchas mujeres, después de contemplar la vida de Gerta, lamentarán, aunque sea durante unos breves instantes, no haber sido Gerda". Una sola frase, la dedicatoria del primer libro que publicó Capa, con fotos de la Guerra Civil, Death in the making, resume la pasión, el drama de una pareja que simboliza la herida del siglo: "A Gerda Taro, que pasó un año en el frente de España y se quedó".
Como todas las leyendas, como las grandes historias, sus figuras vuelven una y otra vez. Son los protagonistas de la novela con la que la escritora Susana Fortes acaba de ganar el Premio Fernando Lara, Esperando a Robert Capa (Planeta), mientras que La Fábrica ha publicado por primera vez en castellano las memorias de Capa, Ligeramente desenfocado, un libro delicioso, en el que el fotógrafo despliega su encanto personal al relatar los años de la II Guerra Mundial. Además, el Museo Nacional de Arte de Cataluña está a punto de inaugurar dos exposiciones sobre Capa y Taro, que contarán con una pequeña muestra de imágenes de la llamada Maleta mexicana, un conjunto de 4.300 fotos inéditas de la pareja y de David Seymour, Chim, que aparecieron a principios de este año. Aunque seguramente hasta 2010 no podrán verse en una gran exposición en Nueva York, bastantes fotos y la fascinante historia de los negativos están disponibles en la página web del Internacional Center of Photography .
"Fueron una pareja muy atractiva y muy poco convencional", relata Susana Fortes, quien no acaba de explicarse cómo nadie antes había escrito una novela sobre ellos porque "las buenas historias casi nunca se inventan". "Son dos personajes que se encuentran, comprometidos, entre los que surge una química brutal y protagonizan una historia de amor muy complicada, una relación que nace en el París de los años treinta, de los poetas y los pintores, pero que toma carne durante la Guerra Civil. También representan el duelo entre dos grandes fotógrafos", prosigue Fortes, que en Esperando a Robert Capa narra, a través de una minuciosa documentación, desd
e que se conocieron en París hasta la muerte de ella en la batalla de Brunete, en los alrededores de Madrid, el 26 de julio de 1937. Unos meses antes, como recuerda Fortes en su novela, esta mujer, bella y menuda, había escrito: "Tengo 25 años y sé que esta guerra es el fin de una parte de mi vida, el fin tal vez de mi juventud. A veces me parece que con ella terminará también la juventud del mundo. La guerra de España nos ha hecho algo a todos. Ya no somos los mismos: el tiempo en el que vivimos está tan lleno de cambios que es difícil reconocerse en cómo éramos todos nosotros hace apenas dos años. No me puedo ni imaginar lo que queda por venir".
Lo que estaba a punto de llegar era la II Guerra Mundial. "No hay duda de que Capa fue el mejor fotógrafo de aquel conflicto", señala el historiador Anthony Beevor, que tras los éxitos de Stalingrado y La batalla de Berlín acaba de publicar su narración del Día D. "Las pocas fotos que sobrevivieron del desembarco en Omaha Beach dan una idea perfecta de la confusión y el horror de aquel día. ¡Qué tragedia que el resto se destruyesen en el cuarto de revelado!". Uno de los biógrafos de Capa, Alex Kershaw, recoge en Sangre y champán. La vida y época de Robert Capa una cita del fotógrafo que resume su actitud frente al horror: "La guerra es como una actriz que va envejeciendo. Es cada vez menos fotogénica y cada vez más peligrosa".
"No hay ningún fotógrafo que haya reflejado la II Guerra Mundial mejor que Capa", explica el historiador y periodista estadounidense Rick Atkinson, ganador del Pulitzer en 2003 por Un ejército al amanecer, un relato de este conflicto en África, y que publicó en 2008 el segundo volumen, sobre la conquista de Italia por los aliados, El día de la batalla, dos frentes en los que estuvo Capa. "Estudié sus fotos a fondo durante mi investigación y hay algo realmente profundo en ellas, algo que te transporta al mismo momento en el que fueron tomadas", prosigue Atkinson, quien cree que tanto Capa como Ernie Pyle, el gran reportero de aquel conflicto, con el que compartió muchas trincheras, "fueron siempre muy poco sentimentales hacia la guerra porque eran conscientes del inmenso precio que había que pagar".
Las memorias de Robert Capa son un libro muy bien escrito, en el que relata sus aventuras durante la II Guerra Mundial con todo su encanto, pero también con un cierto cinismo y desde luego sin ocultar el enorme precio de sufrimiento y horror del que habla Atkinson. Pasa de puntillas por la Guerra Civil española, porque la muerte de Taro le dejó una herida que nunca se cerraría; pero recorre los frentes de aquel conflicto, desde el Londres de los bombardeos hasta el desembarco de Normandía, la liberación de París y el avance hacia Berlín de los aliados. Las primeras páginas marcan muy bien el tono: "Yo no tenía motivo alguno por el que levantarme cada mañana", es la frase con la que arranca para describir a continuación su triste existencia de exiliado apátrida en un sórdido ático del Village de Nueva York. Sin embargo, en un mismo día le llegan tres cartas. Una factura de la luz, otra del Departamento de Justicia en el que, como ex ciudadano húngaro, pasa a ser considerado un enemigo extranjero y debe entregar sus cámaras, y una tercera en la que Colliers le ofrece una plaza en un barco hacia Inglaterra y 1.500 dólares para cubrir el conflicto. Decidió echarlo a suertes y tirar una moneda al aire: si salía cruz, iría al Departamento de Justicia, si salía cara, aceptaría la oferta para ir a Inglaterra. Salió cruz, pero... "Entonces me di cuenta de que en una moneda de cinco centavos no había ningún futuro y tomé la decisión de guardar (y cobrar) el cheque y apañármelas de algún modo para llegar a Inglaterra", escribe. "Yo soy un jugador y decidí acompañar a la Compañía E en la primera oleada", diría mucho más tarde, en la víspera del Día D. Su relación con la suerte fue siempre así, desde sus primeros combates.
El articulo completo en
ROBERT CAPA La muerte y el azar de GUILLERMO ALTARES
Temas de los Carteles de Propaganda China
Pero la imagen que realmente, era la más difundida, seria la del campesino como un modelo a seguir, sus poses con una actitud positiva, luchadora y determinista, seria las más famosas dentro de la población. Los hombres y mujeres son ilustrados con una gran sonrisa, saludables, ojos bien abiertos y bien nutridos, siempre aconsejando a seguir la filosofía del gran Mao.
Hay carteles magníficos donde la postura de batalla de los hombres o mujeres es impactante, y son de mis carteles favoritos pero por lo general se expresaba el deseo universal de los ciudadanos comunes de una mejor vida. Con la revolución cultural de 1966, se fue cambiando la imagen de un mundo mejor por la de una gran batalla internacional contra el Imperialismo y los ideales capitalistas de Occidente. Ahora mas imágenes comenzaron a expresar enojos, molestias, e inclusive odio, ni siquiera no los niños se salvaron de este cambio.
Aplastemos a la Banda de los cuatro, cartel difamatorio al estilo "celebración del Nuevo año" (nianhua 年画), este estilo se caracteriza por retratar niños gorditos y muy sanos, en una postura de celebración.
Una feliz sonrisa. 1964
Persiste en tus estudios mientras cultivas y cultivaras una nueva generación que posea las habilidades intelectuales y militares. 1965
Queremos ser los sucesores de la revolución, 1965
Los carteles fueron tomados de los siguientes paginas webs,
El fantastico http://chineseposters.net/, se pueden leer articulos sobre cada tema.
Y Maopost.com, tambien muy completo pero un poco mas general, se pueden comprar reproducciones